Autores
  • Lindsay Canet-Desanti
    Especialista en Corredores Biológicos y Áreas Protegidas.
    Cátedra de Áreas Protegidas y Corredores Biológicos "Kenton Miller"
    E-mail: lcanet@catie.ac.cr
  • Bernal Herrera
    Director
    Cátedra de Áreas Protegidas y Corredores Biológicos "Kenton Miller"
    Universidad Nacional Agraria La Molina, Perú
  • Bryan Finegan
    Líder del Programa de Manejo y Conservación de Bosques
    Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE)
    Turrialba, Costa Rica
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Efectividad de manejo en corredores biológicos: el caso de Costa Rica

Introducción

Los corredores biológicos son estrategias de conservación de uso común en América Latina y otras partes del mundo (Bennet y Mulongoy, 2006). Estos suelen desarrollarse en paisajes fragmentados y que son vulnerables al impacto humano y al cambio climático (Bennett, 1998; Parrish et al., 2003). Su objetivo fundamental es restablecer y mantener la conectividad en el paisaje, la cual es entendida como el grado en que un uso de la tierra facilita o impide un proceso ecológico en particular. Es decir, que a través de acciones que busquen mejorar las características del paisaje, sea posible contribuir a incrementar las probabilidades de persistencia de muchas poblaciones de especies silvestres (Bennett, 1998; Herrera y Finegan, 2008), así como la continuidad de los procesos ecológicos clave en la provisión de servicios ecosistémicos esenciales para la vida en el planeta (Canet-Desanti et al., 2011).

En su concepción, los corredores biológicos integran el desarrollo sostenible con la conservación. Es decir, buscan fortalecer áreas que son clave para el mantenimiento de la biodiversidad (tales como las áreas protegidas) implementando acciones que contribuyan a mitigar/disminuir las amenazas que sobre ellas se ciernen. Paralelamente, se procura mejorar las condiciones de las zonas aledañas a estas áreas clave, mediante la incorporación de prácticas productivas amigables con el ambiente.

Sin embargo, para que esto sea posible, es imprescindible trabajar con las comunidades locales, a través de educación ambiental y el mejoramiento de las capacidades locales para la gestión y uso sostenible de los recursos naturales. Ello con el fin de que los pobladores puedan recibir, además de los beneficios ambientales, beneficios económicos que en conjunto contribuyan a mejorar su calidad de vida (Canet-Desanti 2007). Se dice que para lograr una gestión efectiva, los corredores biológicos deben tomar en cuenta cuatro componentes básicos:

  • El mantenimiento de la integridad ecológica y la viabilidad de las poblaciones de especies, así como la provisión de los servicios ecosistémicos asociados, incluyendo los potenciales efectos del cambio climático.
  • La mitigación y el control de las principales fuentes de presión a la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.
  • Una alta capacidad de gestión del territorio y del conocimiento, a las respectivas escalas de organización social (local, regional, nacional) del territorio para el logro de los diferentes objetivos de conservación y desarrollo, incluyendo los mecanismos financieros que aseguren las sostenibilidad de las acciones.
  • Mecanismos que aseguren la participación social a la escala adecuada para la definición de los objetivos de la gestión y definición de los elementos requeridos para el control del avance de las metas planteadas.

Es así, como los corredores biológicos se transforman en unidades de gestión de la biodiversidad (Canet-Desanti et al., 2008) en donde, más que nunca, se hace imprescindible la participación local (Finegan et al., 2008; Canet-Desanti et al., 2008) dentro de un proceso de planificación sistemática (Herrera y Finegan, 2008). Este proceso debe partir de los principios del manejo adaptativo, en donde sea posible sortear los retos de la incertidumbre en los cambios que siempre está asociada a las estrategias de conservación y así cumplir con los objetivos propuestos (Finegan et al., 2007; Finegan et al., 2008). Para ello, resulta indispensable incorporar el monitoreo, ya que este provee la información necesaria sobre los cambios y el impacto real de las acciones humanas, permitiendo así ajustar las estrategias de ser necesario (Morán et al., 2005; Finegan et al., 2007; Finegan et al. 2008).

Cómo se monitorea la efectividad del manejo en corredores biológicos

Costa Rica creó una metodología para evaluar la efectividad del manejo de los corredores biológicos (Canet-Desanti et al., 2011), que permitiera, en primera instancia, conocer el grado de avance hacia los objetivos de conservación y sostenibilidad en cada uno de ellos. En segunda instancia posibilitará conocer cómo la sumatoria de todos ellos está contribuyendo a las metas de conservación del país. Esta metodología está enmarcada dentro del Programa Nacional de Monitoreo Ecológico en Áreas Protegidas y Corredores Biológicos, conocido como PROMEC-CR (SINAC, 2007; Finegan et al., 2008).

En términos generales, la metodología consiste en un estándar integrado por tres dimensiones: Ecológica, Gestión y Socioeconómica, donde cada una cuenta con una meta superior. Tanto la Dimensión de Gestión como la Socioeconómica están diseñadas en función de la Ecológica, ya que esta enmarca la razón de ser de los corredores biológicos. Por su parte, la Dimensión de Gestión hace referencia a todos los aspectos administrativos y de planificación que competen al funcionamiento y gobernanza de estas estrategias. Por otro lado, la Dimensión Socioeconómica está asociada con la relación que el corredor biológico tiene con las comunidades rurales que se encuentran dentro de él y cómo a través del corredor es posible mejorar la calidad de vida de sus pobladores, haciendo un uso sostenible de los recursos naturales (Canet-Desanti et al., 2008).

Recuadro 1
Meta superior de cada dimensión del estándar


Dimensión de Gestión
Consolidar una estrategia de corredor biológico que funcione bajo un proceso de institucionalidad local, con diversidad de actores en diferentes grados de involucramiento y de participación intersectorial, respaldados por un marco político y legal.

Dimensión Socioeconómica
Contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas que habitan en el corredor biológico mediante la conservación, el uso sostenible de los recursos naturales y las prácticas amigables con el ambiente.

Dimensión Ecológica
Favorecer el mantenimiento de la viabilidad biológica de poblaciones y comunidades naturales de flora y fauna, así como la continuidad de los procesos ecológicos a través del paisaje, para disminuir la destrucción, fragmentación, aislamiento y simplificación de los hábitats naturales, mejorar la conectividad del paisaje y contribuir a la provisión de servicios ecosistémicos.

Asimismo, la meta superior de cada dimensión está dividida en parámetros que son: principios criterios, indicadores y verificadores (Figura 1). No obstante, para medir el avance de los corredores biológicos, existen fases de gestión que reflejan el punto en el que se encuentra un corredor en particular, ya que las acciones que se ejecutan no son las mismas para un corredor que recién se está consolidando, que para uno que ya ha logrado este fin.

Las fases de gestión fueron establecidas a partir de un estudio que se enfocó en sistematizar once experiencias exitosas de corredores biológicos (Canet-Desanti, 2007; Canet-Desanti et al., 2008; SINAC, 2008). De esta forma se pudo identificar tres fases de gestión. La Fase I mide indicadores asociados con la planificación estratégica, la institucionalidad y el fortalecimiento del concejo local (formado por las principales organizaciones de base, grupos locales e instituciones privadas y gubernamentales con competencia en temas ambientales y desarrollo sostenible).

Figura 1. Esquema del Estándar correspondiente a la metodología para el monitoreo de la efectividad de manejo de corredores biológicos
 

Por otro lado, la Fase II parte del principio de que una vez que se cuenta con un concejo local fortalecido y organizado, que tiene objetivos claros y estrategias para lograrlos, es posible incidir en la disminución de las amenazas y cambiar la forma en que los pobladores se relacionan con sus recursos naturales. Esto se logra a través de la educación ambiental, la capacitación y la implementación de prácticas amigables con el ambiente. Finalmente, en la Fase III, ya se dispone de un concejo local fortalecido y organizado, que trabaja en actividades dirigidas a restablecer y mantener la conectividad, en conjunto con las personas que habitan dentro del corredor biológico, sensibilizadas con la conservación y que han cambiado sus prácticas productivas y su forma de relacionarse con el ambiente. Es en este punto, en donde se ha generado una serie de condiciones que permiten, no solo tener un impacto positivo en la conectividad funcional, sino que además es posible medir este impacto.

Efectividad del manejo de corredores biológicos en Costa Rica

La implementación de corredores biológicos, en función del fortalecimiento del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, representa una de las estrategias de gestión de la biodiversidad a escala de paisaje, a la que Costa Rica le ha invertido significativos esfuerzos desde el año 2000. Con un Programa Nacional de Corredores Biológicos establecido por Decreto de Ley, una Red Nacional de Corredores Biológicos, integrado por más de 30 corredores biológicos y organizaciones socias a lo largo del país, y un amplio bagaje de conocimiento, instrumentos y proyectos en marcha (SINAC, 2008), se hacía más que necesario medir el impacto que todos estos esfuerzos estaban teniendo sobre las metas fijadas (Figura 2). Por tal motivo, en el año 2009 se desarrolló el I Diagnóstico Nacional sobre la Efectividad de Manejo de Corredores Biológicos en Costa Rica (Canet-Desanti, 2009).

Figura 2. Corredores Biológicos evaluados y según la fase de gestión en la que se encuentran. Fase I (color azul), Fase II (color rosado) y Fase III (color naranja). Las áreas en verde claro son las áreas protegidas y las áreas en gris son corredores biológicos que no han sido oficializados aun.
 

En el diagnóstico se valoraron todos los corredores biológicos que eran oficiales para ese momento, según el Programa Nacional de Corredores Biológicos. Fue así, como se evaluaron 24 corredores distribuidos a lo largo del país. Las evaluaciones se hicieron en conjunto con los concejos locales de cada uno de ellos. Esto permitió hacer el monitoreo de forma participativa, con retroalimentación entre el grupo y el análisis colectivo sobre sus fortalezas y debilidades. Para este primer diagnóstico, solo se aplicaron los parámetros relacionados con la Fase I. Fue así, como se pudo determinar que 21 de los 24 corredores evaluados, se encontraban en Fase I y que solo tres reunían los requisitos necesarios para pasar a la Fase II. A estos últimos se les aplicó los parámetros relacionados a esta fase y de estos tres corredores sólo uno (Corredor Biológicos San Juan La Selva) pasó a Fase III, tal como se expresa en la Figura 2.

En cuanto a los corredores biológicos que se encuentran en la Fase I, en términos generales se pudo determinar que cerca del 83% mostraron mejor desempeño en la Dimensión Socioeconómica, mientras que solo tres corredores lo tuvieron en la de Gestión y uno solo (el Corredor Biológico Tenorio Miravalles) lo obtuvo en la Dimensión Ecológica (Figura 3).

Figura 3. Corredores Biológicos según la dimensión con mayor puntaje, ya sea la de Gestión (color azul), la Socioeconómica (color morado) o la Ecológica (color verde). Las áreas en verde claro son las áreas protegidas y las áreas en gris son corredores biológicos que no han sido oficializados aun.
 

Los resultados obtenidos demuestran que los corredores biológicos se han convertido en plataformas de concertación social, capaces de reunir a una amplia diversidad de organizaciones y actores locales interesados en mejorar las condiciones ambientales de sus comunidades. Asimismo, representan la posibilidad de integrar esfuerzos para realizar acciones relacionadas con el ambiente. Sin embargo, no deja de llamar la atención el bajo desempeño de la mayoría en la Dimensión Ecológica. Esto se puede deber a varios factores. Por un lado, los corredores biológicos se han vuelto muy activistas, pero poco efectivos en lograr impactos y/o en medir el impacto que sus acciones están teniendo sobre los recursos naturales. A su vez, no existe a nivel nacional o local los medios por los cuales muchos de estos corredores biológicos puedan generar la información necesaria relacionada con esta dimensión. Los pocos corredores que sí cuentan con esta información lo han logrado gracias a que dentro de sus concejos locales existen instituciones que tienen los medios para generarla, tales como universidades, ONGs e instituciones dedicadas a la investigación.

Recuadro 2

Algunos resultados en la Dimensión de Gestión

  • El 83% de los corredores se reúne mensualmente.
  • El 54% de los corredores ha logrado involucrar a la mayoría de organizaciones relacionadas con la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales.
  • En el 24% de los corredores las responsabilidades se recargan en el coordinador del concejo local, mientras que en el 47% se han distribuido las responsabilidades entre sus socios.
  • Más de la mitad de los corredores no tienen un plan estratégico y los que lo tienen necesitan actualizarlo.
  • El 63% de los corredores tienen planes de trabajo con indicadores de éxito pero solo el 46% ha hecho evaluaciones a sus planes de trabajo.
  • En 15 corredores existen recursos financieros limitados para ejecutar su plan de trabajo; pero ninguno cuenta con recursos para la sostenibilidad financiera en el mediano ni largo plazo.
  • La mitad de los corredores no ha logrado involucrar y coordinar acciones con las áreas protegidas que están en conectividad.
  • Tres cuartas partes de los corredores suelen documentar las actividades más relevantes a través de: memorias, informes, fotografías, lista de asistentes, entre otras, pero solamente el 41% cuenta con información sobre el impacto alcanzado por las actividades más relevantes.

Algunos resultados en la Dimensión Socioeconómica

  • En 21 corredores se desarrollan actividades educativas y culturales.
  • El 66% de los corredores cuenta con grupos formados por personas de las comunidades que apoyan la labor del Ministerio de Ambiente, Energía y Mares, especialmente en el control de incendios forestales y el tráfico de flora y fauna nativa.
  • En 20 corredores se suele realizar capacitaciones para grupos locales.
  • El 62% tiene caracterizados los sitios potenciales para el desarrollo del turismo.
  • En 15 corredores no se han elaborado estudios para conocer el valor que las personas le dan a los servicios ecosistémicos.
  • En 18 corredores no se tiene información sobre las áreas que incluyen.

Algunos resultados en la Dimensión Ecológica

  • En el 80% de los corredores se han identificado ecosistemas de valor para la conservación que no están protegidos y que se encuentran vulnerables.
  • En el 30% de los corredores no existe información sobre uso del suelo y la mitad no tiene mapas sobre tipos de bosques.
  • En 19 corredores no se tiene información sobre rutas de desplazamiento o migración de especies silvestres.
  • En 22 corredores no se han identificado los ecosistemas que presentan mayor vulnerabilidad ante el cambio climático.
  • En cerca de la mitad de los corredores no existen inventarios de especies esperadas, evaluaciones ecológicas rápidas u otro tipo de inventarios.
  • El 58% de los corredores tienen identificadas las áreas de recarga acuífera.

De igual forma, resulta interesante preguntarse, ¿por qué si los corredores biológicos están siendo capaces de concertar a un amplio grupo de organizaciones de diversa índole, no se está logrando percibir la sumatoria de todos estos esfuerzos en impactos tangibles y medibles? Parte de la respuesta a esta pregunta se puede deducir a partir de la ausencia de una planificación estratégica, mediante la cual se pueda establecer procesos y dirigir las acciones a los aspectos más críticos del corredor. Esta planificación estratégica permitiría articular el fortalecimiento de las áreas protegidas que están en conectividad, optimizando los recursos y maximizando los resultados. Para la gestión efectiva de los corredores no sólo es importante la participación y la gestión del territorio, sino que estos dos componentes se deben desarrollar en función del mantenimiento de la integridad ecológica y la viabilidad de las poblaciones de especies. Esto va a ser posible sólo si se realiza un control y mitigación de las principales fuentes de presión sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de interés.

Paralelamente, otro factor que alerta y que hace parte esencial de la gestión efectiva, es la falta de estrategias de sostenibilidad financiera en el mediano y largo plazo. La mayoría de los corredores ejecutan las actividades de sus planes de trabajos, si es que los tienen, a partir del interés particular de sus miembros o lo que estos pueden aportar. Por un lado esto es positivo, ya que impulsa la unión de esfuerzos entre sus miembros y los resultados no dependen de si hay o no hay financiamiento. Pero por otro lado, no permite que el corredor implemente acciones y procesos en donde se requiere. Más bien se están implementando acciones en donde se puede, independiente de la relevancia que esto pueda llegar a tener para la biodiversidad.

De igual forma, es muy difícil sostener procesos de mediano plazo si no se tiene certeza de que se va a disponer de recursos para su seguimiento. Tan solo tres corredores biológicos cuentan con un coordinador contratado por el concejo local, que se encarga de darle seguimiento a toda la planificación y de formular propuestas para buscar fondos. Los demás corredores dependen de la buena voluntad y el entusiasmo de algunos de sus miembros y ha sido el caso, de varios corredores que se han desintegrado a raíz de la salida de este coordinador (Canet-Desanti, 2007).

No obstante, los resultados del diagnóstico también dejaron entrever los impactos positivos que ha tenido toda la inversión que Costa Rica ha dedicado en los últimos años al fortalecimiento de sus corredores biológicos. El solo hecho de contar con 24 concejos locales, formados por una amplia variedad de organizaciones, representa un gran logro para el país, en cuanto al involucramiento y empoderamiento de la sociedad civil en su responsabilidad de velar por la conservación del patrimonio natural. De igual forma, la constancia en las reuniones, pese a la falta de recursos financieros, también demuestra el compromiso y la convicción que sus socios han asumido con cada corredor.

Consideraciones finales

Después del primer diagnóstico para medir la efectividad del manejo de corredores biológicos en Costa Rica, el país se lleva importantes lecciones sobre las acciones, capacidades y los instrumentos que se deben aún generar. Esto para lograr consolidar un Sistema Nacional de Corredores Biológicos, a fin de que contribuya a alcanzar las metas de conservación y sostenibilidad. Es necesario seguir trabajando sobre los componentes de la gestión efectiva, especialmente respecto a la planificación estratégica con fines de conectividad y provisión de servicios ecosistémicos. También se requiere gestionar el apoyo del sector académico-científico para poder seguir generando insumos y conocimientos sobre la efectividad de los corredores biológicos y cómo desarrollar un mejor manejo de los mismos. Además se deben crear y consolidar los mecanismos financieros que permitan a los concejos locales seguir gestionando de forma efectiva la biodiversidad.

Aunado a estos retos, el país tiene de frente los potenciales impactos que el cambio climático va a tener o está teniendo, sobre la biodiversidad, donde se hace aun más necesario propiciar medidas de adaptación y mitigación. Sin duda alguna, los corredores biológicos representan grandes oportunidades para enfrentar estos desafíos. Asimismo, la integración con el componente marino, abre la oportunidad de integrar la gestión terrestre y disminuir las amenazas que acá se generan y que impactan significativamente la biodiversidad marino-costera.

Finalmente, el camino recorrido hacia la consolidación de un Sistema Nacional de Corredores Biológicos ha sido largo y lo que falta es aún más largo. No obstante, este proceso de medición de la efectividad del manejo ha contribuido a evidenciar todos los impactos positivos y las fortalezas desarrolladas en el proceso. También ha permitido identificar las debilidades que existen, a nivel de cada corredor biológico en particular y cómo país. Sin duda, después de haber reflexionado e interiorizado las lecciones aprendidas, el país hará los ajustes necesarios para que en la próxima medición que se haga sobre la efectividad del manejo, se perciba un avance significativo y se esté mejor preparado para enfrentar los nuevos retos que se presentan en el camino.

Consideraciones finales

Después del primer diagnóstico para medir la efectividad del manejo de corredores biológicos en Costa Rica, el país se lleva importantes lecciones sobre las acciones, capacidades y los instrumentos que se deben aún generar. Esto para lograr consolidar un Sistema Nacional de Corredores Biológicos, a fin de que contribuya a alcanzar las metas de conservación y sostenibilidad. Es necesario seguir trabajando sobre los componentes de la gestión efectiva, especialmente respecto a la planificación estratégica con fines de conectividad y provisión de servicios ecosistémicos. También se requiere gestionar el apoyo del sector académico-científico para poder seguir generando insumos y conocimientos sobre la efectividad de los corredores biológicos y cómo desarrollar un mejor manejo de los mismos. Además se deben crear y consolidar los mecanismos financieros que permitan a los concejos locales seguir gestionando de forma efectiva la biodiversidad.

Aunado a estos retos, el país tiene de frente los potenciales impactos que el cambio climático va a tener o está teniendo, sobre la biodiversidad, donde se hace aun más necesario propiciar medidas de adaptación y mitigación. Sin duda alguna, los corredores biológicos representan grandes oportunidades para enfrentar estos desafíos. Asimismo, la integración con el componente marino, abre la oportunidad de integrar la gestión terrestre y disminuir las amenazas que acá se generan y que impactan significativamente la biodiversidad marino-costera.

Finalmente, el camino recorrido hacia la consolidación de un Sistema Nacional de Corredores Biológicos ha sido largo y lo que falta es aún más largo. No obstante, este proceso de medición de la efectividad del manejo ha contribuido a evidenciar todos los impactos positivos y las fortalezas desarrolladas en el proceso. También ha permitido identificar las debilidades que existen, a nivel de cada corredor biológico en particular y cómo país. Sin duda, después de haber reflexionado e interiorizado las lecciones aprendidas, el país hará los ajustes necesarios para que en la próxima medición que se haga sobre la efectividad del manejo, se perciba un avance significativo y se esté mejor preparado para enfrentar los nuevos retos que se presentan en el camino.

Consideraciones finales

Después del primer diagnóstico para medir la efectividad del manejo de corredores biológicos en Costa Rica, el país se lleva importantes lecciones sobre las acciones, capacidades y los instrumentos que se deben aún generar. Esto para lograr consolidar un Sistema Nacional de Corredores Biológicos, a fin de que contribuya a alcanzar las metas de conservación y sostenibilidad. Es necesario seguir trabajando sobre los componentes de la gestión efectiva, especialmente respecto a la planificación estratégica con fines de conectividad y provisión de servicios ecosistémicos. También se requiere gestionar el apoyo del sector académico-científico para poder seguir generando insumos y conocimientos sobre la efectividad de los corredores biológicos y cómo desarrollar un mejor manejo de los mismos. Además se deben crear y consolidar los mecanismos financieros que permitan a los concejos locales seguir gestionando de forma efectiva la biodiversidad.

Aunado a estos retos, el país tiene de frente los potenciales impactos que el cambio climático va a tener o está teniendo, sobre la biodiversidad, donde se hace aun más necesario propiciar medidas de adaptación y mitigación. Sin duda alguna, los corredores biológicos representan grandes oportunidades para enfrentar estos desafíos. Asimismo, la integración con el componente marino, abre la oportunidad de integrar la gestión terrestre y disminuir las amenazas que acá se generan y que impactan significativamente la biodiversidad marino-costera.

Finalmente, el camino recorrido hacia la consolidación de un Sistema Nacional de Corredores Biológicos ha sido largo y lo que falta es aún más largo. No obstante, este proceso de medición de la efectividad del manejo ha contribuido a evidenciar todos los impactos positivos y las fortalezas desarrolladas en el proceso. También ha permitido identificar las debilidades que existen, a nivel de cada corredor biológico en particular y cómo país. Sin duda, después de haber reflexionado e interiorizado las lecciones aprendidas, el país hará los ajustes necesarios para que en la próxima medición que se haga sobre la efectividad del manejo, se perciba un avance significativo y se esté mejor preparado para enfrentar los nuevos retos que se presentan en el camino.

Bibliografía citada

Bennett, A.F. 1998. Linkages in the landscape: the role of corridors and connectivity in wildlife conservation. IUCN. Gland, Switzerland and Cambridge, UK. 254 p.

Bennett, G. y Molungoy, K.J. 2006. Review of experiences with ecological networks, corridors and buffer zones. Montreal, CA, Secretariat of the Convention on Biological Diversity. Technical Series N°. 23. 100 p.

Canet-Desanti, L. 2009. Diagnóstico sobre la efectividad de manejo de los corredores biológicos en Costa Rica (en línea). Disponible en: http://www.sinac.go.cr/corredoresbiologicos/documentacion/diagnostico_cbcr.pdf

Canet-Desanti, L. 2007. Herramientas para el diseño, gestión y monitoreo de corredores biológicos en Costa Rica. Tesis de Magister Sc. CATIE. Turrialba, Costa Rica. 217 p.

Canet-Desanti, L., Finegan, B., Bouroncle, C., Gutiérrez, I. y Herrera, B. 2008. El monitoreo de la efectividad de manejo de corredores biológicos: una herramienta basada en la experiencia de los comités de gestión en Costa Rica. Recursos Naturales y Ambiente N° 54: 51-58.

Canet-Desanti, L., Finegan, B. y Herrera, B. 2011. Metodología para la evaluación de la efectividad del manejo de corredores biológicos. Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE). Turrialba, Costa Rica. 32 p.

Finegan, B., Céspedes, M. y Sesnie, S.E. 2007. El monitoreo ecológico como componente integral del manejo de Áreas Protegidas y Corredores Biológicos en los trópicos: conceptos y práctica. Sistema Nacional de Áreas de Conservación. San José, Costa Rica. 64 p.

Finegan, B., Céspedes, M., Sesnie, S.E., Herrera, B., Induni, G., Sáenz, J., Ugalde, J. y Wong, G. 2008. El monitoreo ecológico como herramienta de manejo para la conservación. Bases conceptuales y estructura del Programa de Monitoreo Ecológico Terrestre en Áreas Protegidas y Corredores Biológicos de Costa Rica. Recursos Naturales y Ambiente N° 54: 66-73.

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Morán, M., Campos, J. y Louman, B. 2006. Uso de Principios, Criterios e Indicadores para monitorear y evaluar las acciones y efecto de políticas en el manejo de los recursos naturales. CATIE. Turrialba, Costa Rica. 70 p. (Serie Técnica. Informe Técnico N° 347).

Parrish, J.D., Braun, D.P. and Unnasch, R.S. 2003. Are we conserving what we say we are? Measuring ecological integrity within protected areas. Bioscience 53(9):851-860.

SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación). 2007. Programa de Monitoreo Ecológico Terrestre de las Áreas Protegidas y Corredores Biológicos de Costa Rica (PROMEC-CR) Etapa I (2007-2001): Resumen Ejecutivo. San José, Costa Rica. 22 p.

SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación). 2008. Guía práctica para el diseño, oficialización y consolidación de corredores biológicos en Costa Rica. Comité de Apoyo a los Corredores Biológicos. San José, Costa Rica. 56 p.