Autor
  • Edson Damas da Silveira
    Procurador de Justicia en Roraima, especialista en Desarrollo Regional Sustentable. Maestría y Doctorado en Derecho Económico y Socio ambiental. Profesor del Programa de Maestría en Derecho Ambiental de la Universidad del Estado del Amazonas (Brasil).
  • Maria Olatz Cases
    Ingeniera de Montes y Abogada, especialista en Gestión Ambiental y de los Recursos Naturales Renovables. Maestría en Derecho Ambiental. Asesora Técnica de la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ) en el Proyecto Protección del Bosque Atlántico II.

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Implicaciones jurídicas del parque nacional del Monte Roraima dentro de la tierra indígena raposa serra do sol en el ámbito de la amazonia brasileña

Introducción

El juicio de la demarcación y homologación de la Tierra Indígena Raposa Serra del Sol por el Supremo Tribunal Federal representa un divisor de aguas en la historia reciente de Brasil para los derechos indígenas, principalmente los relacionados con el reconocimiento de la pose de sus tierras. Este precedente, además de resolver definitivamente el procedimiento de demarcación de esa tierra indígena que se arrastraba por casi treinta años, ha tenido el mérito de lanzar contradicciones e incertidumbres sobre otra realidad igualmente palpitante: la presencia inmemorial de indígenas en unidades de conservación de la naturaleza, principalmente aquellas de protección integral.

La Suprema Corte Brasileña enfrentó el caso concreto del Parque Nacional del Monte Roraima y la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol en la Petición Nº 3 388. Esta petición fue iniciada el 20 de abril de 2005 por el Senador de la República Augusto Affonso Botelho Neto contra la Unión Federal, pleiteando la impugnación de la demarcación continua de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol. Aunque la superposición con el Parque Nacional no fue objeto de la demanda, la decisión del tribunal también tuvo implicaciones en este sentido.

Para entender las contradicciones que resultaron de esa decisión, además de la importancia del ecosistema en conflicto, se hace necesario recuperar brevemente los marcos institucionales, naturales e históricos de la región. Posteriormente, se relatan los esfuerzos hacia la administración conjunta del Parque Nacional del Monte Roraima y se comentan las consecuencias de la decisión del Supremo Tribunal Federal en la referida demanda.3

BIODIVERSIDAD ÚNICA

De belleza natural incuestionable, la formación rocosa del Monte Roraima destaca como importante protagonista de la cosmología indígena, de inestimable valor paisajístico para los no indios y reducto de especies animales y vegetales únicas en el mundo. Es el séptimo punto más alto de Brasil, con exactos 2 734 metros de altura.

La roca monolítica y desnuda del Monte Roraima es pobre en minerales y nutrientes y soporta condiciones de radiación solar y temperaturas extremas, bastante hostiles para cualquier organismo. Por este motivo, en él habitan especies con mecanismos especiales de adaptación para la supervivencia. Algunos pocos ejemplos que han sido registrados son las ranas tóxicas Oreophrynella quelchii y O. macconelli, las plantas insectívoras Heliamphora nutans, Utricularia quelchii, U. humboldtii y Drosera roraimae, la orquídea Epidendrum secundum, las bromélias Brocchinia reducta, B. tatei y Tillandsia turneri, y el arbusto Bonnetia roraimae4. La avifauna también presenta algunas especies que solo existen en esa región, como el periquito-do-

tepuí, guaracava grande, bacurau-do-roraima y el interesante guácharo, ave nocturna que vive en cavernas. Sin embargo, toda su biodiversidad aún es muy desconocida, en función de su aislamiento y de las dificultades de acceso.

HISTORIA

La formación rocosa del Monte Roraima es comúnmente llamada de tepuy por causa de su plataforma de 98 km de extensión. En el idioma pemón, tepuy significa montaña y también casa de los dioses (Martínez, s/f). El Monte Roraima es denominado por los indígenas del tronco lingüístico pemón de ROROIMA, formado por las palabras ROROI (verde azulado) y MA (grande)5. Esa región es la morada de los indios Ingarikó, Macuxi y Patamona.

La civilización occidental solamente tomó conocimiento del Monte Roraima durante el Renacimiento, como personaje de la literatura de viajes. Al final del siglo XVI, Sir Walter Releigh, aventurero y escritor inglés protegido por Elizabeth I, lideró una expedición en parte del imperio colonial español, en lo que hoy es Venezuela, navegando por el Orinoco en dirección al corazón del bosque (Rufino, 2004). Él buscaba El Dorado, ya que documentos españoles y relatos de los indios le hicieron creer que estaba en esa dirección. Pero, lo más notable que encontró, además de algo de oro, fue este imponente relieve tabular elevado, que le sirvió de inspiración del libro “Montaña de cristal” (Rufino, 2004).

El Monte Roraima comenzó a recibir más atención en la mitad del siglo XIX, cuando la Real Sociedad Geográfica financió expediciones inglesas para estudiar todos los rincones del mundo. Las primeras tentativas para llegar a su cima fueron hechas por una expedición al mando de Robert Schomburg, en 1835. Una nueva tentativa fue realizada en 1838 y una tercera siete años más tarde, cuando el hermano de Robert, llamado Richard, declaró que la cima del monte era inaccesible (Melchorri, 2000).

Solamente en 1864 hubo una nueva expedición, por Karl Ferdinand Appun, botánico y naturalista alemán, que también la clasificó de inalcanzable. Charles Barrington Brown realizó estudios en la base del Monte Roraima (en 1869 y 1872) y registró que la única manera de llegar a la cima sería por medio de un globo aerostático. Dos expediciones más (de Flint y Eddington, en 1877, y de Mc Turk y Bassan Wetham, en

1878) también la consideraron inaccesible. La teoría de que el monte solo sería accesible mediante un globo aerostático volvió a ser ventilada en 1883, por el ornitólogo inglés Henry Withely, que estudió las aves alrededor del Monte Roraima. Sin embargo, su conquista no tardaría mucho. Una expedición a mando de Everard Im Thum y Harry I. Perkins, patrocinada por la Real Sociedad Geográfica, consiguió llegar a la cima en 18 de diciembre de 1884.

En este contexto de expediciones, con base en las informaciones y observaciones realizadas, el Monte Roraima fue protagonista de otra obra literaria, publicada en

1912 en Londres, “El mundo perdido”, una de las mejores novelas de ficción de la

literatura inglesa, en la cual es descrito con todo detalle, con plantas y animales que habían parado en el tiempo, interrumpiendo el proceso de evolución. Su autor fue Sir Arthur Connan Doyle, creador del famoso detective Sherlok Holmes.

 

COSMOLOGÍA INDÍGENA

Con el entorno ocupado en el lado brasileño por las etnias Ingarikó y Macuxi, el Monte Roraima alimenta la imaginación y la creencia indígena en la región desde tiempos inmemorables, haciendo parte de las respectivas culturas y sirviendo como punto de referencia para su auto identificación. Los Ingarikó acreditan el surgimiento de ese monte a Macunaíma, el héroe sin carácter retratado en el libro homónimo de Mário de Andrade. Según la leyenda, había un árbol gigantesco en el lugar donde está el Monte Roraima, con todos los tipos de frutos conocidos. Por pereza, Macunaíma cortó el árbol para coger los frutos más fácilmente, por lo que quedó apenas el tronco decepado un poco arriba de su raíz. Después de cortado, el árbol cayó para la Guyana, lo que explicaría el bosque denso del otro lado de la frontera, en contraste con la región de sabana del lado brasilero. El indio Ingarikó Odertino Barbosa afirma que la leyenda aún es contada en las aldeas alrededor del monte (Carneiro, 2008).

El surgimiento de varias cascadas, como la de las Lágrimas, de casi 2.800 metros, y de lagos como el de las Andorinhas (golondrinas), es el “lloro de la naturaleza por el crimen de Macunaíma”, cuenta Barbosa. Después de cortar el árbol, esta divinidad indígena habría desaparecido (Carneiro, 2008).

Los indios Macuxi dan una versión diferente y cuentan que antiguamente, en el exacto local donde se encuentra el Monte Roraima, había apenas tierras fértiles y con abundante agua6. Los habitantes de esa región no necesitaban disputar la comida, pues había abundante caza y pesca. Una vez, nació un árbol bananero, lo que era algo inédito para esa región. La extraña planta creció rápido, dando bellísimos y apetitosos frutos. Los chamanes avisaron que aquel vegetal era un ser sagrado y como tal sus frutos eran prohibidos para cualquier persona de la tribu. También manifestaron que en caso que alguien desobedeciese la regla, e intentase comer sus frutos, sucederían desgracias terribles: la caza se tornaría escasa, las frutas se secarían y hasta la tierra se transformaría en algo diferente. Era permitido comer de todo, menos los frutos del bananero sagrado.

Todos pasaran a temer y a respetar las órdenes de los chamanes. Pero un día, al amanecer, los indios vieron con espanto la primera desgracia de otras muchas que todavía llegarían: un racimo de plátanos había sido cortado. Nadie sabía decir quién podía haber hecho eso. Antes de tener tiempo para descubrir al culpable, la previsión de los chamanes comenzó a suceder. La tierra comenzó a moverse y los cielos se estremecían con los truenos. Todos los animales huían del lugar. Un diluvio comenzó a caer y un enorme monte comenzó a brotar rasgando las tierras inundadas. Y así nació el Monte Roraima. Aún hoy se cree que esa formación rocosa llora cuando caen pequeñas gotas de agua cristalina de sus piedras.

 

LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL MONTE RORAIMA

Delante de las características naturales anteriormente descritas, el Parque Nacional del Monte Roraima fue creado el 28 de junio de 1989, por medio del Decreto 97 887, con una superficie de 117 261,5 hectáreas.

Sus objetivos son la protección de los ecosistemas de la Serra de Pacaraima, preservando su flora, fauna y demás recursos naturales, características geológicas, geomorfológicas y paisajísticas, y el incentivo a la visitación, educación e investigación científica por parte de no indios. También tiene por objetivo la materialización del punto de triple frontera Brasil-Venezuela-Guyana, como marco natural estratégico para la defensa nacional. Aproximadamente 85% de su cima pertenece a Venezuela, unos 10% a Guyana y 5% a Brasil (Marrero, 2002). Este Parque es contiguo al Parque Nacional Canaima, en territorio venezolano.

La Tierra Indígena Raposa Serra do Sol solamente consiguió ser homologada el 15 de abril de 2005, mediante Decreto Presidencial, que ratificó la pose permanente de los grupos indígenas Ingarikó, Makuxi, Patamona, Taurepang y Wapixana. Esta homologación ocurrió después de un largo proceso de reconocimiento que duró más de 20 años, tiempo durante el cual los límites de la demarcación fueron cuestionados debido a conflictos con plantaciones de arroz, villas de no indios, unidades militares y otras instalaciones de infraestructura.

El Parque Nacional del Monte Roraima está localizado en la parte septentrional de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol y se extiende por toda su área boscosa, donde habitan los indios Ingarikó, Macuxi y Patamona. Todo el territorio incluido en el Parque Nacional es área tradicional de ocupación, apropiación y uso de los recursos naturales de las etnias de la región, necesaria para asegurar su supervivencia, cultura y estilo de vida (Lauriola, 2004).

De acuerdo con ese decreto de homologación, el Parque Nacional quedó como bien público de la Unión, sometido al régimen de la doble afectación, destinado a la preservación del medio ambiente y a la realización de los derechos constitucionales

indígenas. El Ministerio de Justicia y el Ministerio del Medio Ambiente, sobre la base de las demandas de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), del Instituto del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA) y de la comunidad indígena Ingarikó, deberían presentar un plan de administración conjunta del Parque Nacional, el cual sería aprobado por el Presidente de la República.

Ese decretó consideró apenas a la comunidad indígena Ingarikó para la elaboración del plan de administración conjunta, lo que causó divergencias con los demás pueblos indígenas que viven alrededor del Monte Roraima. Adicionalmente, hubo protestas de todas las etnias residentes contra la exploración turística y la presencia de no indios en suelo considerado por ellos como sagrado, por causa del Parque Nacional.

PLAN DE MANEJO Y LAS DIVERGENCIAS CON EL PUEBLO INGARIKÓ

Por ser una unidad de conservación clasificada como de protección integral, con restricciones que impiden la interferencia humana directa en su ambiente, el Parque Nacional introduce reglas y actividades que se contraponen con las formas tradicionales de uso de los recursos naturales y la apropiación del espacio por parte de los indígenas que ahí siempre habitaron. La gestión del Parque era realizada sin mucha atención a la presencia indígena, con plena desconsideración de las comunidades Ingarikó Mapaé-Caramambatai y Manalai (localizadas dentro de los límites del Parque) y todas las otras comunidades de las etnias Macuxi y Patamona, establecidas en un área definida como zona de amortiguación. Los problemas de la superposición comenzaron de hecho diez años después de la edición de su decreto de creación. Los indios Ingarikó tomaron conocimiento de la creación de un parque nacional en sus tierras durante un taller para la elaboración de su plan de manejo (Lauriola, 2004).

La elaboración del plan de manejo del Parque comenzó con la realización de un estudio preliminar de campo por parte del Instituto del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA), en colaboración con la Asociación Brasileña de Ingenieros Sanitarios y Ambientales, en octubre de 1999. Posteriormente, fue organizado un taller en febrero de 2000, en Boa Vista (Estado de Roraima). Los cuatro indios de la región Serra do Sol que participaron de ese primer taller no tenían conocimiento previo del asunto que se estaba discutiendo y así lo relataron al Consejo Indígena de Roraima, mostrando sus preocupaciones. El Consejo Indígena de Roraima organizó una asamblea regional en julio de 2000 para tratar lo sucedido. Después de pasados 11 años de su creación por decreto y cinco meses del taller para la elaboración del plan de manejo, los indígenas todavía no sabían lo que era un parque nacional.

Frente a esa situación, la Fundación Nacional del Indio tomó la iniciativa de realizar una serie de reuniones con los indígenas entre junio y septiembre de 2000, totalizando ocho trabajos de campo, para esclarecer a las comunidades directamente afectadas sobre los efectos de la creación de esa unidad de conservación en sus tierras. La palabra de los “tuxauas” (líderes), así como de los demás miembros de las aldeas Ingarikó, fue unánime: kaané! (No). Ellos no aceptaron las reglas y las propuestas del plan de manejo hechas por el IBAMA. No estaban de acuerdo con la institución de un parque nacional en sus tierras, porque eran incompatibles con la permanencia de formas tradicionales indígenas de ocupación del espacio y del uso de los recursos naturales, que entraban directamente en conflicto con los derechos de autonomía y cultura de las etnias allí residentes.

TURISMO E IMPASE INTER-ÉTNICO

En su amplia mayoría, las comunidades Ingarikó también manifestaron su oposición al desarrollo del turismo en sus tierras. Esto tanto de manera general, como específicamente. Las propuestas del plan de manejo destacan como principales polos de atracción turística el Monte Roraima y el Monte Caburaí, lugares sagrados en la cultura de todos los pueblos de la etnia Caribe y preservados con particular cuidado por ser las nacientes de sus recursos hídricos7.

En general, se puede afirmar que la mayoría de las comunidades de la región no tiene un conocimiento detallado de lo que representa el turismo, percibiendo esta actividad como un objeto extraño, externo a su cultura y a sus capacidades de trabajar con él. Por estos motivos, el turismo es asociado con nuevos riesgos de invasión de su espacio, lo que genera miedo, desconfianza y oposición.

“Eu sou da Serra do Sol, mas moro mais no Mapaé. Ali sempre passam os brancos porque tem coisas bonitas, como cachoeiras, Macunaima, etc. Eu não gosto disto!” (Berlita, Serra do Sol).

Esta posición general y mayoritaria tiene dos excepciones. La primera es de un líder del Mapaé-Caramambatai, Leandro, que ya colabora con un empresario de Boa Vista, que lleva turistas en avión a través de Caramambatai para excursiones hasta el Monte Roraima. La posición favorable de Leandro se debe esencialmente a la fuente de renta que el turismo representa. Sin embargo, la situación no parece muy clara, en particular con las expectativas de Leandro frente al desarrollo del turismo y del Parque, sea en términos de renta o de la función político-estratégica.

“Eu não aceito o Parque Nacional, mas vou trabalhar com o turismo se conseguir dinheiro para mi, meus filhos e minha comunidade. Eu não aceito o Parque Nacional, mas vou utilizá-lo para conseguir dinheiro. Eu vou mandar no Parque Nacional, no que ele vai fazer. (…) O IBAMA pediu para eu construir uma casa para ele aqui. Eu falei: você já tem uma casa em Boa Vista, eu não aceito você fazer sua casa aqui. (…) Se tiver turistas, pessoas chegando para ir ao Monte Roraima, fazer fotos, filmagens, etc., é oportunidade de ganhar dinheiro, eu vou trabalhar. Mas casas de outras pessoas nesta área eu não quero”. (Leandro, Mapaé).

Las palabras de Leandro revelan la falta de clareza con que las informaciones sobre el Parque llegaron hasta él, generando ilusiones sobre su futuro papel en relación a esta institución y a su acción.

La segunda excepción a la oposición determinada de los Ingarikó al turismo es Dilson Domente Ingarikó, profesor de la comunidad de Manalai, que manifiesta interés en la posibilidad de abrir las comunidades indígenas al turismo, destacando al mismo tempo la necesidad de articular esta apertura dentro de un proceso gradual que priorice la formación y la participación directa de las comunidades en la definición de los proyectos.

Entre tanto, las etnias Macuxi y Patamona, que también rodean el Monte Roraima y reciben influjos de orden cosmológico, y que tampoco fueron consultadas sobre la creación del Parque Nacional, se mostraron contra la institución de esta unidad de conservación, argumentando acertadamente que el Monte Roraima pertenece a la totalidad de los indígenas y no apenas al pueblo Ingarikó8.

Y si no bastase eso, organizaciones como el Consejo Indígena de Roraima también pensaban que la creación del Parque Nacional del Monte Roraima sería un obstáculo jurídico a la demarcación continua de la Terra Indígena Raposa Serra del Sol, perjudicando a todos de forma indiscriminada.

 

CONSOLIDACIÓN INCONCLUSA

Después de fijado el régimen jurídico de doble afectación del Parque Nacional Monte Roraima, a través del Decreto de homologación de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, el IBAMA, y posteriormente el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio)9, la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) y las organizaciones indígenas realizaron desde 2005 diversas actividades para promover su administración conjunta10.

En 2006, se realizaron la III Asamblea General del Consejo del Pueblo Indígena Ingarikó (COPING) y la VIII Asamblea General del Pueblo Indígena Ingarikó, donde fueron discutidas directrices para la elaboración del plan de administración conjunta del Parque Nacional del Monte Roraima. En 2007, durante la IV Asamblea General del COPING, en 2007, se concluyó que líderes del Pueblo Ingarikó deberían ir a Brasilia para pedir la constitución de un grupo de trabajo específico para este caso. En los primeros meses de 2008, tuvieron lugar diversas reuniones en Brasilia en la sede de la FUNAI y en la Casa Civil de la Presidencia de la República para la creación de ese grupo de trabajo, con la participación de 25 líderes indígenas de las etnias Ingarikó, Macuxi, Patamona, Taurepang, Wapixana, Wai-wai y Yekuana, representando las organizaciones COPING (Consejo del Pueblo Indígena Ingarikó), CIR (Consejo Indígena de Roraima) y OPIRR (Organización de los Profesores Indígenas de Roraima).

El antagonismo existente entre las diferentes etnias sobre el modo de administrar el Parque Nacional del Monte Roraima se pacificó a partir de estas últimas reuniones11. También fue atendida una reivindicación del Consejo Indígena de Roraima para ampliar su representación en el grupo de trabajo, con un total de cuatro miembros.

 

Con eso, un documento interministerial finalmente fue aprobado y firmado por los Ministros de Justicia y de Medio Ambiente el 29 de abril de 2008, instituyéndose un Grupo de Trabajo con el objetivo de elaborar el Plan de Administración conjunta del área común afectada por el Parque Nacional Monte Roraima y la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, y el plan de acción emergencial para 2008.

Con la institucionalización del grupo de trabajo, se formuló una secuencia de actividades, todas en el curso del año 2008:

• 13 de mayo: reunión en la Superintendencia del IBAMA en Boa Vista, con el objetivo específico de preparar los primeros procedimientos que serían llevados a cabo por el grupo de trabajo.

• 23 de junio: reunión en la Superintendencia del IBAMA en Boa Vista, para tratar la operación de los trabajos del grupo para elaborar el Plan de Administración Conjunta.

• 8 a 10 de julio: realización de un taller del grupo de trabajo para la elaboración del Plan de Administración Conjunta.

• 12 y 13 de octubre: organización de la IV Asamblea Extraordinaria del COPING, con la manifestación de preocupación de los Ingarikó acerca del desarrollo moroso de las acciones para la administración conjunta del Parque Nacional del Monte Roraima.

• 15 de noviembre a 07 de diciembre: participación del analista ambiental del

Parque Nacional del Monte Roraima en curso de fiscalización.

• 09 de diciembre: reunión con representantes de la Agencia Brasileira de Inteligencia sobre la ocurrencia de actividades ilícitas en el Parque Nacional del Monte Roraima.

• 17 de diciembre: articulación internacional con Venezuela sobre posibles acciones conjuntas para la gestión de los Parques Nacionales contiguos, Monte Roraima y Canaima.

Por lo tanto, todo el año 2008 fue marcado por intensas negociaciones, pero hubo poco avance práctico en la elaboración del Plan de Administración Conjunta del Parque Nacional del Monte Roraima.

 

JUICIO DEL SUPREMO TRIBUNAL FEDERAL Y SUS REALES CONSECUENCIAS

Adicional al tormentoso trámite procedimental y los contratiempos interétnicos, nuevas dudas e incertidumbres sobre el proceso de gestión conjunta fueron lanzadas por el Supremo Tribunal Federal, cuando juzgó el mérito del pedido referente a la demarcación de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, en marzo de 2009. Por mayoría de votos, el Supremo Tribunal Federal juzgó parcialmente, procedente la Petición Nº 3.388, que contestaba el reconocimiento de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, y declaró válida y sin ningún vicio de formalidad su demarcación

continua, pero con la imposición de 19 condicionantes. Tres de los condicionantes están relacionados con el Parque Nacional Monte Roraima:

• Condición 8: El usufructo de los indios en el área afectada por unidades de conservación es de responsabilidad inmediata del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad.

• Condición 9: El Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad responderá por la administración del área de unidad de conservación que también esté afectada por tierra indígena, con la participación de las comunidades del área, las cuales deberán ser oídas, considerando los usos, las tradiciones y las costumbres de los indígenas, pudiendo, para tanto, contar con la consultoría de la FUNAI.

• Condición 10: El tránsito de visitantes e investigadores no indios deberá ser admitido en el área afectada por la unidad de conservación en los horarios y condiciones estipulados por el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad.

Estas condiciones representaron un retroceso en el proceso de administración conjunta del Parque Nacional, ya que el Supremo Tribunal Federal concedió al Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad exclusivamente las siguientes atribuciones:

• Responsabilidad inmediata sobre el usufructo de las poblaciones residentes en el área del Parque Nacional del Monte Roraima.

• Administración del Parque Nacional del Monte Roraima, siempre escuchando

(sin fuerza vinculante) las etnias directamente involucradas.

• Reglamentación del derecho de tránsito de los visitantes e investigadores no indios dentro del Parque Nacional del Monte Roraima, aunque no sean aceptados por los pueblos indígenas.

Por lo tanto, el Supremo Tribunal Federal desconsideró un proceso de negociación y de aproximación entre los pueblos indígenas y el ente federal que administra las unidades de conservación, que sucedió durante los últimos diez años, restando eficacia al grupo de trabajo y al Plan de Administración Conjunta.

Por otro lado, nada menos que 14 de las condicionantes reducen el contenido del artículo 231, parágrafo 2º, de la Constitución Federal vigente, principalmente en lo relacionado con las expresiones “usufructo exclusivo de las riquezas del suelo, de los ríos y de los lagos” existentes en tierras indígenas. El Supremo Tribunal Federal, a pretexto de relativizar derechos fundamentales por el interés público de la Unión, simplemente “deletó” del Texto Constitucional (¡o hizo la vista gorda!) el adjetivo “exclusivo”. De eso es importante concluir que el usufructo que antes era privativo y restricto a los pueblos indígenas según el deseo de los padres de la constitución, a partir de ahora será compartido por todos los nacionales, bajo la imprecisa sentencia del “relevante interés público” y a falta de ley complementar.

Numerosos constitucionalistas brasileños argumentan lo contrario. Silva (1999), reforzando palabras de Pontes de Miranda, explica que el usufructo de que trata el art. 231 es pleno, comprendiendo el uso y la fruición, sea de minerales, vegetales o de animales. Souza Filho (1998) también dice, con base en las afirmaciones de Severo Gomes, que todas las constituciones brasileiras entendieron que la República aseguró a las comunidades indígenas el usufructo pleno del suelo, extendido a los minerales, vegetales y animales, representando una flagrante inconstitucionalidad cualquier restricción al pleno derecho de la población indígena residente.

CONCLUSIÓN

Por mayoría de votos, el Supremo Tribunal Federal juzgó válida y sin ningún vicio de formalidad la demarcación continua de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, mandando salir a los invasores no indios. Esta decisión podría representar un gran éxito en la protección de los derechos indígenas brasileños, pero también impuso 19 condicionantes a las poblaciones indígenas residentes. Esas condicionantes son restricciones al usufructo exclusivo y constitucional de la tierra indígena, justificadas con base en el relevante interés público y en la política de defensa nacional.

Este juicio tuvo el mérito de resolver definitivamente una demanda que perduraba por casi treinta años, aunque lanzó incertidumbre sobre algunos aspectos que permanecieron como controversias, principalmente en lo relativo al Parque Nacional del Monte Roraima, creado (pero no implantado) desde 1989. Tres de las condicionantes influirán los casos de doble afectación entre unidades de conservación de la naturaleza y tierras indígenas, perdiéndose la posibilidad de administración conjunta entre la entidad que administra las unidades de conservación y las poblaciones indígenas residentes.

Ocurre que en el afán de ampliar las categorías de derechos protegidos, las constituciones más recientes acabaron incorporando en sus textos nuevos derechos que, si permanece la lógica interpretativa restricta del contrato y del individuo, tendrán muchas dificultades para materializarse. En este sentido, poco se viene realizando en Brasil, pues se tiene la sensación que los constituyentes originarios fueron más progresistas que los actuales y oficiales intérpretes de la Constitución Federal de

1988. Algunas de esas condicionantes ciertamente sucumbirán en procesos judiciales, tanto en el Supremo Tribunal Federal como en instancias ordinarias, con base en la seguridad jurídica y por respeto al texto constitucional original.

Sin duda que una interpretación constitucional más creativa y técnica es necesaria, que compatibilice intereses sobre el medio ambiente, tierras indígenas y defensa nacional de forma ponderada, sin causar perjuicios al núcleo de ningún de esos derechos fundamentales.

NOTAS

1 Procurador de Justicia en Roraima, especialista en Desarrollo Regional Sustentable. Maestría y Doctorado en Derecho Económico y Socio ambiental. Profesor del Programa de Maestría en Derecho Ambiental de la Universidad del Estado del Amazonas (Brasil).

2 Ingeniera de Montes y Abogada, especialista en Gestión Ambiental y de los Recursos Naturales Renovables. Maestría en Derecho Ambiental. Asesora Técnica de la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ) en el Proyecto Protección del Bosque Atlántico II.

 

3 El histórico que aquí se relata está parcialmente compilado en el doctorado del Prof. Edson Damas da Silveira, defendido en la Pontificia Universidad Católica de Paraná, en noviembre de 2009, con el título Meio ambiente, terras indígenas e defesa nacional: direitos fundamentais em tensão nas fronteiras da Amazônia Brasileira”, publicado en 2010 por la Editora Juruá.

 

4 El resumen de la biodiversidad del Parque Nacional se encuentra en la hoja 2 del documento “Considerações acerca do Parque Nacional do Monte Roraima, em defesa de sua manutenção ante a inaceitável intenção de revogar-se o decreto de sua criação para anexá-lo à pretendida Reserva Indígena Raposa Serra do Sol”, elaborado el 2 de marzo de 2004 por el analista ambiental José Ponciano Dias Filho, del IBAMA, y debidamente juntado al proceso administrativo registrado con el nombre “SOS Monte Roraima – Parque Nacional do Monte Roraima: informações gerais e institucionais”. Boa Vista: IBAMA, 2004.

5 Información que consta en: <www.roraima.8m.com>, acceso en 2 de feb., 2009.

 

6 Esta leyenda está contada en: <http://www.amazonia.com.br/folclore/lenda_roraima>, acceso el 2 de feb. 2009.

 

7 Las implicaciones del turismo en el modo de vida Ingarikó y las declaraciones aquí incluidas fueron transcritas de Lauriola (2001).

 

8 Los registros de este antagonismo constan en un proceso instaurado junto al IBAMA para tratar específicamente los problemas derivados de la doble afectación del Parque Nacional del Monte Roraima.

9 Este instituto fue creado en 2007 por una reestructuración del IBAMA y es el actual responsable por el manejo de las unidades de conservación federales.

10 Las dificultades hasta ahora relatadas, con algunas divergencias de orden funcional, estándebidamente registradas en el procedimiento administrativo instaurado por el IBAMA, tratando exclusivamente los problemas derivados de la doble afectación. 

11 Según consta del proceso administrativo anteriormente mencionado.

BIBLIOGRAFIA CITADA

· Carneiro, F. 2008. Para índios, Monte Roraima é obra de Macunaíma. Disponible en: http://g1.globo.com/Noticias/Brasil/0,,MUL748535-5598,00- PARA+INDIOS+MONTE+RORAIMA+E+OBRA+DE+MACUNAIMA.html. Acceso el 02 de feb. 2009.

· Lauriola, V. 2001. Unidades de conservação, terras indígenas e conflitos políticos na Amazônia. O caso do Parque Nacional do Monte Roraima. En: Diegues, A., Moreira, C. y de Castro, A. (orgs.). Espaços e recursos naturais de uso comum. NUPAUB- USP, São Paulo.

· Lauriola, V. 2004. Parque Nacional? Kaané! Os índios dizem não à implantação do Parque Nacional do Monte Roraima. En: Ricardo, Fany (org.). Terras indígenas e unidade de conservação: o desafio das sobreposições. ISA, São Paulo.

· Marrero, R. 2002. Monte Roraima: madre de todas las aguas. Impressos Rubel, Santa Elena de Uiarén.

· Martinez, L. (s/f) Roraima – la isla del tiempo. Disponível em: Acceso el 22 de fev. 2009. Melchiorri, B. 2000. Monte Roraima. Gráfica Real, Boa Vista.

· Rufino, M. 2004. Terras indígenas e unidade de conservação: o desafio das sobreposições. RICARDO, Fany (org.). ISA, São Paulo.

· Silva, J. A. da. 1999. Curso de direito constitucional positivo. 16. ed. Gráfica Malheiros, São Paulo.

· Silveira, Edson Damas da. 2010. Meio ambiente, terras indígenas e defesa nacional: direitos fundamentais em tensão nas fronteiras da Amazônia Brasileira. Editora Juruá, Curitiba.

· Souza Filho, C. 1998. O renascer dos povos indígenas para o direito. Editora Juruá, Curitiba.