Autor
  • Claudio Guzmán
    Encargado de comunicaciones  
    Ex Proyecto GEF Marino
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Importancia de la comunicaciones para el establecimiento sustentable de una área marina y costera protegida

INTRODUCCIÓN

En tiempos donde la estructura humana se ve forzada a redefinir sus enfoques, prioridades, valores y costumbres, la propuesta de una iniciativa de conservación debiera evidenciar el significado profundo de la relación con la naturaleza, propiciando una nueva visión que se adelante a los paradigmas propios de un cambio de época. Se contrarresta así la falta de conocimiento, valor y respeto que el ser humano ha tenido históricamente hacia la naturaleza.

Si se analiza la historia de la humanidad se descubre que su desarrollo fue posible gracias al desarrollo de la Cooperación y la Comunicación. Esto como consecuencia de su capacidad para razonar y manejar constructivamente sus emociones. Si los primeros grupos humanos no hubiesen sido capaces de desarrollar dinámicas de cooperativismo no existiría la especie humana como hoy se conoce.

Tomando en cuenta lo anterior, resulta fundamental que en el proceso de construcción del proyecto (área protegida marina) se considere (en equilibrio con los aspectos técnicos) la importancia de conocer antes y en profundidad a los grupos humanos que serán afectados por la iniciativa. Esto adquiere mayor fuerza cuando el área marina y costera protegida ha sido establecida como resultado de convenios, tratados, políticas o acuerdos generados o adquiridos por el gobierno central, sin participación de las comunidades.

Por ello es básico reconocer, considerar y comprender todo aquello que constituye y da identidad a aquellos grupos humanos, (sus necesidades y expectativas, códigos valóricos, conocimientos y experticias, costumbres y métodos, entre otros). La comprensión e incorporación sistematizada de estos conocimientos dentro de la iniciativa, no sólo será una validación tácita a la pertenencia e importancia que dicha comunidad tiene en el establecimiento y consolidación del área marina y costera protegida, sino que además facilitará una planificación estratégica eficaz y una mayor optimización del uso de los recursos humanos, tecnológicos y económicos.

Saber quienes y como son aquellos grupos humanos le permitirá al proyecto desarrollar una estrategia de comunicación capaz de transmitir (desde su génesis) los fundamentos, alcances y proyecciones de la iniciativa, generando instancias naturales de participación y cooperación, validando el rol que dichos individuos tienen en su consolidación.

Este proceso de “conocer primero” para saber “como decir y hacer después” asegurará que todas las intervenciones que el proyecto haga en el área (estudios, reuniones, entre otros) tengan una percepción positiva. El establecer un esquema de inclusión y participación efectiva, en la cual se tomen en cuenta los conocimientos, experticias y aportes de la comunidad, generará el sentido de pertenencia necesario para asumir las futuras responsabilidades. Esto se fortalece aún más cuando se considera la sistematización de capacitaciones dirigidas a mejorar las capacidades de organización y generar una mayor comprensión sobre los fundamentos de la conservación sustentable, la optimización de procesos y mejores formas de manejo de los recursos naturales. Esto es fundamental cuando se pretende construir una relación basada en la coherencia y equidad de los roles, evitando así el asistencialismo, paternalismo u otra dinámicas perniciosas.

EL CASO DE LAS ÁREAS PROTEGIDAS COSTERO-MARINAS

El establecimiento y consolidación sostenible de un área marina y costera protegida no sucederá “por decreto” o porque simplemente exista una ley. Esto sólo será consecuencia de un proceso alquímico, capaz de trascender las fronteras humanas de la ignorancia, el miedo y la desconfianza. En este sentido la consideración e inclusión de los códigos valóricos y experticias de las comunidades locales en la construcción del proyecto, así como la capacitación de todos los actores involucrados, constituye “el primer palo del puente”, pues resulta vital cuando se pretende que sean las propias comunidades las que finalmente asuman el control. Sin la comprensión y el empoderamiento (fruto de la capacitación, la información y comunicación con la gente) sólo será letra muerta. El proyecto funcionará en la medida que la gente esté preparada y se sepa y sienta protagonista.

De ahí la importancia de que las decisiones y estrategias consideren de manera transversal “la realidad” de quienes estarán involucrados. Se deben identificar claramente los puntos de encuentro o conflicto entre ellos. De esta manera se facilitará el diseño y generación de instancias de convergencia, que propicien y faciliten la comunicación entre las partes.

Desde el punto de vista interno y en relación a la conformación del equipo debería considerarse como requisito básico que quienes pretendan ejercer alguna función en la iniciativa crean en el valor de la participación de la gente. Quienes participen deben ser capaces a su vez, de exigir que los técnicos y asesores externos validen los conocimientos empíricos y saberes de la comunidad.

Un equipo cohesionado, trabajando bajo estos parámetros impedirá transversalmente la generación de anticuerpos hacia el proyecto, ya que la sincronicidad conceptual dará el “peso sustantivo” que definirá el grado de aceptación y compromiso de los actores involucrados. En este sentido la influencia de las “impresiones” generadas por quienes conforman el equipo son altamente determinantes en el proceso de instauración del concepto. Estas personas y sus “personalidades” finalmente se convierten en “referentes” de lo que vendrá. Por ello resulta fundamental que todos los que participen de la iniciativa (tanto la plana estable como los consultores externos) estén conscientes y preparados para “representar coherentemente” desde su área la idea fuerza que sustenta el proyecto.

Quienes trabajan o están relacionados con el tema saben de la importancia y urgencia de la conservación, preservación y protección de los recursos naturales. Se conocen las consecuencias de la depredación y sus efectos en la calidad de vida de la humanidad. Pero esos conocimientos y sensación de urgencia no están arraigados en el colectivo. La gente no siempre entiende el mensaje científico, ni los términos técnicos que se utilizan. Todo aquello resulta ajeno y lejano para muchos individuos, convirtiéndose en otro componente causal de apatía y desinterés. Resulta vital que los científicos que participen sean capaces de construir y transmitir un mensaje didáctico, sencillo y accesible, tanto para la comunidad como para los núcleos que manejan cuotas de poder y tienen injerencia en la toma de decisiones, como son los estamentos políticos, gubernamentales, entre varios otros.

La tendencia mundial, producto de la globalización y de la estandarización de los procesos a todo nivel, supone la aplicación de modelos para una optimización de resultados. Sin embargo en el establecimiento de un área marina y costera protegida la oportunidad radica justamente en considerar la particularidad de cada grupo humano, su cosmovisión, su manera de trabajar, comprender, construir, relacionarse y constituirse para, desde allí, se establezcan los parámetros de sustentabilidad, no sólo económica sino también emocional y conceptual.

ÁREAS DE TRABAJO NECESARIAS

Lo último es de especial cuidado, ya que no es un tema sólo de competencia educativa sino también valórica. En ello se distinguen claramente dos áreas de trabajo que se analizan brevemente a continuación.

Externalización

Desde el punto de vista de la comunicación externa, la proyección sustentable de la iniciativa dependerá del grado de visibilidad que se les dé a los factores diferenciadores, tanto en relación a la biodiversidad como a la valorización y externalización de las singularidades culturales y experticias de la comunidad local. Esto con el fin de que quienes ingresen a un área marina y costera protegida sepan y sientan que entran a un lugar especial, único, que es hogar de un grupo humano organizado, que vive y se desarrolla de manera sustentable y en completa armonía con la naturaleza.

La externalización sistemática y sostenida de este sello distintivo es capaz de actuar como un escudo ante las amenazas de la depredación, convirtiendo la iniciativa en un icono, en un hito histórico y trascendente, llena de valor, heroísmo y visión, tanto interna como externamente.

Internalización

Aún cuando la conservación de los medios naturales se ha convertido en una misión “emblemática”, y es vista por muchos como “una cruzada” romántica, para las comunidades el valor de que su territorio (o parte de el) sea declarado un lugar protegido, radica en la posibilidad de mantener regulada y a salvo su fuente de subsistencia. Por ello, y bajo esta perspectiva, la comunicación entonces debiera orientarse a la expansión de las capacidades de la comunidad y al fortalecimiento de los ejes valóricos que reafirman su cosmovisión. Capacitaciones, foros, reuniones, eventos culturales y monitoreos multidisciplinarios constantes, son algunas de las acciones que facilitarán su consolidación y sustentabilidad.

REFLEXIONES FINALES

Los recursos técnicos para comunicar en ambos sentidos son accesibles y la multiplicidad de plataformas para difusión es inmensa, desde las redes sociales comunitarias, a las cada vez más poderosas redes electrónicas. Al contar con estas plataformas, resulta clave mantener una comunicación fluida con los socios directos e indirectos, buscar puntos de convergencia para generar hitos concretos y producir con ello una mayor confianza en la cadena. Se deben difundir mensajes claros, de fácil comprensión y en formatos sencillos, propiciando el dialogo y el debate interno.

En síntesis, el establecimiento de un área marina y costera protegida no es sólo un hecho científico, un acierto político, o una buena idea económica. Es el reconocimiento oficial al valor de la vida, a la belleza y valor de las etnias, así como un aporte al mundo científico. Es también una oportunidad a través de la comunicación participativa para integrar conceptos de desarrollo y tecnologías amigables con la naturaleza. Además, es una poderosa señal de coherencia, donde participa y tiene injerencia el grupo humano local y todos los estamentos que integran la cadena de factibilidad.

El proceso de consolidación de un proyecto de conservación es también un proceso de consolidación social a pequeña escala, ya que considera e incluye todo aquello que valida, reafirma y proyecta la identidad y sabiduría local. Es poner la vida al centro y al hombre como el administrador de todas las posibilidades. Es, por último, una señal de que la sustentabilidad también depende de la internalización valórica de las buenas prácticas, como un camino viable a la realización y la felicidad.