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Autor
  • Mildred Jiménez Méndez, M.Sc.
    Coordinadora Ejecutiva de la Maestría en Práctica del Desarrollo
    Coordinadora del CATIE en el Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca
    Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE)
    mildred@catie.ac.cr

 
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Fortaleciendo la gobernanza participativa de los recursos naturales: experiencia de la alianza bosque modelo reventazon, Costa Rica

INTRODUCCIÓN

Más allá de la importancia económica y ambiental que tienen los bosques y en general los recursos naturales para la sociedad moderna, estos tienen una enorme relevancia cultural y social para las poblaciones, en especial para las rurales e indígenas. Pese a los muchos esfuerzos en pro de la conservación, en su mayoría centrados en la creación de áreas silvestres protegidas y políticas que impulsan la restricción al uso del bosque, las tendencias van hacia la pérdida de la cobertura boscosa y al deterioro del ambiente, producto de la mezcla de muchos factores, pero en el caso de América Latina, se señala la expansión urbana y la competencia por tierras para la agricultura, como los agentes principales de la deforestación (FAO, 2009).

Los esfuerzos y estrategias que han sido impulsados desde el Estado han tenido su grado de éxito, pero parecen resultar insuficientes cuando no hay involucramiento social, sobre todo de los propietarios de los bosques y de los agentes locales. Estos pueden dar un respaldo e inclusive, hacer más sostenibles muchas de las estrategias promovidas desde el nivel nacional por parte del Estado. En términos de la democracia y de la participación, se considera un derecho ciudadano el participar de decisiones para crear acciones que regulen la calidad ambiental, así como el acceso y manejo de recursos naturales, junto con la posibilidad de exigir el cumplimiento de dichas regulaciones (Cabrera, 2008).

Es bajo ese marco que se han venido implementando nuevas estrategias participativas e inclusivas para la conservación de recursos naturales, las cuales pueden tener distintos enfoques, que van desde la protección de una especie de gran valor ecológico, hasta la promoción del desarrollo sostenible en un territorio. Los Bosques Modelo y los Corredores Biológicos son dos ejemplos de estrategias de conservación a escala territorial, y que además pueden desarrollarse dentro de un mismo espacio territorial, como ha sido el proceso impulsado por la Alianza Bosque Modelo Reventazón en Costa Rica. El presente artículo presenta la experiencia lograda dentro de este proceso, en el cual los corredores biológicos han sido un eje vital para la articulación entre agentes comunales, gubernamentales y privados, los cuales aportan la base social para la conectividad biológica.

CONCEPTOS Y ANTECEDENTES

Los Bosques Modelo nacieron a fines de los años ochenta, como una propuesta del Servicio Forestal Canadiense, para enfrentar distintos conflictos alrededor del manejo de bosques y los beneficios generados por estos, y se constituyeron como mesas de concertación y búsqueda de soluciones entre todas las partes involucradas en el conflicto por el bosque dentro de un territorio definido. A partir de esa primera experiencia, que se compartió en la Cumbre de la Tierra en el año 1992, varios países replicaron la idea y esta fue multiplicándose, hasta lograr establecerse en todos los continentes y funcionando a través de diversas redes regionales, una de ellas la Red Iberoamericana de Bosques Modelo. Desde entonces la idea original de un Bosque Modelo ha ido evolucionando, incorporando nuevos elementos, hasta conceptualizarse a nivel internacional como un proceso basado en asociaciones. A través de éstas, los individuos y los grupos, que representan una diversidad de valores sobre un territorio, trabajan juntos hacia una visión común de desarrollo sostenible de este territorio (paisaje) en que el bosque es un recurso importante (RIABM, 2008).

En Costa Rica, el primer Bosque Modelo fue promovido por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y el Ministerio de Ambiente y Energía, como una vía para promover el Enfoque Ecosistémico. Este Enfoque es un conjunto de principios para el desarrollo sostenible, y que constituye un compromiso adquirido por el país ante el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Este primer Bosque Modelo se puso en marcha el año 2004, enfocado en la provincia de Cartago gracias al apoyo e interés de la Federación de Municipalidades de Cartago, bajo el nombre de Bosque Modelo Reventazón, alusivo al de la cuenca del rio Reventazón, proveedora de importantes servicios ambientales para esta provincia y para el país.

Con el paso de los años, el proceso fue ganando socios y colaboradores de distinta índole, y adquirió el nombre de Alianza Bosque Modelo Reventazón, y se autodefine como un esfuerzo colectivo de individuos e instituciones para promover en la provincia de Cartago un modelo de desarrollo, donde es fundamental el manejo sostenible y la restauración de sus ecosistemas. Cada Bosque Modelo cuenta con una estructura de gobernanza centrada en un Directorio de miembros representativos de los socios y colaboradores en el territorio. La Alianza Bosque Modelo Reventazón tiene el propio, conformado por sus fundadores y los socios que se han ido sumando al esfuerzo: el CATIE como entidad académica y de cooperación técnica en el manejo de recursos naturales, el Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones por medio del Área de Conservación Cordillera Volcánica Central, la Federación de Municipalidades de Cartago, que aglomera a los ochos municipios de la provincia, el Servicio Nacional de Riego y Avenamiento como representante del sector agropecuario, la Cámara de Comercio, Industria, Turismo y Servicios de Cartago en representación del sector privado, el Programa de Pequeñas Donaciones que apoya a organizaciones de base comunal con proyectos ambientales, la Federación de Asociaciones de Desarrollo Comunal de Cartago y dos representantes de los consejos locales de los dos Corredores Biológicos que hay en el territorio.

Por su parte, los corredores biológicos entraron en escena en la región mesoamericana, con la estrategia del Corredor Biológico Mesoamericano, como una necesidad para complementar la función de conservación de la biodiversidad que cumplen las áreas silvestres protegidas, las cuales han ido quedando aisladas como resultado de la fragmentación de los bosques que las rodean. Esta estrategia encontró en Costa Rica un terreno legalmente y políticamente fértil, para impulsar y dejar en funcionamiento una serie de iniciativas de corredores biológicos en todas las áreas de conservación. Estos constituyen los territorios en los que el país se ha dividido para efectos del manejo y administración del patrimonio natural del Estado, bajo la rectoría del Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones.

Amparada en la Ley de Biodiversidad (1998), surge la definición nacional de Corredor Biológico para Costa Rica, considerado un territorio delimitado cuyo fin es proporcionar conectividad entre paisajes, ecosistemas y hábitat, naturales o modificados. Ello asegura el mantenimiento de la biodiversidad y los procesos ecológicos y evolutivos. Los corredores están integrados por áreas naturales bajo regímenes de administración especial, zonas núcleo, de amortiguamiento, o de usos múltiples, proporcionando espacios de concertación social para promover en esos territorios la inversión en la conservación y uso sostenible de la biodiversidad (GACETA Costa Rica, 2008).

Dentro de los esfuerzos legados por la estrategia del Corredor Biológico Mesoamericano, nace la iniciativa del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (CBVC-T), y posteriormente del Corredor Biológico Ribereño Interurbano Subcuenca Reventado-Aguacaliente, conocido como COBRISURAC, ambos entrelazados social y territorialmente con la Alianza Bosque Modelo Reventazón (Figura 1). Ello les ha permitido a estos tres procesos desarrollarse bajo esquemas de colaboración mutua, gracias a la estructura de gobernanza asociativa y al trabajo en red en el que se fundamenta el quehacer de los Bosques Modelo. El presente artículo centra su descripción en la experiencia del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca.

Figura 1. Corredores biológicos (CBVC-T y COBRISURAC), en el área de acción de la Alianza Bosque Modelo Reventazón
Figura 1. Corredores biológicos (CBVC-T y COBRISURAC), en el área de acción de la Alianza Bosque Modelo Reventazón


CONECTIVIDAD SOCIAL PARA LA CONECTIVIDAD BIOLÓGICA

Si bien los Bosques Modelo tienen su foco de atención en el manejo sostenible y participativo de los bosques y recursos forestales, cada uno define su agenda y prioridades de acuerdo a la realidad social, política y cultural del país y territorio en que se desarrolle. En el caso de la Alianza Bosque Modelo Reventazón en Costa Rica, desde su inicio, ha tenido un funcionamiento inspirado en el Enfoque Ecosistémico. Por ello el apoyo a las iniciativas de corredores biológicos significó una oportunidad para la puesta en práctica de los diversos principios que caracterizan a este Enfoque y al de los mismos Bosques Modelo. Entre estos principios en común se encuentran la necesidad de promover la participación de los agentes locales y de lograr su fortalecimiento dentro de los procesos de toma de decisiones y de gestión para la conservación de los bosques, la biodiversidad y los servicios ambientales.

La primera oportunidad se dio con la conformación del consejo local del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca para impulsar el trabajo y la gestión del mismo, en el año 2005. Es sobre esta experiencia que se centra la descripción y análisis del caso. Ya para ese año existía un comité gestor del Corredor, conformado por algunos integrantes del Directorio de la Alianza Bosque Modelo Reventazón, tales como el CATIE y el Área de Conservación Cordillera Volcánica Central, así como el Instituto Costarricense de Electricidad, relevante por su rol como manejador de la cuenca del rio Reventazón. Además se contaba con la participación de otros actores locales interesados en la protección del ambiente, como la Asociación de Productores Orgánicos de Turrialba y la Asociación Grupo Ecológico de Pejibaye, quienes habían sido convocados desde el 2003, cuando surgió la primera propuesta de corredor biológico en la zona del cantón de Turrialba. Este cantón se caracteriza por su población rural e indígena, y por la producción de café, caña de azúcar así como de ganadería lechera.

Sin embargo el Corredor surgió motivado principalmente por la necesidad de asegurar la conectividad entre diversas áreas silvestres protegidas de gran relevancia nacional: las ubicadas en la cordillera Volcánica Central al norte, con las del sur y del este, ubicadas en la Cordillera de Talamanca (Figura 2).

Fue así que ese primer comité gestor inició las actividades para impulsar la gestión participativa y comunal del territorio del Corredor, con un aporte semilla del Programa de Pequeñas Donaciones, que fue administrado por el CATIE y el Bosque Modelo Reventazón, bajo la vigilancia y cofinanciamiento de los demás integrantes del comité en ese momento. El conjunto de actividades impulsadas tenían el propósito de alcanzar un grado importante de conectividad social y de crear la red de socios que diera vida al proceso de gestión para la conectividad biológica del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (CUSO, 2007).

El reto mayor lo constituía el hecho de que en ese entonces no existían directrices del gobierno sobre como constituir un corredor biológico, por lo que muchas preguntas debieron irse contestando sobre la marcha. No obstante las primeras y más básicas fueron: ¿quienes debían ser involucrados y cuáles serían los sitios prioritarios para orientar un plan de trabajo?

Figura 2. Ubicación del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (CBVC-T) y áreas protegidas de Costa Rica
Figura 2. Ubicación del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (CBVC-T) y áreas protegidas de Costa Rica


Una serie de objetivos y metas se trazaron para el Corredor. Entre ellos, identificar actores locales y líderes comunales interesados en integrar y apoyar el Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca, difundir el concepto y la idea del Corredor entre instituciones y organizaciones de la zona, definir sitios prioritarios para la gestión, conocer la problemática ambiental que amenazaba cada sitio, y conformar un consejo local con una base amplia de integrantes, para contar con una estructura organizativa y de gobernanza participativa. Para lograr estos objetivos y metas se pudo combinar el conocimiento local y el científico, el aporte financiero del Programa de Pequeñas Donaciones con el de los integrantes del comité gestor.

Por medio de dos investigaciones realizadas por el CATIE, se lograron identificar líderes y organizaciones de dieciocho comunidades de toda la zona, incluyendo el territorio indígena cabécar, con interés en integrar y formar parte de la iniciativa del Corredor. Este grupo de líderes fue convocado a diversas reuniones y actividades, una de ellas un intercambio de conocimientos y experiencias con los gestores del Corredor Biológico Chorotega, en el pacífico de Costa Rica, que había sido uno de los primeros en crearse en el marco del Corredor Biológico Mesoamericano. Esto dio pie a la creación de un consejo local con mayor representación local de agentes comunitarios, más cercanos a los propietarios privados y los dueños de los bosques y de las fincas que en conjunto constituían el territorio del Corredor.

Además, se realizaron talleres para el diagnóstico de problemáticas ambientales comunales en cinco sitios, priorizados de acuerdo a la presencia de organizaciones con cierta capacidad de respuesta, según consultas a expertos y a la participación de líderes en las actividades en curso. Con estos talleres se generaron los insumos para el diseño de planes para la acción en cada sitio, la identificación de actores locales y territoriales que apoyaran estos planes y también se aprovechó para sumar colaboradores comunales que se integraran al consejo local.

Cabe destacar la participación que hubo de líderes relacionados a organizaciones encargadas de la administración de los acueductos comunales. Ellos llamaron la atención hacia la necesidad de proteger las fuentes y las áreas de recarga hídrica, ya que consideraban que al hacerlo se protegía el agua como recurso vital para el ser humano, y por ende a la biodiversidad.

Paralelamente se realizó una caracterización de los distintos ecosistemas boscosos presentes en el Corredor y el diseño participativo de una red de conectividad ecológica, Esta última estuvo basada en la combinación de sistemas de información geográfica y el conocimiento del terreno de los nuevos representantes comunitarios. La red de conectividad, señaló los sitios clave con cobertura boscosa, ya fueran bosques a orillas de ríos, fragmentos de bosques más grandes o áreas de cultivos con sistemas agroforestales, que en conjunto representarían el camino más probable para el desplazamiento de fauna a través del paisaje. A la vez, estos sitios indicaban las áreas para priorizar la atención del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (Figura 3).

Figura 3. Red de conectividad del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca, cuya trayectoria utiliza en buena medida fragmentos pequeños de bosques (color verde) y áreas de caficultura con sistemas agroforestales (color café).
Figura 3. Red de conectividad del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca, cuya trayectoria utiliza en buena medida fragmentos pequeños de bosques (color verde) y áreas de caficultura con sistemas agroforestales (color café).

Una tarea adicional llevada a cabo fue la difusión de la iniciativa del Corredor hacia instituciones y la población en general. Ello para crear identidad, informar al público sobre la importancia de la conservación de la biodiversidad y abrir oportunidades de apoyo local, financiero y técnico. Para esto se contó con una estrategia de comunicación, la cual arrancó con la identificación de actores relevantes de instituciones, empresas y organizaciones de la zona, una propuesta de mensajes clave, la selección de una especie bandera con la cual identificar los esfuerzos de conservación y la creación de material divulgativo para ser distribuido en toda la zona, incluyendo el diseño de un logo (Figura 4).

Figura 4. Logo del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca
Figura 4. Logo del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca


Finalmente se logró la integración de un consejo local que adquirió una estructura más amplia que la original, que contaba con una directiva principal conformada por los representantes de instituciones, algunos representantes de empresas, individuos y representantes de los cinco sitios priorizados. A partir de diversas reuniones y reflexiones en las que se contó con una participación cada vez más numerosa, se propuso la figura de los “subcorredores”, llamados así por ser los territorios en los que se dividió el Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca para efectos de facilitar la gestión y organización local.

También se realizó en el año 2007 la primera asamblea general de socios y colaboradores del Corredor, la cual marcó un cambio, debido a los nuevos retos que empezaron a asomarse junto con las demandas resultantes de la incorporación de los nuevos integrantes. Además de los esfuerzos mayores, se realizaron múltiples y variadas actividades de capacitación, educación ambiental e investigación. Todas se dieron con la participación y ayuda de los integrantes del consejo local, y se caracterizaron porque fueron espontáneas, sin responder a un plan de trabajo específico, aunque sí estuvieron respaldadas parcialmente por los fondos del proyecto financiado por el Programa de Pequeñas Donaciones. Se esperaba que esto sirviera para ir motivando a las personas de las distintas comunidades a actuar, a vigilar, a conservar y a proteger los recursos naturales del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca.

NUEVO SUBCORREDOR Y NUEVAS CONQUISTAS

El año 2008 marcó un nuevo hito importante, como resultado de una investigación realizada por “Wildlife Conservation Society” en la región mesoamericana. Esta investigación definió un área al norte del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca como sitio crítico y prioritario para la conectividad del jaguar y otros felinos. Esto provocó la entrada de un nuevo actor al proceso: la organización Panthera, quien inició un proceso conjunto con el Corredor que trajo consigo un aumento en la extensión territorial del éste, al incorporar un nuevo subcorredor: el Barbilla. En ese mismo año, y con un nuevo apoyo financiero del Programa de Pequeñas Donaciones, se inició otro proyecto que tuvo como fin primordial el fortalecimiento organizativo de los subcorredores. Ello se logró por medio del diseño y ejecución de los planes de acción basados en los diagnósticos ambientales realizados, así como en información adicional y planteamientos de los representantes de los seis subcorredores existentes.

Desde el 2008 hasta la fecha, se han realizado una cantidad considerable de actividades y se han tenido conquistas importantes, tales como la oficialización del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca ante el Programa Nacional de Corredores Biológicos, creado tiempo después del arranque del proceso. Esto permitió que el territorio entrara en las prioridades para la asignación de contratos para el Programa de Pago por Servicios Ambientales. Además, se capacitaron a múltiples agentes locales, privados e institucionales en el tema de identificación y avistamiento de aves, como parte de un esfuerzo de monitoreo participativo de aves, realizado con ayuda del Programa de Monitoreo de Aves del CATIE (Figura 5), el que continua hasta la fecha.

Figura 5. Programa de Monitoreo de Aves del CATIE (Foto Alejandra Martínez)
Figura 5. Programa de Monitoreo de Aves del CATIE (Foto Alejandra Martínez)


Al menos se han realizado 20 investigaciones con ayuda del CATIE en el marco de varios proyectos, también de la Universidad de Costa Rica, de la Universidad Estatal a Distancia, de la Universidad Nacional, del Instituto Nacional de Biodiversidad, entre los principales. Los temas han sido variados (sociales, económicos, productivos, ambientales, e institucionales del Corredor). Adicionalmente se han capacitado personas y organizaciones en temas que van desde la legislación ambiental, que ha sido muy útil para evitar y manejar conflictos, hasta el diseño de proyectos comunales, para crear la posibilidad de financiar proyectos ambientales que permitan solucionar los variados problemas existentes. Todo esto se ha dado gracias a la gestión del consejo local y sus integrantes (Figura 6) y al reconocimiento que adquirió el Corredor a nivel nacional, como estrategia de conservación con amplia participación social.

Figura 6. Consejo Local 2011 del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (Foto: Roberto Salom)
Figura 6. Consejo Local 2011 del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (Foto: Roberto Salom)

De ahí en adelante, a pesar de que se han cosechado frutos importantes, se empezaron a hacer evidentes las muchas dificultades que trae consigo el impulso de una estrategia participativa de gobernanza para la conservación, en territorios dominados por la propiedad privada.

APRENDIZAJES Y DESAFÍOS

Las dificultades experimentadas en el esfuerzo de organizar el manejo y la gestión del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca están relacionadas a deficiencias y debilidades muy propias del proceso, de los actores y de la estrategia. Es importante aclarar, que más allá de invertir en la conectividad biológica en el paisaje, este primer esfuerzo ha estado focalizado en la inversión en el capital social y humano dentro del Corredor, dado que se ha trabajado primordialmente en crear una estructura organizativa y en fortalecer la gobernanza para el manejo de los recursos naturales locales. No obstante, aún se deben mejorar aspectos que condicionan el avance y el paso a una siguiente fase, que permita incidir de forma sostenida sobre el capital natural.

El deseo de promover la participación y crear el consejo local que funcione como un foro abierto, resultó en un valioso tejido social apropiado de diversos aspectos de la gestión para la conservación. A nivel comunitario, en los subcorredores, es posible encontrar ahora grupos de líderes que incorporaron en las agendas de sus organizaciones el objetivo de la conectividad y de la protección ambiental. Lo anterior por medio de actividades e iniciativas muy variadas que van desde redes de recolección de residuos, campañas de educación ambiental con escuelas primarias, grupos de vigilancia, colaboración con la administración de áreas silvestres protegidas, turismo comunitario (Figura 7), entre otros. Sin embargo, no se ha logrado que todos estos aportes sean compartidos a través del monitoreo de la gestión del consejo local de una forma sistemática y ordenada.

Figura 7. Turismo comunitario en el río Pacuare, Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (Foto: Roberto Salom)
Figura 7. Turismo comunitario en el río Pacuare, Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca (Foto: Roberto Salom)

Otro aspecto observado es que los líderes que asumieron en representación de alguna organización comunal, no han transmitido la información al resto de los miembros e integrantes de la organización que se supone están representando. Por ello, al llegar la rotación de puestos, algunas de estas representaciones se han perdido y en otros casos se ha tenido que empezar desde cero con un nuevo representante. Este tipo de situaciones, aunque se han asumido como parte del proceso, lo han hecho más lento y pueden haber dificultado el aprovechamiento de recursos en el nivel local. Una medida correctiva que se está incorporando es que a nivel de estatutos se establezca una nueva categorización de miembros del consejo local y un procedimiento de ingreso que establezca, desde un inicio, las responsabilidades que se asumen, tanto para organizaciones, como para representaciones de instituciones y empresas. Estas medidas permitirán contar con un grupo de trabajo comprometido y cuyo avance pueda ser más eficiente, sin dejar de ser participativo.

En los primeros años, el trabajo del consejo local fue desarrollado a partir de acuerdos durante las reuniones y con ayuda de proyectos puntuales, que permitieron un avance importante. Sin embargo, para poder avanzar hacia una mayor consolidación de la conectividad en todo el territorio, es necesario pensar de forma más estratégica y planificar de acuerdo a metas y resultados más relacionados a los objetivos de conservación de largo plazo (Arias et al., 2008). Además, se debe aprovechar la plataforma de gobernanza creada, evitando centrar la atención en esta, como un fin en sí misma.

Finalmente, la inversión económica realizada con apoyo de dos proyectos por parte del Programa de Pequeñas Donaciones permitió al incipiente consejo local abrirse camino, canalizar múltiples aportes locales e iniciar el proceso de base social. Para poder continuar hacia una visión de largo plazo y con base en la planificación estratégica, esta debe contener un plan de sostenibilidad financiera. Para lograrla, un aspecto que se ha discutido y analizado desde hace varios años, pero que no llegó a trascender en el pasado, está la posibilidad de crear una figura jurídica que sirva al consejo local del Corredor en sus gestiones financieras. El acuerdo final más reciente, es crear una asociación sin fines de lucro, a través de la cual se puedan gestionar nuevos proyectos, movilizar fondos y recursos de distinta índole. A este acuerdo se llegó luego de considerar que dentro del grupo de socios, y miembros del consejo local de todo el territorio, se cuenta principalmente con pequeñas organizaciones sociales de base comunal, todas muy localizadas y con limitaciones cuantiosas, que les han impedido a muchas la posibilidad de canalizar recursos para proyectos propios.

CONSIDERACIONES FINALES

A partir del trabajo realizado en investigaciones, se han podido monitorear los cambios de uso del suelo en el territorio del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca, y las evidencias indican una estabilidad en los indicadores de fragmentación del bosque. Se sabe también la gran relevancia que tiene el Corredor para la conectividad a escala nacional y para asegurar los movimientos y el hábitat de especies que demandan grandes territorios. Tal el caso de los felinos como el jaguar y el puma. Además, se requiere aún conocer la funcionalidad que tiene el Corredor para la conectividad de muchas otras especies importantes desde el punto de vista ecológico y socioeconómico.

Frente a los desafíos que conlleva el cambio climático para la capacidad de adaptación de la biodiversidad, los corredores biológicos con diversidad altitudinal y de zonas de vida, como lo es el Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca, tienen una enorme significancia. Estos se constituyen en las áreas con potencial para que las especies que lo requieran puedan moverse en el paisaje, en búsqueda de nuevos sitios que se ajusten a sus necesidades climáticas (Jiménez, 2009).

Todo lo anterior le otorga al consejo local del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca una responsabilidad y compromiso para que su gestión, planificación estratégica y movilización de recursos para la acción, se traduzcan en impactos positivos en los ecosistemas, en la conectividad y en la provisión de servicios ecosistémicos, de los que se sigan beneficiando las poblaciones locales, así como la sociedad en general.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Arias, E., Chacón, O., Herrera, B., Induni, G., Acevedo, H., Mario Coto, M. y Barborak, J.R. 2008. Las redes de conectividad como base para la planificación de la conservación de la biodiversidad: propuesta para Costa Rica. Recursos Naturales y Ambiente. 54:37-43.

Cabrera, J. 2008. Participación ciudadana en la gestión del patrimonio natural. En: de Camino, R., Ballestero, A. y Breitling, J. (Eds,) Políticas de Recursos Naturales en Centroamérica: lecciones, posiciones y experiencias para el cambio. Universidad para la Paz. Ciudad Colón, Costa Rica. pp 241-279.

CUSO, 2007. Caminos y Encuentros. Experiencias de acción de la cooperación humana en América Latina y el Caribe. Gestión del Corredor Biológico Volcánica Central-Talamanca. San José, Costa Rica. pp 100-111.

FAO. 2009. La Situación de los Bosques del Mundo 2009. FAO. Roma, Italia. 151 p.

Gaceta Costa Rica. 2008. Artículo N° 3 del Reglamento a la Ley de Biodiversidad.

Jiménez, M. 2009. Resiliencia de los ecosistemas naturales terrestres de Costa Rica al cambio climático. Tesis M.Sc. CATIE. Turrialba, Costa Rica. 140 p.

RIABM. 2008. Construyendo la institucionalidad de la Red Iberoamericana de Bosques Modelo (RIABM). Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE). Turrialba, Costa Rica.