Autor
  • Dr. George Holmes
    Leverhulme Fellow. Sustainability Research Institute
    School of Earth and Environment
    University of Leeds, UK.
    g.holmes@leeds.ac.uk

 

 

 
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EL ECOTURISMO Y LA DISTRIBUCIÓN DE LOS BENEFICIOS Y COSTOS DE LAS ÁREAS PROTEGIDAS

INTRODUCCIÓN

El desarrollo del ecoturismo se propone frecuentemente como pago para las compensaciones en la conservación. Las ventajas económicas del ecoturismo proporcionan la renta que puede pagar los costos directos de conservar la tierra, así como los costos de oportunidad para las comunidades periféricas. Con el turismo ecológico, el modelo apunta a que cada uno es un ganador: la economía prospera, se preserva la biodiversidad, y las poblaciones locales tiene nuevas y mejores fuentes de ingresos. Las situaciones de “gana-gana-gana” se piensan que pueden generar ayuda para la conservación de las áreas protegidas. La gente local puede perder y sufrir debido a la conservación, cuando le piden sacrificar el uso de algunos recursos, pero el turismo ecológico se propone como algo que compense más que suficientemente, con la consecuencia que la gente local apoye las áreas protegidas.

Pero todas las cosas nunca son tan sencillas. La variedad de costos y beneficios de las áreas protegidas, y su distribución dentro de las comunidades locales, complica el modelo, significando que existen situaciones en que no todos ganan. El propósito de este artículo es proporcionar una descripción del estado del conocimiento de los costos y de los beneficios de las áreas protegidas para las poblaciones locales, como manera de demostrar las debilidades de la discusión que el turismo ecológico es una panacea para los costos impuestos por las áreas protegidas. En primer lugar se analizan los beneficios de las áreas protegidas y los costos involucrados, y posteriormente se discute lo que se sabe sobre la distribución relativa de los dos.

Las secciones siguientes demuestran que, por una variedad de razones, el tema de costos y beneficios de las áreas protegidas es algo descriptivo, con escasas teorías generales y recomendaciones. En primer lugar, hay una variedad enorme de costos y de beneficios asociados a las áreas protegidas, y de factores que influyen. Esta complejidad hace difícil seleccionar generalizaciones. En segundo lugar, la medición de los costos y de los beneficios de un área protegida particular para una población local es difícil, de modo que montar estudios de gran escala es extremadamente complicado y resulta más conveniente un análisis caso a caso. En tercer lugar, hasta hace poco había una carencia general de interés entre los conservacionistas en materia de costos de las áreas protegidas, para hacer frente a los problemas sociales que se causan, aunque esto ha cambiado substancialmente en los últimos años.

BENEFICIOS DE LAS ÁREAS PROTEGIDAS Y LOS COSTOS INVOLUCRADOS

Es indudable que las áreas protegidas aportan beneficios substanciales para las poblaciones locales, y las tendencias generales son bien conocidas. La creación de un área protegida puede proporcionar nuevas oportunidades económicas para la gente local, directamente trabajando para el área, o indirectamente con el surgimiento de nuevas oportunidades tales como el turismo ecológico. Las áreas protegidas pueden proporcionar beneficios no monetarios de sustento, tales como una fuente más abundante o más confiable de leña o de otros recursos esenciales. Las áreas protegidas pueden asegurar la tenencia de la tierra y mantener acceso a los recursos para las poblaciones locales, contra presiones de industrias o de gobiernos que intentarían apropiarse de ellos, particularmente en la categoría de áreas indígenas. Sustentos más seguros pueden tener beneficios subsecuentes para la salud, la educación y el bienestar en general. Las áreas protegidas pueden proporcionar servicios ecosistémicos múltiples, tales como protección de fuentes de aguas para proporcionar el abastecimiento de agua regular y para regular las inundaciones. También, aunque no es un beneficio material, pueden asegurar el acceso a valores culturales importantes, tales como los sitios sagrados. De hecho, los sitios sagrados se consideran a menudo como una forma de área protegida, aunque usualmente están fuera del sistema de UICN.

Las áreas protegidas pueden también tener impactos negativos graves. En los casos más severos, la gente local pierde el derecho sobre el territorio, aunque ellos tienen una larga historia de ocupación de la zona. En otros casos, las regulaciones del área protegida pueden restringir el sustento, hasta el punto que la gente local no tenga ninguna otra opción que alejarse a otras zonas, incluso si no la desahucian formalmente. Donde hay esquemas de remuneración para tratar estos costos negativos, éstos pueden ser escasos o inadecuados en el reemplazo de lo qué fue perdido.

El movimiento de la gente de los lugares que han ocupado por largo tiempo puede interrumpir relaciones sociales, y debilita los lazos familiares y sociales sobre los cuales mucha gente depende para su sustento. También reduce su resistencia para hacer frente a choques ambientales o económicos. Se debe precisar que la gente local está a veces a favor de la relocalización, particularmente cuando la compensan y se logran acuerdos participativos para negociar los términos de su movimiento.

Las regulaciones de las áreas protegidas, en particular sobre el uso de recursos naturales, pueden restringir seriamente actividades monetarias y no monetarias de sustento de la población local. La fauna en áreas protegidas puede causar problemas para las comunidades vecinas con la depredación del ganado, el daño de la cosecha y amenazas para la vida humana. El incremento del turismo ecológico y de otras actividades comerciales con pretensiones a la continuidad, pueden traer beneficios financieros indudables, pero puede también forzar mecanismos de mercado en las  poblaciones locales. Esto puede tener numerosas consecuencias negativas, tales como forzar a las poblaciones a comprar los recursos que podían previamente obtener gratuitamente. Puede también exponerlos a las nuevas presiones sociales y económicas de la exposición a la globalización. Ello puede tener consecuencias importantes para la seguridad alimentaria, la salud y el bienestar. Las áreas protegidas pueden también tener impactos importantes en la cultura e historia, como restricción a los sitios sagrados o a restringir el uso de valores culturales importantes.

Una de las consecuencias de los impactos sociales negativos de las áreas protegidas es el incremento en el descontento entre la gente local y por tanto generar actitudes negativas hacia la conservación. Esto puede manifestarse bajo la forma de oposición y resistencia a las áreas protegidas. La gente local puede aducir retos legales, montar campañas políticas y manifestaciones contra las áreas protegidas y sus impactos. Sin embargo, esta ruta de políticas formales y abiertas es raramente asumida por la gente local, que son frecuentemente aisladas del poder político y de los profesionales que toman decisiones sobre las políticas de las áreas protegidas. Tales rutas son también  potencialmente costosas y requieren de habilidades particulares (instrucción legal) y de acoplamientos sociales (conexiones a los políticos y a los responsables de las estrategias de las áreas protegidas). Esto es demasiado para mucha gente rural con bajos índices de educación y altos indicadores de pobreza. Las manifestaciones y la oposición formal pueden también exponer a las comunidades a la corrupción o a las enfrentaciones violentas con guardaparques. Con más frecuencia, las poblaciones locales se resisten con los medios empleados para establecer o manejar un área protegida, y  es frecuente que hagan declaraciones de descontento, e incluso en confrontación directa con los guardaparques. Esto puede incluir sabotaje, ataques contra fauna, los fuegos deliberados, que genera ostracismo del personal del área protegida. En algunos casos, tal resistencia ha dañado seriamente la capacidad de las áreas protegidas para conservar la biodiversidad (Holmes, 2007).

En el caso de los costos y de los beneficios de las áreas protegidas, está claro que no son acontecimientos únicos. Las áreas protegidas se establecen cerca de comunidades dinámicas y constantemente cambiantes, y las alteran más con los cambios constantes en la relación entre las áreas protegidas y la gente local.

DISTRIBUCIÓN RELATIVA DE LOS COSTOS Y BENEFICIOS

Es cierto que las áreas protegidas pueden crear beneficios y costos para las comunidades locales en temas de economía, bienestar, salud, sustento, y mucho más. Superficialmente, parecería que los beneficios de las áreas protegidas podrían compensar adecuadamente los costos. De hecho, aunque la medición de los costos y de los beneficios de las áreas protegidas sea muy difícil de evaluar, la evidencia que se tiene sugiere que los impactos negativos severos son escasos y que la experiencia total tiende a ser positiva.

Una revisión global de las influencias negativas de las áreas protegidas (Brockington y Igoe, 2006) encontró que éstas tienden a ser extremadamente escasas (solamente 184 casos divulgados en existencia dentro de 100 000 áreas protegidas por todo el mundo). Sin embargo este puede ser un cálculo demasiado bajo, porque conseguir la información sobre esta situación es muy difícil. Un estudio detallado encontró recientemente que los territorios de Tailandia y de Costa Rica con áreas protegidas, tienden a ser mejores que regiones similares del país sin áreas protegidas (Adnam et al., 2010). Un estudio global realizado por WWF, que compaginó sobre 1 000 estudios de la eficacia de los parques nacionales concluyó que el 75% tienen un impacto aceptable o positivo total para las poblaciones periféricas, y que solamente el 5% tenían un impacto negativo fuerte (Dudley et al., 2008). Sin embargo, hay problemas con este estudio. En primer lugar, su metodología dependió de los exámenes del personal de las áreas protegidas, que pueden ser inconscientes de los costos verdaderos y de los beneficios y quizás predispuesto en su análisis. En segundo lugar, este estudio agrega impactos totales sobre una comunidad en sola una cuenta, y no considera cómo los costos y los beneficios se distribuyen desigualmente dentro de las comunidades locales.

Se sabe que las personas que captan los beneficios de las áreas protegidas no son la misma gente que sufre los males. También se sabe que dentro de las comunidades locales los ganadores y los perdedores no se relacionan. Por lo tanto resulta engañoso representar el impacto de cualquier área protegida usando solamente una cuenta. Ésta es una conclusión importante que emerge de muchos estudios de áreas protegidas individuales, pero que se descuida a menudo en un análisis general. Debilita la discusión que las ventajas del turismo ecológico y otras actividades pueden compensar adecuadamente los costos de las mismas áreas protegidas.

Además, la literatura científica revela algunas otras características interesantes sobre esta distribución desigual de costos y beneficios de las áreas protegidas. En primer lugar, la distribución de éstos se basa a menudo en las divisiones sociales preexistentes, tales como sexo, raza y clase. En muchos casos, la gente en diversos lados de estas divisiones sociales experimenta a las áreas protegidas de modo diferente, de modo que a veces los hombres ganan más de los beneficios, y las mujeres sufren más los costos (o viceversa), o ciertos grupos étnicos tienen una experiencia muy diversa de otras.

Esto quizás no es tan asombroso, dado que sabemos que la gente en diversos sectores de las divisiones sociales utiliza los recursos naturales de manera diferente, y tienen un acceso a partes diferentes de la economía. Por ejemplo si se tiene una situación donde las mujeres dentro de una comunidad adquieren la responsabilidad de recopilar la leña, y las interdicciones en la recolección de la leña son una política dominante del área protegida, entonces las mujeres tendrán sus vidas afectadas negativamente y desproporcionadamente. De igual forma, ciertos grupos sociales pueden tener la capacidad (los contactos, el capital social, las habilidades y los recursos) de capturar el turismo ecológico, de modo que sean probablemente los que se benefician más del incremento de cualquier turismo ecológico.

También se reconoce que la distribución de costos y de los beneficios tiende a ampliar y a agrandar las divisiones sociales ya existentes, de modo que los beneficios tienden a acrecentar a los grupos que están ya relativamente bien afianzados, y los costos recaen generalmente en los que tienen menos. Por ejemplo, la renta turística del safari en África meridional tiende a ir a los sectores con mayores recursos de la sociedad, aunque existen políticas para distribuirla a los sectores más pobres. Las áreas protegidas pueden aumentar la división social. Sin embargo, esto es una generalización relativamente cruda y existen excepciones.

Adicionalmente, se sabe que aunque los efectos de las áreas protegidas se sienten en un nivel local, también son influenciados de manera importante por fuerzas más amplias de la sociedad. Por ejemplo, en África se reconoce que los sistemas de áreas protegidas son afectados por la industria del safari, y las políticas de nivel nacional influyen en la distribución de la renta de los safaris en las comunidades locales. Similarmente en América Latina las  poblaciones indígenas tienen derechos de acceso a recursos naturales y a la tierra, que son relativamente influyentes (por lo menos comparado al resto del mundo), y así se observa que los indígenas pueden asegurar el arrendamiento de la tierra y de sus recursos en áreas protegidas, con mayor libertad respecto a poblaciones tradicionales e indígenas de otras partes del mundo.

Las comunidades locales deben usar las áreas protegidas para proteger sus tierras y derechos  contra intereses tales como las industrias de extracción. Pero, es necesario considerar que cada área protegida es diferente, y por tanto la relación con la población local será distinta. Las tendencias generales no son aplicables a todos los casos.

CONCLUSIÓN

Mientras que el conocimiento de los costos y los beneficios de las áreas protegidas para la gente local avanza, se debe ser crítico de las limitaciones en la discusión de que el turismo ecológico puede proporcionar una forma simple de remuneración a la gente local, en compensación a las restricciones impuestas por la conservación. Particularmente, se debe estar alerta al hecho de que los individuos que reciben los beneficios del turismo ecológico pueden ser ajenos a las poblaciones locales, que a veces no se benefician de las áreas protegidas. Los beneficios del turismo ecológico frecuentemente se distribuyen desigualmente, y se pueden concentrar dentro de un género particular, de una pertenencia étnica, o de una clase económica. Estos beneficios pueden ser captados por los que tienen mayores recursos económicos y no alcanzar a los que tengan menos. No es una solución mágica que traerá la prosperidad a todas las comunidades periféricas de las áreas protegidas.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Andam, K.S,  Ferraro, P.J.,  Sims, K, Healy, A, y Holland M.B. 2010. Protected areas reduced poverty in Costa Rica and Thailand, Proceedings of the National Academy of Sciences, 107 (22): 9 996-1 0001.

Brockington, D. y Igoe, J. 2006. Eviction for Conservation. A Global Overview. Conservation and Society, Conservation and Society. 39 p. http://www.conservationrefugees.org/pdfdoc/EvictionforConservation.pdf

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Dudley N., Mansourian, S., Stolton, S, y Suksuwan, S. 2008. Safety Net: Protected areas and poverty reduction, WWF. Gland. Switzerland. 183 p.

Holmes, G. 2007. Protection, Politics and Protest: Understanding Resistance to Conservation, Conservation and Society 5 (2):184-201