Autor
  • José A. Boninsegna Investigador Superior Inst. Nac. De Nivologia, Glaciología Y Ciencias Ambientales – Conicet Mendoza- Argentina pbonin@mendoza-Conicet.gob.ar
 
Herramientas

IMPACTO, Y ADAPTACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LOS ECOSISTEMAS ANDINOS Y GLACIARES

INTRODUCCIÓN

El clima es el principal factor que controla la estructura, productividad y composición de los sistemas ecológicos. Las distintas especies pueden reproducirse, crecer en comunidades e interactuar con éxito dentro limites específicos de temperaturas, y cantidades y distribución temporal de las precipitaciones. Por lo tanto, cualquier modificación en los parámetros climáticos afectará a los ecosistemas (Thomas et al., 2004). En el presente, la acción del hombre está modificando sustancialmente el clima, debido mayormente a la emisión de gases, producto de la quema de combustibles fósiles, de las distintas actividades productivas y de los cambios en el uso del suelo.

El aumento de la población mundial, que ha pasado de mil millones en 1900 a seis mil millones en el año 2000, con una proyección de nueve mil millones para el año 2050, está ejerciendo una fuerte presión sobre los ambientes naturales. Son los sistemas vivientes los que deben proveer los alimentos y el agua que se requieren para mantener esta población. De igual forma, los grandes cambios en el uso del suelo mayormente para expandir las fronteras de la agricultura, comprometen seriamente a la biodiversidad.

EL IMPACTO DE LOS CAMBIOS DEL CLIMA EN LA BIODIVERSIDAD

En líneas generales es importante señalar que la biodiversidad es parcialmente conocida, ya que se estima que existe un número muy grande de especies que aún no están catalogadas ni descritas. Hay un gran esfuerzo en todo el mundo por llenar estas brechas en el conocimiento humano, pero se sabe que muchas de las especies, aún desconocidas, se extinguirán antes de poder ser estudiadas.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) en el Sumario para los Tomadores de Decisión de 2007 señala: “Las observaciones de todos los continentes y de la mayoría de los océanos muestran que muchos sistemas naturales están siendo afectados por cambios climáticos regionales, particularmente incrementos de temperatura. Hay una alta confianza, basada en evidencias de un amplio rango de especies de que el reciente calentamiento esta fuertemente afectando a los sistemas biológicos terrestres” (IPCC, 2007).

En la Figura 1, se muestra la proyección de los cambios globales esperados incluidos los ecosistemas, de acuerdo con los aumentos de la temperatura. Gran parte de estos cambios están referidos a la alteración de los ciclos hidrológicos, de los patrones de lluvias y de la escasez/abundancia de las precipitaciones, pero también al incremento en la intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos, de gran impacto en los sistemas vivos.

INGRESAR FIGURA 1

En la actualidad se observan impactos apreciables de los cambios en el clima en los sistemas biológicos a nivel regional. Las variaciones en los fenómenos climáticos están afectando a los ecosistemas y alterando la composición y distribución de las especies y el tamaño de las poblaciones. Sin embargo, hay muy pocos estudios desarrollados sobre estos temas en América Latina. La principal dificultad es la falta de observaciones detalladas y continuas sobre las especies, su fenología, sus áreas de dispersión y su capacidad de respuesta a los cambios del clima. Aunque las observaciones que no se realizaron son irremplazables, existen en la actualidad varias herramientas que permiten con muy bajo costo obtener información relevante sobre cambios a nivel continental y regional haciendo uso de recursos informáticos de libre acceso.

Un ejemplo del uso de estas herramientas lo constituye el “Proyecto Lechusa” coordinado por el grupo de Estudios Ambientales de la Universidad de San Luis, Argentina (http://lechusa.unsl.edu.ar). En este proyecto se han utilizado imágenes de satélite del continente Sudamericano que han permitido obtener los valores del Índice Normalizado de Vegetación (NDVI) en cada píxel durante los últimos 17 años. La observación de cambios a nivel continental indica que hay procesos de distinta índole que se encuentran actuando en Sudamérica, y que están modificando de alguna manera y significativamente la formación de biomasa en la Región. Algunas de estas modificaciones pueden ser identificadas en áreas con evidentes cambios en el uso del suelo (deforestación) y los cambios en las fronteras agrícolas por el avance de las plantaciones de soja (Figura 2). Otras pueden estar relacionadas a los cambios de clima, como por ejemplo la mayor producción de biomasa en la región pampeana argentina, producto de la mayor cantidad de precipitaciones en el área. El objetivo principal del proyecto es el de permitir observar los puntos de mayor cambio (“hot spots”) y entonces estudiarlos con mayor detalle

INGRESAR FIGURA 2

Es importante destacar la técnica empleada para la detección de los cambios. Con imágenes de mayor resolución espacial quizás seria posible detectar cambio en áreas protegidas y con el uso de otros sensores, realizar otro tipo de inferencias.

LAS RECONSTRUCCIONES DEL CLIMA Y DE LOS AMBIENTES ECOLÓGICOS

En la actualidad se cuenta con muchas herramientas que permiten rescatar gran parte de la información sobre el clima y sobre la evolución de los ecosistemas. Varias de estas herramientas se encuentran en las técnicas de la paleoclimatología y paleoecología que, con distintos grados de resolución temporal, permiten estudiar la dinámica de algunos ecosistemas .La dendrocronologia, los estudios de sedimentos y varves en lagos, los de polen, y los de nidos de ratas por citar algunos, permiten, en algunos casos, reconstruir con precisión anual la historia de los ecosistemas, su respuesta al clima y también la historia del clima. Este tipo de reconstrucciones tienen algunas ventajas ya que permiten una extensión temporal hacia el pasado, que excede el marco de las observaciones directas. De esta forma revelan con mucha claridad aquellos fenómenos de la dinámica de las poblaciones que tienen una escala temporal mayor a décadas o aún centurias.

La Cordillera de los Andes posee una gran diversidad de ecosistemas distribuidos en eco-regiones complejas. En el caso particular de Argentina, se encuentran desiertos, prados alto-andinos, bosques secos, bosques y selvas de montaña desarrollándose en una gran variedad de climas. En varios de estos ecosistemas se están registrando cambios que pueden ser asociados al cambio climático o a la variabilidad del clima. Observaciones puntuales, en distintos ecosistemas, indican situaciones en las que claramente el clima y su variabilidad son los causantes de los cambios.

INCREMENTO DE LA POBLACIÓN DE Prosopis ferox

Prosopis ferox (churqui) es la principal especie arbórea que crece en los valles Inter.-montanos secos de altura del noroeste de Argentina y sur de Bolivia entre los 2 400 y 3 800 msnm. Este árbol es utilizado para construcciones menores, su leña como combustible para labores domesticas y sus hojas para alimento del ganado.

Se ha observado en las últimas décadas del siglo XX, un marcado incremento en las poblaciones con altas tasas de reclutamiento de individuos jóvenes (Morales et al., 2005). Para explicar este fenómeno, se estudió el establecimiento de renovales de churqui en 15 parcelas cercanas a la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, Argentina y se compararon esos datos con las precipitaciones y la existencia de ganado ovino y caprino en el área (Figura 3).

El patrón regional de establecimiento es consistente con un aumento marcado de las precipitaciones desde 1970 a 1990. Paralelamente se observó que, de acuerdo con datos históricos, los censos de ganado indicaron un dramático descenso del número de cabezas existentes a partir del año 1970.

INGRESA FIGURA 3

Estos resultados sugieren que la dinámica de la población esta controlada por la abundancia de las precipitaciones y de alguna manera por las condiciones económicas del entorno, que regulan la cantidad de pobladores y por ende la cantidad de ganado en la región. Entonces, el clima es un factor importante pero también lo es la presión antrópica.

MOVIMIENTO DE LAS ESPECIES SOBRE LA LÍNEA SUPERIOR DEL BOSQUE

En el ejemplo anterior, la señal antrópica y la señal climática actuando en forma simultánea y en la misma dirección, explican el incremento del número de individuos en una población. Sin embargo es muy difícil poder separar la influencia de cada una de estas señales.

En el sur de la Patagonia, en el Parque Nacional Perito Moreno, en regiones montañosas con clima de elevadas precipitaciones, se ha observado el establecimiento de una gran cantidad de renovales de Nothofagus pumilio (lenga) creciendo sobre el limite superior del bosque (Figura 4). En la región estudiada, el factor limitante del crecimiento de los árboles en la zona alta es la temperatura y el incremento de esta variable permite a la especie explorar nuevos nichos.

INGRESAR FIGURA 4

Este ejemplo muestra sin dudas la influencia que el cambio del clima esta ejerciendo sobre la vegetación por el aumento gradual de la temperatura. Al haberse realizado el estudio en un área protegida, la influencia antrópica es mucho menor y permite evidenciar con mayor exactitud la influencia del clima en la dinámica del bosque.

EL IMPACTO DE FENÓMENOS EXTREMOS DEL CLIMA SOBRE LA VEGETACIÓN

En la región del Parque Nacional Nahuel Huapi, las condiciones extremas del clima que ocurrieron en la Patagonia Norte durante los años 1998 – 1999 produjeron episodios de brusca mortalidad de árboles adultos de Austrocedrus chilensis (cedro), y de Nothofagus dombeyii (coihue). Ello alteró fuertemente el paisaje, incrementando dramáticamente la vulnerabilidad del área a los incendios forestales (Figura 5) (Villalba et al., 2005).

INGRESAR FIGURA 5

Observando la serie de precipitaciones y temperatura de la región, obtenida por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en su estación Bariloche, se observa que la temperatura del año 1998 fue la mas alta de todo el periodo de datos, y coincidentemente, la precipitación fue la mas baja. Sin embargo, estas series tienen una extensión temporal relativamente corta (Figura 6, sección a).

Para poder realizar inferencias mas precisas, se compararon los datos con la reconstrucción de temperatura realizada en base a los anillos de árboles (Villalba et al., 2003). Entonces surge la evidencia de que el año 1998 no sólo fue el más cálido de la serie de valores medidos, sino el del los últimos 400 años (Figura 6, sección b). Este aumento de la temperatura sin precedentes en la región, es casi con certeza debido al calentamiento global. En este caso los anillos de los árboles han permitido rescatar la información de temperatura y ayudan a poner en contexto un fenómeno que debe alertar sobre el impacto del cambio climático en esta área protegida.

Es importante señalar una diferencia con el ejemplo anterior: en él se estableció cómo el aumento gradual de la temperatura media estaba ayudando a los árboles a establecerse por sobre la línea superior del bosque. En este caso se observó el enorme impacto negativo de la ocurrencia de extremos climáticos.

Es muy probable que el mayor impacto del calentamiento global se produzca debido a la ocurrencia de condiciones extremas del clima y a la frecuencia de su ocurrencia, y son estas condiciones las que dan un marco de referencia a las posibles acciones de adaptación.

INGRESAR FIGURA 6

EL IMPACTO DEL CAMBIO GLOBAL EN LOS GLACIARES

Quizás una de las manifestaciones más evidentes de los cambios en el clima sea la retracción de los glaciares. Este fenómeno se observa a nivel mundial, y es particularmente notable en la Cordillera de los Andes. La perdida de masa de los glaciares impacta de manera diferente a cada región, pero alerta por igual sobre la vulnerabilidad de la provisión de agua para uso agrícola y consuntivo.

Hay regiones como la del centro oeste de Argentina en donde toda la actividad económica se encuentra concentrada en oasis productivos, fuertemente dependientes de la cantidad de agua erogada por los ríos andinos. El caudal a su vez depende de la cantidad de nieve acumulada en las altas cuencas durante el periodo invernal. En esta región los glaciares constituyen una reserva de agua cuya importancia se pone de manifiesto en los años en que se acumula poca nieve en la Cordillera, ya que ellos suministran un caudal mínimo que permite, por lo menos, el uso consuntivo del agua.

En otros lugares, los glaciares son una reserva de agua dulce que otorga un atractivo particular al paisaje, incrementando el valor turístico de la región. Es justamente por ese valor paisajístico que los glaciares son observados y su disminución es advertida por una gran cantidad de personas, representando claros testimonios del impacto del cambio climático.

En la Cordillera de los Andes se han documentado numerosos ejemplos de disminución de las masas de hielo, tanto en los Andes Tropicales como en las latitudes más extremas. Por razones de brevedad, se comentará acá únicamente dos casos bien documentados.

Las variaciones del Glaciar del Humo, cuenca del Rio Atuel (-35° 05’ -70° 00’) han sido observadas desde hace varios años. Gracias a relatos de exploradores de la zona (Cobos y Boninsegna, 1983), y de fotografías satelitales, se ha podido reconstruir la historia de la retracción de su frente (LeQuesne et al., 2009) (Figura 7). También ha sido de gran utilidad la existencia de fotografías de principio del siglo XX (Figura 8)

INGRESAR FIGURA 7

INGRESAR FIGURA 8

Se observa una notable retracción en la lengua del glaciar. Esta retracción indica una disminución de la superficie de hielo. Sin embargo, la cuantificación de cuanto es el volumen perdido es mucho más compleja, ya que requiere un balance de masa del glaciar. Esto implica muchos años de observaciones sobre el espesor del hielo al final de la temporada de verano.

Otro ejemplo bien documentado de retroceso glaciario se observa en el Glaciar del Volcán Lanín, Parque Nacional Lanín -39° 38’ -71° 30’ (Figura 9). Este volcán es una montaña de gran belleza y que otorga al Parque que lleva su nombre un particular atractivo turístico.

INGRESAR FIGURA 9

Se aprecia la perdida de superficie de hielo que ha experimentado el Volcán. La fotografía de la izquierda fue tomada por el Perito Francisco Moreno, hombre de gran pasión por la naturaleza, quien exploró la Patagonia y actuó en la Comisión de trazado del Límite entre Argentina y Chile. Las tierras que el gobierno argentino le cediera por su trabajo en la demarcación de la frontera, fueron donadas por Moreno para la creación del primer Parque Nacional de Argentina.

Los ejemplos presentados muestran una serie de cambios de mayor o menor magnitud que impactan en los ecosistemas tanto naturales como agrícolas, en la provisión de agua, en la ocurrencia de extremos y ligados a ellos, desastres que afectan la economía e incluso la vida. Estos cambios detectados provocan alarma sobre lo que ocurrirá en el futuro y como es posible adaptarse a las nuevas situaciones. Las acciones de adaptación requieren de etapas de implementación en las que resulta imprescindible estudiar y evaluar cuales serán los cambios, de que magnitud y en que horizonte temporal ocurrirán.

De acuerdo a la magnitud y severidad de los cambios se debe analizar la vulnerabilidad de los sistemas y su capacidad de resiliencia. Cuando se tienen todos estos elementos se puede evaluar las posibles medidas de adaptación, su conveniencia, costo y factibilidad de implementación.

LOS MODELOS DE SIMULACIÓN DEL CLIMA

La mejor herramienta con la que se cuenta hasta ahora para evaluar los cambios en el futuro son los modelos globales de simulación del clima. La construcción de los modelos climáticos globales se basa en la simulación de las condiciones de la atmósfera (y en alguno de ellos también del océano) en una grilla que cubre la superficie del planeta y que se proyecta en altura. Cada uno de estos modelos tiene una complejidad, resolución espacial y capacidad de predicción diferente.

Lo que el modelo permite realizar es la simulación de las condiciones del clima futuro al introducir los cambios que se proyectan, por ejemplo en la cantidad de anhídrido carbónico en la atmósfera, en el uso del suelo, en la tasa de deforestación, entre otros. En general se reúnen las condiciones de simulación en lo que se llama “escenario”.

El modelo se calibra con condiciones climáticas conocidas que el modelo debe reproducir satisfactoriamente. Luego se corre el modelo con la introducción de los datos de escenarios futuros para un horizonte temporal determinado. En general se utilizan horizontes que no sobrepasan el año 2100.

La capacidad y ajuste de los modelos ha aumentado mucho en los últimos años, básicamente debido al gran incremento en la capacidad de los sistemas de cómputo. Esto ha permitido generar modelos de alta resolución espacial que se enfocan sobre determinadas regiones utilizando las condiciones que proveen las salidas de los modelos de menor resolución. Una manera de evitar los errores sistemáticos que pueden encontrarse en los modelos es estudiar conjuntos de distintos modelos para una misma región, evaluando estadísticamente los resultados.

Referente a la Cordillera de los Andes, el problema de los modelos globales es que su resolución espacial es demasiado baja para detectar la compleja orografía de la Cordillera. Por ello resulta necesario recurrir a modelos regionales producidos mediante el re-escalado de los modelos globales con una resolución mucho mayor.

Para la región de Sudamérica, existen salidas de modelos de alta resolución entre los que se destacan los producidos en el Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, (Modelo PRECIS www.dgf.uchile.cl/PRECIS ); el producido por el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais de Brasil (Modelo Precis http:// mudancasclimaticas.cptec.inpe.br) y el producido por el Centro de Estudios del Mar y de la Atmósfera de Argentina (Modelo MM5/CIMA).

Un artículo relativamente reciente analiza una salida del modelo PRECIS para la región tropical de los Andes constituyendo uno de los pocos casos de uso de modelos regionales de simulación en las áreas tropicales de Sudamérica. (Urrutia y Vuille, 2009).

Un ejemplo del empleo de las salidas de estos modelos es la estimación de la evolución de la isoterma de 0°C en la región del Centro-Oeste de Argentina (Figura 10). Analizando la temperatura media de los meses de verano y de los meses invernales durante el periodo de control (1961-1990) y luego en los períodos de 2021-30 y 2081 -100 se estimó la altura de la isoterma de 0° para las fechas mencionadas. La superficie de las cuencas por encima de la altura media de la isoterma de 0°C en verano y en invierno se calculó utilizando el Modelo Digital de Elevación SRTM (Shuttle Radar Topography Misión), obtenido por el USGS (United State Geological Survey).

Así se verifico la disminución de la superficie que, por encontrarse por encima de la isoterma de 0°C, permite la acumulación de nieve en el invierno y aún mantener la capa nívea durante el verano. Para el caso de la Cuenca del Río Diamante, en Mendoza, los resultados indican que la isoterma de 0°C en los veranos del período 2081- 2100 estará tan elevada que en la cuenca no existirán superficies capaces de mantener la nieve durante el verano.

INGRESAR FIGURO 10

Esto significa que los cuerpos de hielo que se encuentren en ella progresivamente desaparecerán, y el caudal del Río Diamante únicamente estará regulado por la cantidad de nieve que se acumule en el invierno.

Se destaca la importancia de analizar no solo las variables en sus valores medios, sino también la variabilidad presente, la variabilidad del modelo y los valores extremos. Son estos valores extremos quizás los más importantes para determinar las posibilidades de adaptación.

LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO EN LAS ÁREAS PROTEGIDAS

Los modelos climáticos regionales son también útiles para evaluar el grado de vulnerabilidad de las áreas protegidas. Aquellas áreas localizadas en las zonas donde se registren los mayores cambios de temperatura y precipitación, según los escenarios climáticos, y con mayor ocurrencia de eventos extremos, serán las zonas más vulnerables. Los ambientes restringidos geográficamente de altas montañas y “permafrost”, costas y humedales exhiben también una alta vulnerabilidad. Es en estas zonas donde resulta muy importante incrementar los planes de adaptación, evaluando la realización de acciones directas. Entre ellas está la implementación de corredores biológicos que permitan la migración de las especies, el monitoreo de la presión de las acciones antrópicas en áreas vecinas (cambios en el uso del suelo, nuevos asentamientos, incremento de actividades agrícolas, ganaderas y mineras, contaminación del aire, del suelo y del agua).

En el Sumario para tomadores de Decisión 2007 del IPCC (IPCC, 2007) se realizan una serie de recomendaciones acerca de medidas para facilitar la adaptación al cambio climático de áreas protegidas, entre ellas se destacan:

“En el contexto de los gobiernos, integrar la toma de decisiones entre diferentes departamentos y sectores, incluyendo la participación de instituciones internacionales para asegurar que las políticas se enfoquen en la protección de los ecosistemas”.

“Procurar el otorgamiento de suficiente poder y legitimidad a grupos marginalizados para que puedan influir en las decisiones que afectan a ellos y a los servicios de sus ecosistemas“.

“Incluir evaluación y manejo de los servicios eco-sistémicos en todas las decisiones de planificación regional y estrategias de reducción de la pobreza”.

“Establecer áreas protegidas adicionales, particularmente en corredores ecológicos para preservar la conexión entre las áreas y evitar la fragmentación de los habitats”.

“Reducir la deforestación a través de programas diseñados para reforzar la legislación ambiental, ofreciendo alternativas económicas”.

Las acciones de adaptación deben ser específicas para cada región y ecosistema, ya que los mismos pueden sufrir impactos diferentes y tener mayor o menor poder de resiliencia y/o vulnerabilidad. Recientemente, Argentina aprobó una ley de presupuestos mínimos para la protección de los ambientes glaciares, que constituye un cuerpo legal con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos. Todo ello considerando la importancia de los glaciares para el consumo humano, para la agricultura, para la recarga de las cuencas hidrográficas, para la protección de la biodiversidad, como fuente de información científica y como atractivo turístico.

Aunque la ley no puede evitar el incremento de la temperatura, al regular las actividades que pueden desarrollarse en el ambiente periglaciar, procura evitar contaminaciones que puedan acelerar el proceso de fusión del hielo.

Una acción de adaptación que es común a todas las áreas protegidas es la educación. Crear una conciencia colectiva de la importancia de la biodiversidad, de los valores de los ecosistemas y de su función como bienes de toda la humanidad es quizás la mejor y más efectiva forma de protegerlos.

CONCLUSIONES

El cambio climático y la presión antrópica están afectando los sistemas terrestres y marinos, en algunos casos poniendo en riesgo su existencia. Los ecosistemas no son estáticos y cambian constantemente, pero estos cambios son lo suficientemente lentos para permitir a las especies alcanzar grados de equilibrio. El conocimiento de la dinámica de los ecosistemas es muy importante para evaluar su grado de vulnerabilidad frente a los cambios.

Existen distintas técnicas que permiten rescatar observaciones y realizar inferencias sobre la respuesta de los ecosistemas al clima. Por otra parte la simulación del clima futuro teniendo en cuenta distintos escenarios de emisiones permite visualizar el posible comportamiento de los ecosistemas en el futuro y su vulnerabilidad. La evaluación de estas vulnerabilidades es el primer paso en la implementación de acciones de adaptación.

En las áreas protegidas, las medidas de adaptación de acción directas se relacionan con la conectividad de las áreas en corredores que permitan a las especies encontrar nuevos nichos para establecerse. Sin embargo, existen conjuntos de medidas que son comunes e independientes de la vulnerabilidad de los sistemas y corresponden a las decisiones políticas de protección, al dictado de leyes con los presupuestos adecuados, el poder de policía para hacerlas cumplir y finalmente el incremento de la investigación en los sistemas ecológicos para monitorear y detectar los cambios.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Cobos, D. y Boninsegna, J. 1983. Fluctuations of some glaciers in the upper Atuel river basin, Mendoza, Argentina. Quaternary of South America and Antarctic Peninsula 1: 61–82.

IPCC 2007: Contribution of Working Group II to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change – Summary for Policy Makers www.ipcc-wg2.gov/publications/AR4/index.html

Le Quesne, C., Acuña, C., Boninsegna, J., Rivera, A. y Barichivich, J. 2009. Long-term glacier variations in the Central Andes of Argentina and Chile, inferred from historical records and tree-ring reconstructed precipitation. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 281:334–344.

Morales, M., Villalba, R. y Boninsegna, J.A. 2005. Climate, land-use and Prosopis ferox recruitment in the Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Argentina. Dendrochronologia 22:69-174.

Thomas, C.D., Cameron, A., Green, R.E., Bakkenes, M., Beaumont, L.J., Collingham, Y.C., Erasmus, B.F.N. y de Siqueira, M.F., and co-authors. 2004. Extinction risk from climate change. Nature 427:145-147.

Urrutia, R y Vuille, M. 2009. Climate change projections for the tropical Andes using a regional climate model: Temperature and precipitation simulations for the end of the 21st century. J. of Geophys. Res. ,V114, D02108, doi:10.1029/2008JD011021.

Villalba, R., Lara, A., Boninsegna, J.A., Masiokas, M., Delgado, S., Aravena, J.C., Roig, F.A., Schmelter, A., Wolodarsky, A. y Ripalta, A. 2003. Large-scale temperature changes across the Southern Andes: 20th-century variations in the context of the past 400 years. Climatic Change 59:177–232.

Villalba, R., Masiokas, M., Kitzberger, T. y Boninsegna, J. 2005. Biogeographical consequences of recent climate changes in the Southern Andes of Argentina. Advances in Global Change Research 23:157 -166