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  • Prof. Ana Scoones Facultad de Educación Elemental y Especial Universidad Nacional de Cuyo Mendoza, Argentina anascoones@yahoo.com.ar
 
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LA EDUCACIÓN AMBIENTAL Y SUS PERSPECTIVAS EN AREAS PROTEGIDAS. ALGUNAS REFLEXIONES

INTRODUCCIÓN

El campo de la educación ambiental es hoy, quizás, uno de los más controvertidos y cambiantes en el amplio espectro de las temáticas ambientales. En América Latina y especialmente en Argentina, se comenzó a desarrollar hace más de dos décadas, pero aún quedan muchos espacios vacíos tanto en lo teórico como en lo metodológico. En el presente artículo se realiza una aproximación conceptual sobre la educación ambiental y su práctica actual, y además, sobre las posibilidades y obstáculos de su implementación en las áreas protegidas. Algunos de los aspectos más discutidos en este campo consiste en definir a quién le corresponde la educación ambiental en estas áreas, cómo se define el rol de los diferentes actores intervinientes (públicos, privados o comunitarios), y cómo construir una propuesta desde América Latina, adecuada a los distintos contextos socio- históricos y desde perspectivas teóricas propias.

Un análisis profundo de la problemática de las áreas protegidas llevaría a dilucidar los distintos significados que encierran algunos conceptos clave como el de conservación, sustentabilidad, o sostenibilidad. Sin embargo, por cuestiones de extensión no será desarrollado en este espacio1.

La cuestión de la gestión de las áreas protegidas es compleja, y no se encuentra sólo en manos de los expertos, sino que requiere de la participación individual y colectiva de muchos sectores de la sociedad. Desde este contexto, es fundamental entender que el diseño y la propuesta de programas de educación ambiental no están al margen de la concepción sobre las estrategias empleadas para la conservación y manejo de las áreas protegidas. El problema es, entonces, del cómo, para qué y para quién conservar la diversidad biológica, cómo se construye la sustentabilidad de las áreas protegidas y cómo se involucra a más actores sociales.

AMBIENTE, EDUCACIÓN Y CONOCIMIENTO

Como en toda práctica social, en el campo del ambientalismo coexisten diversos discursos. La educación ambiental refleja la existencia de distintas perspectivas, miradas y percepciones sobre el ambiente. En el interior de estos discursos se engendran distintas concepciones del mundo y del papel que desempeñan la naturaleza y el ambiente. Si se acepta que la realidad es una construcción social, las preguntas sobre los problemas y las respuestas, dependen de estas concepciones. De allí, que la educación ambiental no debe estar ajena a estas ideas (Scoones, 2005).

No se puede negar que son las sociedades, cada una con sus particularidades, con sus modos especiales de relación con los sistemas naturales, las que impactan sobre la naturaleza. Las creencias, los sistemas económicos, las formas de organización social, el nivel de educación y los valores de la población, son variables que modelan las relaciones naturaleza- sociedad y que deben tenerse en cuenta al abordar un problema o cuestión ambiental. El panorama se complica un poco más si además se tiene en cuenta que las sociedades tampoco son homogéneas. Dentro de cada una hay diferentes actores sociales con diversos intereses. Una cierta acción puede ser buena para algunos pero inaceptable para otros.

Durante años la educación ambiental se ha asociado al conocimiento sobre el funcionamiento y desarrollo de los sistemas naturales y, de allí, que predominara una fuerte tendencia a estar subordinada al campo de las ciencias naturales. Se ha discutido mucho sobre la vinculación de la educación ambiental con la adquisición de conocimientos sobre la naturaleza como objeto, sin dar casi importancia a los factores sociales, políticos, económicos, ni a aspectos epistemológicos, éticos y estratégicos. Este tipo de educación, que se basa en un lenguaje científico de difícil acceso al educando, termina siendo una transmisión vertical sin incentivar una participación y un cuestionamiento activo sobre la complejidad del problema ambiental.

La educación ambiental desarrollada en ámbitos escolares, en general, se ha limitado a un activismo sin reflexiones más profundas y críticas del cómo, por qué, y para quién se dirige esta acción, lo que lleva fácilmente a posiciones instrumentalistas tanto en lo que se refiere al contenido trasmitido, como al método para su transmisión. En muchas ocasiones esto demuestra un franco rechazo a la reflexión y la construcción teórica, con el riesgo de que, al no tener los fundamentos claros, genere una ruptura entre el discurso (lo que se quiere obtener) y la práctica, (los resultados concretos a largo plazo obtenidos) (Alba, 1992).

Estos problemas enunciados reflejan una escasez o falta de discusión interna epistemológica en la educación ambiental. González (2003) resalta que “la discusión a nivel paradigmático todavía no se difunde entre los educadores ambientales de la región latinoamericana”. Actualmente, el campo de la educación ambiental se ha ampliado y diversificado. Se ha pasado de una línea única caracterizada por el énfasis naturalista, a propuestas que plantean el respeto por todas las culturas, la diversidad y la interacción cultural. De una educación ambiental para la conservación y la biodiversidad, se ha llegado a proyectos que plantean la construcción colectiva de la sustentabilidad. De una educación centrada exclusivamente en el mundo escolar se ha pasado a una que enfatiza la formación de los adultos, de los profesionales, de los gestores, tomadores de decisiones, educadores no formales, fuera de las instituciones formativas tradicionales.

Por todo esto, no se puede hablar de una única educación ambiental, y trasplantar modelos o experiencias de un lugar a otro, de una cultura a otra. Los discursos, las prácticas, los proyectos y aún el bagaje conceptual que encierra toda propuesta de intervención, refleja la concepción de desarrollo que sus gestores promueven y oculta relaciones concretas de poder que influyen en las decisiones y en las políticas públicas (Eschenhagen, 2005).

La producción del conocimiento científico no se encuentra al margen de estos posicionamientos. Es más, los discursos académicos frecuentemente representan un fundamento para defender o sostener argumentos acerca de la naturaleza y sus recursos, a menudo desde intereses económicos y políticos.

LA SITUACIÓN DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL EN AREAS PROTEGIDAS

Actualmente existe una discusión acerca de los modos de hacer educación en áreas protegidas, un espacio donde se entrecruzan tanto la mirada de los expertos como la de los pedagogos. También se discute el nombre que debe llevar, si educación para la conservación o para la sustentabilidad, entre otros. En los últimos tiempos, los discursos de los organismos mundiales y algunos referentes locales, han introducido la denominación de “educación para el desarrollo sustentable o sostenible”, o “educación para la sostenibilidad” en reemplazo de “educación ambiental”.

No se profundiza acá la discusión sobre la denominación a adoptar, ya que es un debate teórico que debe abordar cada equipo de profesionales en cada contexto particular. Siguiendo el análisis que realiza Sauvé (Sauvé, 1999), se puede entender que la denominada “educación para el desarrollo sostenible” se encuentra en una línea teórica que sustenta el mundo occidental capitalista, con énfasis en una lógica economicista para entender el significado del desarrollo. El desarrollo sostenible es un concepto muy controvertido y cuestionado, de allí que colocarlo como un fin en sí de manera homogeneizada para la educación, puede resultar una reducción simplista y peligrosa. Aparte de los serios cuestionamientos sociales, políticos y económicos, la propuesta de una educación para el desarrollo sostenible tiene también serios problemas conceptuales, éticos y culturales (Eschenhagen, 2005).2

Asimismo, desde esta perspectiva, hay principios que influyen sobre los modelos de gestión que envuelve a las instituciones y a los distintos actores así como a las decisiones y programas a desarrollar. Tradicionalmente, en lo que se conoce como programas y proyectos de educación ambiental en áreas protegidas, subyace un fuerte componente ético y orientado hacia los valores tales como “preservar la naturaleza” y el cuidado del ambiente (Scoones, 2005). Los contenidos se han limitado a proporcionar información sobre la naturaleza y los impactos de la actividad humana sobre ella, así como a introducir conceptos como el de conservación y biodiversidad. Aquí se manifiesta una perspectiva instrumental en proyectos de corte informativo o lúdico ligados a la conservación de una especie en particular, con actividades dirigidas a sensibilizar al público. En general, no se tienen en cuenta las relaciones e interacciones dentro de un ecosistema y los factores económicos y socioculturales implícitos en el uso del recurso en un lugar determinado. Frente a esta propuesta educativa, se inscriben las pedagogías críticas que pretenden configurar nuevos estilos de conocimiento pugnando por desestructurar las disciplinas convencionales y producir conocimientos interdisciplinarios que respondan mejor a la complejidad de lo real.

En los últimos años, se ha ampliado esta mirada y se reconoce la necesidad de una mayor participación de todos los actores involucrados en las áreas protegidas y aledañas, así como la intención de incorporar en forma efectiva a la población local, fortaleciendo su papel en la definición de las acciones.

Educación en Parques Nacionales y otras Áreas Protegidas en Argentina

En el caso particular de Argentina, la Administración de Parques Nacionales ha incorporado la Educación Ambiental a lo largo de las últimas décadas desde distintas perspectivas, tal como lo analizan algunos autores a partir de las publicaciones de este organismo (Vázquez, 2009).

Estas diferentes acepciones de educación se reflejan en las propuestas que se han desarrollado en los parques nacionales y otras áreas protegidas. Existen visiones donde estas áreas se consideran separadas de las comunidades, que tienen como único fin la conservación de la naturaleza, a las propuestas donde se integran a las poblaciones locales y la diversidad cultural como centro de las acciones. Las comunidades han pasado de un lugar marginal dentro de la administración de estos espacios, como una simple estrategia en los planes de manejo, a tener más protagonismo dentro de las acciones institucionales.

Las actuales experiencias de educación en áreas protegidas se limitan a proporcionar información sobre las diversas especies y buscan, en general, despertar interés y sensibilizar a los participantes acerca del paisaje y su excepcionalidad. Sin embargo, en los últimos años se ha impuesto la mirada de las corrientes que abogan por el desarrollo sustentable, cuyos objetivos son cuidar la naturaleza para el futuro y proporcionar información para lograr la concientización en los visitantes. Los guardaparques han sido los principales ejecutores de los proyectos educativos de los parques nacionales y otras áreas protegidas.

Otro componente muy presente en la educación ambiental ha sido la separación que se establece con las actividades de turismo y recreación, siendo éstas un conjunto de senderos o recorridos por determinadas áreas de las reservas para la contemplación, el disfrute del paisaje y la valorización de los recursos que en ella se encuentran. Con respecto a la participación de los actores involucrados, se ha limitado a los administradores y expertos, guardaparques y educadores, asumiendo el papel de los “que saben cómo manejar estos espacios”, que deben crear conciencia en el visitante, frente a “los que deben ser capacitados”. El Estado ha desempeñado el rol principal en la gestión y administración, y además, ha ejercido la función de vigilancia.

En síntesis, los planes de educación ambiental en parques y áreas protegidas han tenido el carácter de esporádicos, marginales e instrumentales. Por lo general, las propuestas educativas visibles aparecen como proyectos y no logran cristalizarse en actividades concretas. A partir de la década del 2000, la actividad turística, el aprovechamiento de los recursos naturales y culturales, los conceptos de sustentabilidad ambiental, desarrollo y crecimiento, y la concientización, aparecen como dimensiones vinculadas entre sí y, a la vez, con la política de conservación de las áreas protegidas.

No se incorporan principios de economía sobre los recursos naturales, que sería fundamental para comenzar a comprender el valor de los recursos en las economías locales y la vida de las comunidades que de ella dependen, como actores principales para la solución de los problemas socio-ambientales de la región. Según la visión de los protagonistas, la labor de los educadores a favor de la sustentabilidad no se ve favorecida por el modelo de desarrollo dominante. Existe un generalizado consenso entre los gestores de áreas protegidas en afirmar que la construcción de los planes de manejo del área, resulta una oportunidad para integrar las estrategias educativas a las problemáticas reales de conservación (Reyes, 2009). Se reconoce que las políticas gubernamentales pueden ser entre sí antagónicas o incongruentes con la conservación de los ecosistemas, dificultando aun más el trabajo en este sentido.

Dificultades y obstáculos para generar propuestas genuinas de educación

Las dificultades pertenecen a distintas dimensiones, desde lo estrictamente institucional, a las cuestiones financieras y de gestión que impiden lograr un marco para proponer una planificación educativa completa. Existe una insuficiente formulación de planes estratégicos para la educación y débiles procesos de sistematización y evaluación. A la falta de estrategias definidas y continuas, se deben sumar las debilidades formativas y pocas opciones de capacitaciones de los educadores, ensanchando más la brecha entre la generación de conocimientos y su divulgación y consecuente aplicación.

Los equipos de trabajo dedicados a esta labor son escasos, se les asignan muchas actividades que no necesariamente están relacionadas entre sí y reconocen que no han construido un liderazgo en materia educativa. Ello provoca que la respuesta que brindan las áreas protegidas en materia de educación ambiental, esté por debajo de las demandas y de las problemáticas a resolver (Reyes y Castro, 2009).

Asimismo, la situación en la Administración de los Parques Nacionales y también en las áreas protegidas dependientes de los gobiernos provinciales, es frágil desde el punto de vista presupuestario. Esto último tiene su repercusión en la continuidad de los equipos de educación, que se enfrentan, muchas veces, a una marcada incertidumbre laboral, acarreando consecuencias que debilitan el desempeño educativo e institucional.

El planteo de una educación ambiental debe estar integrado a políticas institucionales estratégicas consensuadas, que le otorgue protagonismo a todos los actores involucrados y que establezca en forma clara los objetivos y la coordinación entre las distintas instancias de gestión. Es importante que este planteamiento esté relacionado con la generación de conocimientos y la resolución de los problemas vinculados a las comunidades locales y regionales.

La experiencia educativa en áreas protegidas de la provincia de Mendoza

La provincia de Mendoza no es ajena a la situación planteada para el resto del país con respecto a la práctica de la educación ambiental en general y en áreas protegidas en especial. Cuenta con 11 áreas declaradas reservas naturales provinciales en su territorio. Algunas de estas áreas, por estar ubicadas a menor distancia de los centros urbanos y tener mayor accesibilidad, cuentan con un equipo de guardaparques que actúan como “guías” de los visitantes. Hay una tendencia a denominar como educación ambiental a las actividades que se realizan dentro de la reserva, sin diferenciar de las visitas guiadas.

Una de ellas es la Reserva Natural Villavicencio, ubicada en un ambiente semiárido, de gran fragilidad, al Noroeste de la ciudad de Mendoza. En ella se encuentran algunas de las unidades fitogeográficas más representativas de la flora y fauna del monte, categorizada como Reserva Hídrica Natural y Reserva Natural Manejada. Cabe aclarar que constituye el primer caso, en la provincia, de un área protegida ubicada en terrenos privados pero con el manejo de los recursos naturales sometido al control del Estado (Codes et al., 2007). Entre los objetivos de su creación se proponen proteger los ecosistemas naturales y las especies de flora y fauna y preservar los recursos hídricos de la contaminación antrópica.

La administración de esta reserva ha generado un proyecto educativo-recreativo denominado “Senderos Interpretativos de bajo impacto ambiental”, como una herramienta para comunicar sobre el valor de la conservación del patrimonio cultural y la biodiversidad de los diferentes ambientes que componen esta área (Noguera, 2009).

En este marco, los objetivos propuestos por los ejecutores del proyecto es “preservar los recursos naturales y proporcionar un uso recreativo de alta calidad” (Noguera, 2009). Un componente decisivo de gestión es la educación ambiental del visitante vinculado a los “siete principios de No deje Rastro”, propuesto a inculcar una ética ambiental y conocimientos específicos de bajo impacto el cual lleva, a través de un método sencillo, a reducir la necesidad de enfrentar problemáticas ambientales de difícil recuperación.

La propuesta consiste en tres senderos principales, correspondientes a lugares de gran significancia cultural por su historia y sus recursos. Los argumentos para su definición están apoyados esencialmente en los valores paisajísticos y la necesidad de preservar ejemplares de los ambientes fitogeográficos que se encuentran dentro de esta reserva. Además, se incorporan al recorrido algunos sitios arqueológicos hallados por los científicos, testimonios de una ocupación en tiempos pasados y un modo de vida ligado a la explotación minera en la zona.

La presencia de un hotel de turismo –actualmente abandonado- y la explotación y embotellamiento de agua mineral por parte de una empresa multinacional en el área de la reserva, no aparecen en el planteo de este proyecto educativo-recreativo. Tampoco se hace mención a los posibles proyectos de explotación minera para el futuro cercano, que se encuentran hoy en conflicto con otros usos de la reserva.

En sus principios, esta propuesta tiene un marco interpretativo fuertemente naturalista y de conservación de la reserva “tal cual está”, y busca impactar lo menos posible con la realización de estos circuitos. Sin embargo, otras fuerzas externas están amenazando de forma concreta esta zona y sus riquezas minerales se pueden convertir en objeto de explotación en manos de empresas privadas. En este caso particular, una mirada sobre los factores económicos y políticos que se relacionan con la gestión y conservación de las áreas naturales protegidas servirán para formular estrategias concretas e influir en la toma de decisiones.

Surgen muchas preguntas acerca de la responsabilidad que le cabe a los educadores ambientales, como formadores de ciudadanía y orientadores de las políticas públicas: ¿se puede superar la interpretación dominante y construir una propuesta de educación ambiental que tome en cuenta los factores sociales, políticos, económicos en los que se insertan estas áreas, no ajenas a la disputa por el poder y la apropiación de los recursos?.

LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO ACTO POLÍTICO

¿Qué significa cuando se está sosteniendo que la educación ambiental es «un acto político»? Lo que se está queriendo decir es que ya no se puede seguir trabajando simplemente para dar información, crear conciencia y despertar sensibilidad. Es necesario trabajar para la toma de decisiones. La implementación de programas de educación ambiental debe partir de la definición, con toda claridad, del concepto de ambiente y de desarrollo, no desde un enfoque no neutral sino política e ideológicamente deliberado, que destaca lo ambiental como una construcción social.

Esa es la dimensión política de la educación ambiental, tanto en ámbitos formales como en otros contextos donde se practique, como las áreas protegidas. Hay que trabajar para que la gente tenga más información y más opiniones sobre las problemáticas ambientales que afectan a su entorno, para que sepa más cosas acerca de las relaciones entre los grandes problemas y conocer su lugar, para que pueda influir en las decisiones sobre el ambiente. Ésta es una fase del quehacer educativo que resulta necesaria pero no suficiente. Hay que trabajar para que las personas tomen decisiones, desde la educación infantil hasta la educación de adultos Esa es la dimensión política de la educación ambiental y, en ese sentido, es un acto político.

CONSIDERACIONES FINALES

La educación ambiental es un proceso inseparable de la gestión y manejo de las áreas protegidas. Debe plantearse en la planificación estratégica de estas acciones, permitiendo la amplia participación de todos los sectores involucrados, respetando las particularidades e intereses de las comunidades locales. A su vez, este espacio aún en construcción, tiene sus especificidades, por lo cual se debe confiar su diseño a profesionales del campo de la educación, pero en colaboración con los expertos en temáticas ambientales y en espacios protegidos.

Otro tema clave es la financiación de las áreas protegidas, que también involucra la financiación de las actividades de educación, para garantizar su continuidad y su institucionalización. Es importante reafirmar el rol indelegable del Estado, tanto para definir las políticas públicas en estos temas, como también para insertar a las áreas protegidas en las estrategias nacionales de desarrollo y conservación de la biodiversidad. Para ello, es fundamental estudiar el impacto de las políticas macroeconómicas en las áreas protegidas.

En el plano estrictamente educativo, se trata de abrir espacios para el intercambio de experiencias, generando enfoques y políticas compartidas, en las cuales la educación sea un componente orgánico. La educación debe ser un esfuerzo compartido, que rebasa la conservación ecológica al interior de las áreas protegidas y los ubica dentro de un movimiento social que, desde sus propios intereses y motivaciones, busca nuevas formas de relación con los ecosistemas.

Es importante promover una educación ambiental encuadrada en perspectivas sociales y críticas, que estimulen en la sociedad la transformación de las realidades contemporáneas. Esta educación debe interpretar los conflictos del presente, cuestionar los discursos únicos y proponer otras lógicas y alternativas a las actuales. Ello hace necesario que las líneas de acción más urgentes se focalicen en:

  • Iniciar el diálogo fluido entre los técnicos (incluyendo técnicos en conservación, guardaparques, entre otros) y los docentes para instrumentar propuestas de educación ambiental basada en la reflexión ética y epistemológica, contextualizadas a la realidad de cada espacio.
  • Incluir en la formación inicial y en las instituciones formadoras de docentes una educación ambiental social, crítica y transformadora.
  • Asegurar la actualización continua de los educadores, sostenida en el tiempo, para afianzar y consolidar las innovaciones.

NOTAS

1Sobre estos conceptos y sus concepciones en relación a la educación ambiental se puede referenciar a distintos autores latinoamericanos como Leff (1999), González, (2000, 2001, 2002), y Tréllez (2003).

2Al respecto son esclarecedores los conceptos de Lucie Sauvé en su artículo “La educación ambiental entre la modernidad y la posmodernidad: en busca de un marco de referencia educativo integrador”, donde se analizan las bases epistemológicas, éticas y pedagógicas de la propuesta de la UNESCO sobre la educación para el desarrollo sustentable. Sobre educación para el desarrollo sostenible, ver el artículo de M. Luisa Eschenhagen “Los desafíos de la educación ambiental en épocas del “desarrollo sostenible”.

BIBLIOGRAFIA CITADA

Codes, M. Robledo, S y Schegnfet, M. 2007. ¿Hay dicotomía entre el desarrollo sostenible, el turismo, la minería, la extracción de agua mineral y otras actividades en una reserva natural? bdigital.uncu.edu.ar/fichas.php. Fecha de consulta del artículo: 24/06/10.

de Alba, A. 1992. La educación ambiental y sus objetivos, En: Memorias, Reunión Anual del Programa Universitario de Medio Ambiente, UNAM, Vol. 1. 21 p.

Eschenhagen. M. L. 2005. Los desafíos de la educación ambiental en épocas del “desarrollo sostenible”. Revista Hombre y Desierto Nº 12:(73-86).

González, E. 2000. Complejidad en educación ambiental. Tópicos en Educación Ambiental, Vol 2 (4): 21-32.

2001. En pos de la historia de educación ambiental. Tópicos en Educación Ambiental , Vol 3 (8):28-43.

2002. Educación ambiental para la biodiversidad: Reflexiones sobre conceptos y prácticas. Tópicos en Educación Ambiental Vol 4 (11): 76 - 85.

Leff, E. 1999. La Pedagogía del Ambiente. En: Educación Ambiental para el Desarrollo Sustentable. CETERA. Buenos Aires.

Noguera, Pedro A. 2009. Senderos Interpretativos de bajo impacto ambiental en la Reserva Natural Villavicencio. Mendoza. Argentina. En: VI Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, San Clemente del Tuyú, Buenos Aires, Argentina.

Novo, M. 1998. La Educación Ambiental. Bases éticas, conceptuales y metodológicas. Ediciones UNESCO – Editorial Universitas SA. Madrid, España. 270 p.

Reyes, J. y Castro, E. 2009. La educación en las áreas protegidas: una mirada interna. En: VI Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, San Clemente del Tuyú, Buenos Aires, Argentina.

Sauvé, L. 1999. La educación ambiental entre la modernidad y la posmodernidad: en busca de un marco de referencia educativo integrador, Tópicos en Educación Ambiental 1 (2): 7-25.

Scoones, A. 2005. La educación ambiental como política de Estado. En: Conflictos socio-ambientales y políticas públicas en la provincia de Mendoza (p 184-203). Oikos red ambiental, CELS, FLACSO, Universidad San Andrés. Ed. Aguirre. Mendoza, Argentina.

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Vázquez, S. 2009. La Educación Ambiental en la Administración de Parques Nacionales: una descripción de las actividades educativas publicadas por el organismo en los ´80, ´90 y 2000. En: VI Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, San Clemente del Tuyú, Buenos Aires, Argentina. www.6iberoea.ambiente.gov.ar/trabajosentalleres09.htm