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  • M. Sc. Augusto de Jesús Martínez Zorrilla Centro Nacional de Áreas Protegidas de Cuba augusto@snap.cu
 
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EL CAMBIO CLIMATICO Y LAS AREAS PROTEGIDAS EN CUBA. ALTERNATIVAS A UNA PROBLEMATICA

INTRODUCCIÓN

Si bien es cierto que el siglo XXI es la era del conocimiento y la tecnología, y que los países que logren desarrollar estos elementos serán los de mayor crecimiento, también es cierto que la base de recursos naturales y biodiversidad siguen siendo el “capital natural” de la humanidad y uno de los pilares del desarrollo sostenible (García, 2008).

El cambio climático es causado principalmente por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Estos constituyen cerca del 80% de la contaminación que causa el calentamiento global. Los niveles atmosféricos de dióxido de carbono están ahora más altos que en ningún otro momento en los últimos 420 mil años.

Los ecosistemas y las especies cambiarán como consecuencia del cambio climático, lo cual hará necesario crear nuevas áreas protegidas y establecer nuevas estrategias de gestión en las áreas existentes. El cambio climático está amenazando el servicio de provisión de agua que entrega el ecosistema y el nivel del mar asciende. El cambio climático agrava los problemas de las especies y otras foráneas invasoras ocupan nuevos espacios al desplazarse las autóctonas.

Los fenómenos cíclicos naturales a escala mundial y su sinergias con otras acciones antrópicas ha dado lugar a el cambio climático, planteando un desafío nuevo y sin precedentes para las áreas protegidas. A fin de afrontar estos cambios, es necesario disponer de nuevos recursos para las áreas protegidas, que permitan alcanzar el objetivo de conservar la biodiversidad y los servicios ambientales que prestan los ecosistemas.

LAS ÁREAS PROTEGIDAS Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

La mayor parte del impacto del cambio climático en la biodiversidad se produce en los países tropicales, mientras que las principales fuentes mundiales de gases de efecto invernadero se encuentran en los países industrializados. Las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que provocan el cambio climático acelerado y contribuyen a la extinción de especies, representan una “interferencia peligrosa en el sistema climático”. Según investigaciones recientes, el cambio climático, asociado con altos niveles de dióxido de carbono, cuyo volumen se ha duplicado desde el comienzo de la industrialización, pueden provocar la extinción un número significativo de plantas y animales.

Los ecosistemas tienen una capacidad inherente de resistir los cambios en el clima y en el paisaje. A esta capacidad se le llamada resiliencia ecológica. Cuando esta capacidad es excedida, el ecosistema puede cambiar en formas que pueden ser socialmente y ecológicamente inaceptables (Ovando, 2008).

En el V Congreso Mundial de Parques, realizado en Durban, Sudáfrica en el 2003, especialistas de todo el mundo advirtieron que el cambio climático está dañando los espacios naturales protegidos y otros hábitats valiosos en todo el mundo. Estos rápidos cambios están dando como resultado la pérdida de especies raras o amenazadas (Ovando, 2008). En las áreas protegidas de todo el mundo, desde el ártico a la antártica, pasando por todos los continentes, se han identificado afectaciones a los ecosistemas, atribuyendo al cambio climático como el responsable de estos impactos.

Actualmente los sistemas de áreas silvestres protegidas ayudan tanto a mitigar los efectos del cambio climático, como a los procesos de adaptación al mismo. Las áreas protegidas almacenan el 15 % del carbono terrestre y brindan servicios ambientales para la reducción de los desastres, la provisión de agua y alimentos y la salud pública, todos los cuales facilitan la adaptación comunitaria.

Las instituciones responsables de administrar las áreas naturales podrían enfrentarse en el futuro a la labor de tener que adaptar sus espacios protegidos para seguir el ritmo de hábitats y ecosistemas en movimiento (Ovando, 2008). En el Congreso de Durbán el Dr. Claude Martín, Director General de WWF Internacional, dijo: “El cambio climático se ha revelado como una de las principales amenazas para los espacios protegidos y se deben tomar medidas para la urgente reducción de las emisiones de dióxido de carbono si quieren evitarse daños irreversibles en los espacios protegidos del mundo”.

Las estrategias de mitigación pueden reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y las estrategias de adaptación pueden aumentar la resiliencia ecológica al cambio climático (Ovando, 2008). Las estrategias de mitigación son acciones que prevén, reducen o desaceleran los cambios del clima al almacenar y capturar el dióxido de carbono. Con la reforestación de las áreas se captura dióxido de carbono y se crea un paisaje forestal más compacto que evita las afectaciones que puedan surgir por fenómenos atmosférico. También permite almacenar y prevenir la perdida del carbono ya presente en la vegetación y los suelos, así como reducir los efectos devastadores y ser así más resistentes al cambio.

Las estrategias de adaptación son acciones que contrarrestan las consecuencias adversas del cambio climático (Ovando, 2008), para mantener la integridad del ecosistema y proteger el clima local. También permiten reducir los efectos e impactos de eventos extremos, como tormentas, sequías, aumento del nivel del mar y perdida y salinización de los suelos. Entre estas acciones pueden encontrarse la creación de nuevas áreas y expansión de otras, crear barreras vivas con manglares en las zonas costeras, así como crear condiciones para evitar mayores desastres en las zonas costeras, cauces de ríos y lagunas. También existen otras acciones de adaptación que son la de “abastecer”, donde se intenta mantener los servicios ecosistémicos fundamentales que ayudan a las personas a adaptarse a los cambios relacionados con suministro de agua, pesquerías, salud y productividad agropecuaria originados por el cambio climático.

La capacidad de los administradores de las áreas protegidas de crear y llevar a cabo políticas y decisiones de manejo mejor informadas relacionadas al cambio climático puede ser mejorada por medio de un aumento en el acceso a la información y el entendimiento de las causas y las consecuencias del cambio climático. Estas capacidades también pueden ser mejoradas proporcionando a los administradores de las herramientas que les permitirán identificar y comparar las estrategias de mitigación y adaptación (Ovando, 2008).

La Adaptación Basada en los Ecosistemas (EbA) identifica e implementa una gama de estrategias para el manejo, conservación y restauración de los ecosistemas para asegurar que éstos continúen prestando los servicios que permiten a las personas adaptarse a los impactos del cambio climático. La adaptación basada en los ecosistemas tiene como meta aumentar la resistencia y reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas y las personas ante el cambio climático (UICN, 2009).

Entre los ejemplos de adaptación basada en los ecosistemas están los siguientes (UICN. 2009):

  • Manejo de ecosistemas costeros para reducir inundaciones durante marejadas. Los manglares, ciénagas salinas y otros tipos de vegetación costera proporcionan una infraestructura natural que reduce tierra adentro los impactos derivados de la energía del oleaje, actúa como una barrera para detritos y reduce la erosión costera.
  • Manejo de tierras agrícolas con la utilización de conocimientos locales sobre cultivos específicos y variedades de ganado, aplicación de enfoques de manejo integrado de recursos hídricos, y conservación del mosaico de paisajes agrícolas para asegurar el abastecimiento de Malimentos en condiciones climáticas locales cambiantes y erráticas.
  • Manejo de tierras altas y cuencas para asegurar que el almacenamiento de agua y los servicios de regulación de inundaciones sean maximizados a través del mantenimiento y mejoramiento de los humedales y de las cuencas de ríos y su vegetación.
  • Mantener y mejorar la resistencia de los ecosistemas a nivel de paisajes, mediante sistemas eficientes de áreas protegidas y mejoras en el manejo sostenible de paisajes terrestres y marinos.

LOS ECOSISTEMAS COSTEROS E INSULARES Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Según el IPCC (1992), los sistemas costeros son económica y ecológicamente importantes y se espera que su respuesta a los cambios del clima, el incremento de los flujos de dióxido de carbono desde la atmósfera hacia el mar y el aumento del nivel del mar varíe ampliamente. Algunos ecosistemas costeros son particularmente vulnerables, como marismas de agua salada, ecosistemas de manglares, pastos marinos, zonas húmedas costeras, playas de arena, arrecifes de coral, atolones de coral, y deltas de ríos. Los cambios en esos ecosistemas tendrían importantes efectos negativos para el turismo, el abastecimiento de agua dulce, las pesquerías y la biodiversidad.

Los ecosistemas costeros e insulares son altamente susceptibles de ser afectados por el cambio climático, al estar constituidos por pequeñas islas, en algunos casos tan pequeñas que no rebasan los 300 km2 y los 6 metros sobre el nivel del mar. Algunas de ellas a pesar de su pequeño tamaño son países. Otras son un poco mayores, como Cuba que es el mayor archipiélago del Caribe insular (110 900 Km2) con un ancho que fluctúa entre los 30 y 200 Km, siempre con una alta influencia marítima.

Para los Pequeños Estados Insulares del Caribe, la vulnerabilidad se ve acentuada por su particular condición, lo que convierte al cambio climático en un reto de particular magnitud para estos países. Aproximadamente el 43% de las áreas protegidas del Caribe Insular poseen hábitats costeros – marinos o simplemente marinos.

Los estudios de vulnerabilidad indican que el incremento de medio metro en el nivel del mar inundaría más del 50% de las playas en el Caribe entre los próximos 50 a 100 años. Esto causará una erosión severa, la cual podría producir tormentas con olas más altas, aumentar el potencial de inundación en las comunidades costeras e incrementar la intrusión salina en acuíferos de agua dulce. Esta situación también incrementaría la salinidad de campos agrícolas aledaños a las zonas costeras. Mientras que las defensas costeras son una opción de adaptación, las comunidades podrían verse forzadas a retirarse tierra adentro, aumentando la tensión en tierras ya limitadas, cambiando el uso del suelo, creando tensiones adicionales en la fauna y la flora nativas y afectando la biodiversidad y en sentido general a las áreas protegidas.

Si el mar se mantiene caliente por largos periodos, el coral eventualmente muere. Esto afectaría el hábitat natural de las zonas pesqueras de la región y podría dar lugar a la emigración de algunas especies y a la introducción de otras nuevas. De hecho, durante la década del 90 y del 2003 en adelante la región caribeña ha experimentado varios episodios de blanqueamiento de coral importantes que han afectado a las áreas protegidas marinas.

Entre los principales problemas del cambio climático en las zonas costeras de las áreas protegidas se relacionan con los cambios en la frecuencia o intensidad de los huracanes y otros fenómenos meteorológicos severos. Así mismo, el incremento del nivel medio del mar producirá inundaciones y la salinización de los suelos.

LAS ÁREAS PROTEGIDAS DE CUBA Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Los factores del cambio climático, sobre todo aquellos relacionados con el aumento de temperatura y las variaciones en el régimen de precipitación, están afectando con mayor aceleración a las áreas protegidas de Cuba. El incremento de los costos ecológicos y socioeconómicos en el manejo de las áreas protegidas, como consecuencia de los daños ocasionados por fenómenos meteorológicos severos y variaciones regionales del clima en la última década, indica que Cuba es cada vez más vulnerable al cambio climático, lo que requiere de acciones estratégicas para responder a estos retos.

Como es de esperar y como se observa en estos momentos, las afectaciones por el cambio climático ya son palpables en el país, que por ser una isla alargada y estrecha, rodeada de cayos con abundantes arrecifes de coral. Las áreas protegidas, conservadoras del patrimonio natural, ya están siendo impactadas. La UICN y la Comisión Mundial de Áreas Protegidas, desde la celebración del V Congreso Mundial de Parques en el 2003, recomendaron las siguientes medidas frente al efecto del cambio climático sobre las áreas protegidas (WCPA, 2003):

  • Reconocer por parte de los gobiernos y los ciudadanos, la amenaza que el cambio climático y otros cambios mundiales suponen para las áreas naturales protegidas.
  • Limitar el cambio climático estabilizando las concentraciones de gases de efecto invernadero. Los gobiernos deben estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evite que las especies se vean amenazadas o se extingan debido al cambio climático, aplicando a tal efecto políticas que permitan reducir dichas emisiones a nivel nacional y mundial.
  • Establecer nuevas estrategias de conservación que abarquen, entre otros elementos, la creación de nuevas áreas protegidas concebidas específicamente para resistir al cambio, y crear corredores para proteger a la biodiversidad de los efectos del cambio climático.
  • Reducir el consumo de combustibles derivados del carbón. Los responsables de áreas naturales protegidas deben dar el ejemplo instalando y adaptando tecnologías basadas en energías no contaminantes.
  • Establecer una meta a corto plazo, de cinco años, para realizar estudios piloto regionales sobre la incidencia del cambio climático en el agua dulce y el medio ambiente, tanto marino como terrestre, y su impacto en las áreas protegidas, elaborando modelos de mitigación para múltiples especies.
  • El establecimiento de un programa a largo plazo, de diez años, para el estudio permanente a nivel regional del impacto del cambio climático en las áreas protegidas.

Desde hace unos pocos años el personal de las áreas protegidas está trabajando en monitorear las afectaciones que han provocado los huracanes, las sequías extremas, las penetraciones del mar, los incendios forestales, la introducción de especies invasoras y otras manifestaciones, que son parte de las afectaciones por el cambio climático. Sin embargo, estas manifestaciones se tratan sólo como elementos aislados. Cuba, con 253 áreas protegidas identificadas y 105 administradas, posee el 19,97 % de la superficie del país bajo protección (el 16,85 % de la superficie terrestre y el 24,81% de la plataforma insular cubana hasta la cota de los 200 metros bajo el nivel del mar). Las áreas protegidas se encuentran agrupadas en ocho categorías de manejo, administrándose un total de 2 935 904,57 ha, donde se ha intensificado el trabajo para la mitigación y adaptación ante los efectos del cambio climático. En la Figura 1 se aprecia la distribución de las áreas protegidas del país.

Figura 1. Distribución de las áreas protegidas de Cuba.
Figura 1. Distribución de las áreas protegidas de Cuba.
 

 

Como parte del nuevo Plan del Sistema del 2009 al 2013 y dentro del programa de cambio climático, se están realizando un conjunto de acciones que identifican las posibles afectaciones que se pueden presentar en cada una de las áreas protegidas, ya que cada una de ellas representa un polígono que puede ser similar a otro. Pero cada una de las áreas protegidas en si representa una experiencia singular.

Las áreas protegidas ya están enfrentando las afectaciones ante el cambio climático, lo que se ha detectado a través de monitoreos específicos de la flora y la fauna, y ya se siguen cursos de acción frente a afectaciones como los incendios forestales, huracanes y otros fenómenos meteorológicos severos, sequías, degradación de los suelos, entre otras.

Estrategias a seguir en las áreas protegidas

Cada una de las áreas protegidas de Cuba poseen sus propias afectaciones ante el cambio climático. Por ello no debe de haber una formula única para todas. Lo primero que se debe realizar para conocer la estrategia a seguir es analizar las posibles afectaciones que se puedan presentar ante el cambio climático. Para ello resulta indispensable lo siguiente:

  •  Conocer la posible disminución o aumento de las precipitaciones y la distribución espacial en el año, así como los cambios de la temperatura (comienzo del invierno, retraso en el comienzo del verano).
  • Fortalecer el estudio y seguimiento del comportamiento de los incendios forestales y los factores de ocurrencia.
  • Monitorear el comportamiento del nivel medio del mar.
  • Profundizar sobre los posibles movimientos geomorfológicos de las áreas protegidas y su relación con la invasión marina.
  • Promover el estudio de los biotopos marinos con énfasis en la distribución de los arrecifes coralinos y su estado, sin abandonar la salud de los pastos marinos.
  • Ampliar el conocimiento sobre el estado de los manglares, su cobertura y su grado de afectación.
  • Intensificar el monitoreo de las especies de la flora y la fauna en peligro de extinción.
  • Continuar estudiando el comportamiento de las especies migratorias, con especial énfasis en las aves.
  • Investigar el desplazamiento de las especies introducidas e invasoras en las áreas protegidas.
  • Conocer el nivel de degradación de los suelos por la sequía o penetración de la cuña salina.
  • Conocer el nivel de cobertura boscosa y sus afectaciones.
  • Ampliar el conocimiento sobre el estado actual de los humedales para evitar su desecación y evitar la perdida de metano.

Aspectos a tener en cuenta para la planificación de las áreas protegidas

  • Elaborar una estrategia de cambio climático que haga sinergia con los programas de manejo y con las acciones a seguir para la mitigación y adaptación.
  • Tener en consideración el tema cambio climático a la hora de confeccionar los planes de manejo, incorporando al mismo medidas de adaptación al cambio, en conjunto con todos los actores implicados.
  • Identificar zonas contiguas menos vulnerables al cambio, para anexarlas a las áreas protegidas con el fin de permitir el desplazamiento de especies si fuese necesario.
  • Establecer opciones para la conectividad a través de corredores biológicos.
  • Elaborar planes de protección contra desastres naturales en base a las experiencias de cada una de las áreas, para disminuir la vulnerabilidad ante fenómenos adversos del cambio.
  • Mantener un monitoreo ecológico y climático dentro de los programas de manejo.
  • Realizar la zonificación del área teniendo en cuenta el impacto al cambio climático por sectores claves y la formulación de las medidas específicas de adaptación al mismo. Incluir el tema del cambio climático en la actividad de educación ambiental.
  • Conocer y restaurar los ecosistemas de manglares para la protección de la zona costera ante las afectaciones meteorológicas y elevación de nivel del mar.

Acciones específicas en las áreas protegidas ante el cambio climático.

  • Implementar los programas de monitoreo (monitoreo de indicadores de alerta temprana ante el cambio) para detectar los primeros signos de advertencia ante un cambio evidente.
  • Implementar programas de reforestación con especies autóctonas para mitigar y adaptar las áreas protegidas al cambio climático para la protección de las montañas, franjas costeras, ríos y lagunas.
  • Elaborar convenios de colaboración con los distintos actores implicados para atenuar las consecuencias del cambio (por ejemplo incendios forestales y eventos meteorológicos extremos como los huracanes).
  • Incrementar el trabajo en materia de educación ambiental para la adaptación ante el cambio climático.
  • Implementar y hacer uso efectivo de la herramienta SIG (Sistema de Información Geográfica) para la gestión y el manejo de la información de las áreas protegidas.
  • Implementar programas que permitan la conectividad de áreas protegidas terrestres y marinas.
  • Introducir la evaluación de peligro, vulnerabilidad y riesgos ante el cambio climático en los planes de manejo.

Cinco temas claves en términos de política y gestión son necesarios para que las áreas protegidas funcionen de forma más eficaz como mecanismos de respuesta al cambio climático. (Dudley et al., 2010)

  • Áreas protegidas más amplias y numerosas. Esto es de particular importancia en los ecosistemas que almacenan o capturan mucho carbono, y que se encuentran amenazados, en particular, ciénagas interiores, manglares, pantanos costeros, praderas marinas, arrecifes coralinos y bosques tropicales.
  • Conectar áreas protegidas en el marco de los paisajes terrestres y marinos, usando la gestión de la vegetación semi-natural o natural fuera de las áreas protegidas o en aguas vinculadas a las mismas. Esto puede incluir el establecimiento de zonas de amortiguamiento, corredores biológicos y eslabones ecológicos intermedios, que son importantes para construir conectividad con el fin ampliar la resistencia ecosistémica al cambio climático a escala terrestre/marina.
  • Mejorar la gestión dentro de las áreas protegidas, a fin de garantizar que los ecosistemas y los servicios que ellas proveen se reconozcan y no se degraden o se pierdan por usos ilegales o decisiones de gestión irracional.
  • Aumentar el nivel de protección de los almacenamientos de carbono dentro de las áreas protegidas, reconociendo la protección y la gestión orientada a elementos específicos muy valiosos a nivel de almacenamiento de carbono. Por ejemplo mantener bosques primarios, evitar alteraciones de los terrenos o la desecación de las ciénagas, utilizando también la restauración en áreas protegidas donde la vegetación ha sido degradada. 
  • Orientar determinadas acciones específicamente hacia las necesidades de mitigación y adaptación, modificando planes de gestión, herramientas de selección y enfoques de gestión, según sea necesario.

CONCLUSIONES

El cambio climático es un tema que se debe enfrentar de inmediato, por lo que no se debe dejar que las afectaciones sorprendan. Es necesario considerar que toda la gestión que se hace en un área protegida puede ser vulnerable al cambio y por tanto las acciones deben modelarse a partir de la adaptación a la nueva situación. Lo que se puede hacer ahora no se puede dejar para después, ya que puede ser peligroso y demasiado tarde.

El cambio climático ya está presente y seguirá estándolo por mucho tiempo, aunque aún no existe plena conciencia a cabalidad de esta situación. Por lo tanto se debe trabajar para no vivir con la incertidumbre del futuro de las áreas protegidas

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Dudley, N., Stolton, S., Belokurov, A., Krueger, L., Lopoukhine, N., MacKinnon, K., Sandwith, T. and Sekhran, N. (Eds.). 2010. Natural Solutions: Protected areas helping people cope with climate change. IUCN-WCPA, TNC, UNDP, WCS, The World Bank and WWF. Gland, Switzerland. Washington D.C. and New York, USA. 130 p.

García-Donaire, M. 2008. El cambio climático y las áreas protegidas. Dirección de Planeamiento de la Intendencia de Áreas Naturales Protegidas, Instituto Nacional de Recursos Naturales, INRENA, Lima, Perú.

IPCC. 1992. Cambio Climático 1992: Informe de síntesis de grupos de trabajo. Ginebra, Suiza.

Ovando, N. 2008. Impactos del cambio climático en áreas protegidas y glaciares: Foco América Latina. Medio Ambiente Online. www.medioambienteonline.com/site/root/resources/analysis/6823.html

UICN. 2009. Adaptación Basada en los Ecosistemas. Posición en negociaciones de la CMNUCC sobre cambio climático. Bonn, Alemania.

WCPA. 2003. Memorias del V Congreso Mundial de Parques Nacionales. Comisión de Cambio Climático. Durban, Sudáfrica.