Autor
  • Alejandro Espinosa S. y Héctor Sandoval B.
    Departamento de Ciencias Forestales, Universidad de La Frontera,
    Temuco, Chile
    aes@ufro.cl
 
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EVALUACIÓN DE LA NATURALIDAD COMO HERRAMIENTA PARA LA GESTIÓN TURÍSTICA EN ÁREAS PROTEGIDAS. EL CASO DEL PARQUE NACIONAL NAHUELBUTA, REGIÓN DE LA ARAUCANÍA, CHILE

INTRODUCCIÓN

Una de las pruebas irrefutables de la relación existente entre las áreas protegidas y el turismo, se encuentra en el documento mediante el cual se creó el primer parque nacional en el mundo: el Parque Nacional Yellowstone, en Estados Unidos, el año 1872.  En efecto, en el acta de creación de dicho Parque se establece que: "el Parque Nacional Yellowstone es el lugar para poner al abrigo de toda depredación humana las bellezas naturales más destacadas del país; para favorecer, mediante la vida en la naturaleza, la educación, el esparcimiento y el entretenimiento del pueblo" (Chittenden, 2005).

Aún cuando las definiciones más modernas de áreas protegidas mantienen la esencia de estas ideas fundacionales del movimiento conservacionista mundial, se ha perdido casi completamente todo rastro que dé cuenta de la relación directa que existe entre las áreas protegidas y el turismo. Como prueba de ello, la última definición de área protegida de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es la siguiente: “un área protegida es un espacio geográfico claramente definido, reconocido, dedicado y manejado, mediante legislación u otros medios efectivos, cuyo objetivo a lograr a largo plazo es la conservación de la naturaleza con sus servicios ecosistémicos y valores culturales asociados” (Dudley y Stolton, 2008).

Las áreas protegidas se crean y gestionan con el fin de satisfacer una serie de objetivos primarios de conservación, entre los cuales se encuentra expresamente identificados el turismo y la recreación. En efecto, estos objetivos son los siguientes: investigación científica, protección de zonas silvestres, preservación de especies y diversidad genética, mantenimiento de los servicios ambientales, protección de rasgos específicos naturales y culturales, turismo y recreación, educación, uso sustentable de los recursos derivados de ecosistemas naturales, y mantenimiento de los atributos culturales y tradicionales (UICN, 1994).

Como se puede apreciar, la gama de posibilidades que cubren estos objetivos es muy amplia, razón por la cual para el logro de los mismos existe la posibilidad de crear áreas protegidas de diferentes categorías de manejo, puesto que no existe una “súper área protegida” que pueda satisfacer en forma simultánea todos y cada uno de estos objetivos. Con este fin, la UICN (1994) ha propuesto un sistema internacional compuesto por seis categorías de manejo de áreas protegidas, cada una de las cuales se especializa en atender en forma preponderante ciertos objetivos, mientras que otras categorías apuntan al logro de otros objetivos distintos. La categoría de manejo de parque nacional (categoría II de la UICN) es la que tiene una mayor relación con el turismo, aunque también existe una alta compatibilidad con el turismo para el caso de las categorías monumento natural (categorías III) y paisaje terrestre o marino protegido (categoría V). No obstante lo anterior, lo que varía entre estas tres categorías de manejo es la escala en la cual se desarrolla la actividad turística, por cuanto en el caso del parque nacional, ésta se desarrolla a nivel de ecosistema. En cambio, en el caso del monumento natural se lleva a cabo en superficies más reducidas (parte de ecosistemas), y en el caso del paisaje terrestre/marino protegido, la actividad turística se desarrolla a nivel de paisaje.

El turismo se puede definir como un fenómeno de naturaleza social. Su punto de partida es la existencia del tiempo libre, entendiéndose por tal el conjunto de actividades que se cumplen después de haberse desprendido de las obligaciones, en sus distintos ámbitos, ya sea que se trate de: obligaciones profesionales (entiéndase como tales el trabajo y el estudio), obligaciones familiares (trabajos domésticos, cuidado de padres y/o hijos), obligaciones fisiológicas (comer, dormir, higiene, cuidados personales), o bien, obligaciones sociales (reuniones, visitas) (Boullón, 1991). 

Es importante destacar que no todo tiempo libre debe ser considerado como sinónimo de turismo, debido a que, obviamente,  existe un variado conjunto de actividades que se llevan a cabo mediante un proceso de elección libre, como: trabajos voluntarios, deportes, recreación, hobbies, participación en actividades políticas, religiosas, sociales, culturales, entre otras.  En consecuencia, el concepto de turismo, ha sido definido por la Organización Mundial del Turismo (OMT), como "las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, por un período de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, negocios u otros motivos, no relacionados con el ejercicio de una actividad remunerada en el lugar visitado" (OMT-ONU, 1994).

A partir de la segunda mitad del siglo XX, asociado al incremento de las tecnologías y el aumento del tiempo libre, el turismo se ha considerado como una actividad de dimensiones espaciales, comprendiendo diversas formas de viaje, estadía y motivaciones para realizarlo, transformándose en un fenómeno social, económico y espacial (Boullón,  1991). Las preguntas que un turista común podría hacerse para tomar decisiones antes de desarrollar actividades turísticas, podrían ser de tres tipos: i) ¿dónde me gustaría ir?, lo que representa el turismo de masas, o también conocido como turismo de sol y playa, ii) ¿dónde quiero ir?, y, ¿qué actividades se pueden desarrollar allí?, lo que representa un turismo de interés mixto; y, iii) ¿qué tipo de interés o actividad quiero seguir?, y, ¿dónde puedo hacerlo?, lo que representa el denominado turismo de intereses especiales (Trauer, 2006).

De estos tres tipos de turismo, el turismo de intereses especiales es, justamente, el más consustancial con la conservación y la gestión de las áreas protegidas, pues son los recursos naturales, y más específicamente, los ambientes naturales, los que poseen el potencial turístico, que es la base de este tipo de turismo (Rivas y Villarroel, 1995). Como se sabe, los ambientes naturales se encuentran concentrados en Chile principalmente al interior de las unidades de conservación que integran el sistema nacional de áreas silvestres protegidas, conformado por parque nacionales, reservas nacionales y monumentos naturales (CONAF, 2011) y son este tipo de áreas las que, justamente, contienen una importante biodiversidad asociada, que es la “materia prima” principal para el desarrollo de las actividades de turismo de intereses especiales (Simonetti y Acosta, 2002).

Para el desarrollo de actividades de turismo de intereses especiales al interior del sistema nacional de áreas protegidas, sobre una base que garantice la sustentabilidad ecológica, es imprescindible contar con información primaria útil, como el grado de naturalidad de los recursos naturales destinados a brindar oportunidades para el desarrollo de este tipo de actividades. Se define naturalidad como “aquella cualidad de un ecosistema, o alguna parte de él, que da a conocer su grado de independencia respecto de la acción del hombre, o lo que es igual, lo escaso de la influencia transformadora del hombre” (MOPT, 1992; Núñez, 2003; EUROPARC-España, 2006). Sobre la base de tal definición, se puede visualizar la importancia que tiene la evaluación de la naturalidad, como una herramienta para la gestión turística al interior de las áreas protegidas.

La Región de La Araucanía en Chile posee un sistema de áreas protegidas constituido por cinco parques nacionales, seis reservas nacionales y dos monumentos naturales, totalizando una superficie de 304 991 ha, las que representa cerca del 10% de la superficie regional (CONAF, 2011). En este contexto, uno de los polos de atracción turística del sistema en la Región de La Araucanía corresponde al Parque Nacional Nahuelbuta, por cuanto corresponde a la única unidad de conservación que está ubicada en la cordillera de la costa de esta región.

En este contexto descrito, el presente trabajo plantea evaluar el grado de naturalidad del Parque Nacional Nahuelbuta y establecer su relación con el turismo, para lo cual, se han definido los siguientes objetivos específicos: i) actualizar la línea base cartográfica digital del Parque, ii) evaluar el grado de naturalidad del Parque, iii) evaluar el grado de naturalidad de las zonas de manejo, y iv) analizar la relación entre las zonas de manejo y el turismo al interior del Parque.

ÁREA DE ESTUDIO

El área de estudio corresponde al Parque, el cual fue establecido como tal el 4 de enero del año 1939 y ampliado el 19 de octubre de 1988. Se localiza en el sector más alto de la Cordillera de Nahuelbuta, en los 37º 44' a 37º 51' latitud Sur y 72º 55' a 73º 03' longitud Oeste. Administrativamente, se localiza en la provincia de Malleco, comunas de Angol y Purén y tiene una pequeña parte inserta en la comuna de Cañete, provincia de Arauco, Región del Biobío, Chile (Figura 1). Su altitud fluctúa de 800 a los 1 550 msnm (CONAF, 2002). Tiene una superficie actual de 6 832 ha, de la cual al menos el 90% corresponde a bosque nativo.

Figura 1. Área de Estudio. Fuente: Elaboración propia
Figura 1. Área de Estudio. Fuente: Elaboración propia
 

METODOLOGÍA

Actualización de la línea base cartográfica digital del Parque

La línea base cartográfica digital del Parque corresponde a un mapa digital georreferenciado, en el cual se identifican las unidades de diagnóstico, las que se agrupan en categorías de usos y coberturas del suelo. Para su generación, un primer paso consistió en elaborar un mosaico fotográfico digital controlado a partir de fotografías aéreas digitales del año 2003, escala 1:20.000. Las fotografías aéreas digitales fueron sometidas a un proceso de corrección geométrica, aplicando la metodología propuesta por Chuvieco (1996) y utilizando el software Erdas Imagine 8.4. Este proceso de corrección se realizó tomando como referencia una proyección UTM (Universal Transverse Mercator), Huso 18 sur y el Datum South American 1956 (SAD-56).

Con el fin de clasificar las unidades de diagnóstico en distintas categorías de cobertura y usos del suelo al interior del Parque, se llevó a cabo un proceso de fotointerpretación del mosaico fotográfico digital, el cual consistió en hacer un análisis visual del mismo directamente sobre la pantalla del computador. Para ello, se utilizó el software ArcView 3.2, gracias al cual fue posible aplicar la metodología propuesta por Lara y Sandoval (2003), la cual fue modificada levemente, para los efectos del presente estudio.

De esta forma, se actualizó la línea base cartográfica digital del Parque, comparándose posteriormente en terreno la veracidad de esta información originada en gabinete, haciéndose las correcciones necesarias, si el caso ameritaba, con lo cual se actualizó la línea base cartográfica digital definitiva.

Evaluación del grado de naturalidad del Parque

Utilizando como base informativa el Plan de Manejo del Parque (CONAF, 2002), se procedió a evaluar el grado de naturalidad de esta unidad, utilizando el índice de naturalidad propuesto por Machado (2004) y Machado et al. (2004) (ver Anexo), cuya metodología de aplicación fue levemente modificada para adecuarla a la realidad del país.

Evaluación del grado de naturalidad de las zonas de manejo

A partir del mapa de naturalidad del Parque generado en la etapa anterior, se hizo una sobreposición digital con el mapa de las zonas de manejo de dicha unidad, aplicando algunos geoprocesos en ArcView 3.2, con lo que fue posible obtener el grado de naturalidad de las zonas de manejo.

Análisis de la relación entre las zonas de manejo y el turismo en el Parque

Como se mencionó anteriormente, los parques nacionales se manejan principalmente para otorgar protección a los ecosistemas naturales, y al mismo tiempo brindar las oportunidades para la recreación y el turismo en ambientes naturales (Dudley y Stolton, 2008). Ello no implica que toda la superficie de un parque nacional deba estar orientada a satisfacer el objetivo de brindar oportunidades para el desarrollo del turismo, sino que éstas se deben desarrollar en sus distintas expresiones sólo al interior de determinadas zonas de manejo (Oltremari y Thelen, 2003). En el caso del Parque Nacional Nahuelbuta se han definido las siguientes zonas de manejo: intangible, primitiva, extensiva, intensiva, recuperación, uso especial e histórico-cultural (CONAF, 2002). 

La evaluación del grado de naturalidad empleado en este estudio, además de servir para diagnosticar el estado de conservación en que se encuentran sus ecosistemas, también puede ser utilizado para comprobar la bondad del planeamiento de las áreas silvestres protegidas y del tipo de manejo que se está llevando a cabo en éstas. También es útil para identificar la existencia de una base potencial para desarrollar actividades turísticas, ya sea las relacionadas con el turismo de sol y playa, turismo mixto, o bien con el turismo de intereses especiales. Cada uno de estos tipos de turismo tiene distintos requerimientos o patrones de uso de las zonas de manejo al interior de un parque nacional. El Cuadro 1 que se entrega a continuación ilustra la relación que existe entre las zonas de manejo del Parque (CONAF, 2002) y el tipo de turismo que se podrían desarrollar en cada una de ellas.

(*): Elaboración propia, a partir de Tacón y Firmani (2004)
(*): Elaboración propia, a partir de Tacón y Firmani (2004)
 

El turismo de intereses especiales es un tipo de turismo que está basado en el desarrollo de viajes individuales, los cuales no se comercializan en forma masiva, sino que están diseñados “a la medida” de cada turista. Por lo anterior está directamente relacionado con motivaciones turísticas de nichos especiales (Trauer, 2006). En este tipo de turismo, se privilegia la calidad de la experiencia turística, la que está asociada directamente con la sensación de soledad ante la naturaleza. Por ello se desarrolla típicamente al interior de la zona primitiva de los parques nacionales, en donde la concentración de la infraestructura y de los visitantes es muy baja. En cambio, en el caso del turismo mixto y turismo de sol y playa, al ser actividades menos exigentes en cuanto a la calidad de la experiencia turística, así como también a su carácter masivo, corresponden a tipos de turismo que se pueden desarrollar en zonas de manejo menos “exigentes” en cuanto a la calidad. Tal es el caso de las zonas extensivas, intensivas, e histórico-cultural. Por este motivo, para analizar la relación entre la naturalidad que poseen los recursos naturales y el turismo de intereses especiales  en el Parque, se considerará este marco descrito precedentemente.

RESULTADOS

Actualización de la línea base cartográfica digital del Parque

A base del proceso de fotointerpretación detallado en la metodología, se identificó un total de 108 unidades de diagnóstico, las cuales fueron clasificadas de acuerdo a la metodología de Lara y Sandoval (2003) en cinco categorías de uso (área de construcciones menores, praderas y matorrales, bosques, humedales y áreas desprovistas de vegetación), siete subcategorías de uso (praderas, bosque adulto, bosque renoval, bosque adulto/renoval, bosque achaparrado, turberas y afloramientos rocosos) y tres clases de cobertura (denso, semi-denso y abierto) (Cuadro 2). 

Fuente: Elaboración propia, a partir de Lara y Sandoval (2003)
Fuente: Elaboración propia, a partir de Lara y Sandoval (2003)
 

En la Figura 2 se entrega la actualización de la línea base cartográfica digital del Parque, la cual corresponde a la expresión territorial de esta misma base informativa detallada precedentemente. Tal como se puede apreciar en el Cuadro 2 y en la Figura 2, el mayor número de unidades de diagnóstico (25) correspondió a la categoría de bosque adulto denso, el cual se presenta bastante disgregado en la parte sur-este y nor-oeste del Parque, lo que contrasta con el sector sur-oeste del mismo, donde se puede apreciar constituyendo un gran paño continuo.

Figura 2. Línea base cartográfica digital del Parque. Fuente: Elaboración propia, a partir de CONAF (2002)
Figura 2. Línea base cartográfica digital del Parque. Fuente: Elaboración propia, a partir de CONAF (2002)
 

Por otra parte, llama la atención que la categoría denominada bosque adulto renoval denso, sea la que posee la mayor superficie dentro del Parque, con sólo 13 unidades de diagnóstico, lo cual no es de extrañar, ya que este tipo de bosque presenta paños bastante continuos y extensos dentro de la unidad, especialmente en el sector nor-este y sur-este de ésta. Otra categoría que tiene un número relevante de unidades de diagnóstico (12) corresponde a las turberas, a pesar de que éstas sólo representen el 1,2% de la superficie total del Parque, siendo usuales de encontrar en la parte nor-oeste.

Evaluación del grado de naturalidad del Parque

Como resultado de los procesos digitales descritos en la metodología, se generó un mapa que exhibe el grado de naturalidad del Parque (Figura 3).

Figura 3. Mapa de naturalidad del Parque. Fuente: Elaboración propia
Figura 3. Mapa de naturalidad del Parque. Fuente: Elaboración propia
 

Como se puede apreciar en las Figura 3, al interior del Parque sólo están presentes cinco de los once grados de naturalidad propuestos por Machado (2004), todos los cuales corresponden a las mejores condiciones de naturalidad de los ecosistemas (ver también el Anexo): sistema natural virgen (índice 10), sistema natural (9), sistema subnatural (8), sistema cuasi-natural (7) y sistema semi-natural (6).  Ello, claramente refleja que el Parque presenta un alto nivel de naturalidad, lo que se ve indudablemente refrendado por el hecho de que el 95,73% de la superficie de la unidad se encuentra catalogada entre los grados [8] y [9] del Índice de naturalidad de Machado (Figura 4). En la Figura 4 se establecen los grados de naturalidad obtenidos para el Parque, con su correspondiente porcentaje de equivalencia respecto de la superficie total de éste.

Figura 4. Grados de Naturalidad del Parque y porcentaje de participación de éstos respecto de la superficie total de la unidad. Fuente: Elaboración propia
Figura 4. Grados de Naturalidad del Parque y porcentaje de participación de éstos respecto de la superficie total de la unidad. Fuente: Elaboración propia
 
Figura 5. Zonas de manejo del Parque. Fuente: Elaborado a partir de CONAF (2002)
Figura 5. Zonas de manejo del Parque. Fuente: Elaborado a partir de CONAF (2002)

Tal como se puede apreciar en las Figuras 3 y 4, el nivel de naturalidad más ampliamente distribuido en el Parque es el [9], representando el 71,73 % de su superficie total, lo que refleja el buen estado de preservación que presentan los ecosistemas forestales. Destacable es el caso del bosque adulto y bosque adulto renoval denso, los cuales se extienden en gran parte de esta área, descritos principalmente por las comunidades de Araucaria-Coigüe, Araucaria-Ñirre, Coigüe y Roble (CONAF, 2002).

Las zonas que exhiben el grado de naturalidad [8], poseen una presencia minoritaria de caminos o senderos, claro indicio de la actividad humana, aunque sea poco aparente y/o concentrada (Angermeier, 2000).

Las zonas que ostentan una naturalidad [7] presentan algunas de las siguientes características: la existencia de una mayor densidad de vías camineras en su interior; vegetación natural mermada por la acción del hombre, respecto de la situación normal del área; y presencia de construcciones (refugios), aunque éstas sean mínimas. Estas tres condiciones se presentaban en algunos casos separadas y en otros conjugadas, indicando una mayor intervención antrópica del lugar (Angermeier, 2000; Machado, 2004).

El grado de naturalidad [6], se manifestó en las zonas del Parque que fueron más intervenidas por parte del hombre, donde se presenta una vegetación natural, bastante reducida respecto de la condición original del lugar. Se destaca en estos lugares especies exóticas arbustivas como: Rosa rubiginosa y Rubus ulmifoliust.

Los grados [6] y [7], sólo representan un 3,7% (256,9 ha) del Parque, siendo estos niveles de naturalidad ínfimos dentro de la unidad en estudio, en especial el nivel [6], que dentro de los grados obtenidos, es el que simboliza mayormente la intrusión del hombre en los procesos naturales.

Evaluación del grado de naturalidad de las zonas de manejo del Parque

Las zonas de manejo del Parque se pueden apreciar en la Figura 5. En la misma, se puede apreciar que la mayor superficie del Parque corresponde a la zona primitiva, que alcanza 3 696 ha, la cual se encuentra concentrada fundamentalmente en el sector este del Parque. Le sigue en importancia la zona intangible (1 339 ha.), cuya ubicación preponderante se encuentra en el sector centro-oeste. Por su parte, se aprecia claramente la alta correlación existente entre la red de tránsito vehicular que existe en el Parque y la zona de manejo intensivo (843 ha.). Las zonas de uso especial e histórico-cultural exhiben las superficies más pequeñas dentro del área protegida, con superficies de 9 y 11 ha., respectivamente. 

Para evaluar la naturalidad de las zonas de manejo del Parque, se contrastó el mapa de naturalidad (Figura 3) con el mapa de zonificación (Figura 5), con el fin de comprobar, a grandes rasgos, si dicha zonificación es coherente. Vale decir, para comprobar, por ejemplo, si las zonas de mayor uso público (destinadas, entre otras actividades, al turismo de sol y playa y la recreación), corresponden o no a los terrenos de menor naturalidad, y viceversa (Machado et al., 2004). De esta forma, es posible verificar si se logra el objetivo de manejo impuesto para las diferentes zonas de manejo.

En el Cuadro 3 y en la Figura 6, se presentan los resultados del contraste entre los mapas de naturalidad y de zonificación.

 

Fuente: Adaptado de Machado (2004) y CONAF (2002)
Fuente: Adaptado de Machado (2004) y CONAF (2002)
 

Sobre la base de los antecedentes contenidos en el Cuadro 3 y Figura 6, se puede decir, a grandes rasgos, que la zonificación del Parque es coherente con los niveles de naturalidad que éste posee, ya que las zonas de manejo más restrictivas del Parque, como la intangible y la primitiva, exhiben los más altos niveles de naturalidad [9] y [10]. 

Figura 6. Grado de naturalidad de las zonas de manejo del Parque. Fuente: Elaboración propia, a base de CONAF (2002)
Figura 6. Grado de naturalidad de las zonas de manejo del Parque. Fuente: Elaboración propia, a base de CONAF (2002)
 

Dentro de las zonas menos restrictivas o con un mayor grado de intervención, se encuentra la zona de uso especial, la cual presenta un 92,2% de su superficie en el grado [6] de naturalidad, el más bajo detectado en el presente estudio. Este tipo de zona, es ocupada actualmente para la administración y el desarrollo del obras públicas dentro del Parque (CONAF, 2002; Núñez, 2003), lo que concuerda con las condicionantes que definen un grado de naturalidad [6]. 

Sin prejuicio de lo anterior, existe una discrepancia con las zonas de uso extensivo e intensivo, las que exhiben altos grados de naturalidad respecto del objetivo planteado para éstas en el plan de manejo (Machado, 1994; CONAF, 2002). En efecto, el objetivo de manejo de la zona de uso intensivo, es “facilitar áreas para el desarrollo de la educación ambiental, la recreación y el turismo intensivo (de sol y playa) y al asentamiento humano, armonizando con el entorno natural y provocando el menor impacto posible” (CONAF, 2002). Lo anterior se puede ilustrar en el hecho de que, a pesar de que esta zona está compuesta especialmente por un área de campismo y por la red vehicular (CONAF, 2002), un 67,4% de su superficie presenta un grado de naturalidad muy alto [8].

La zona de uso extensivo, sólo se encuentra en el sector noroeste del Parque y tiene por objetivo “mantener un ambiente natural, minimizando el impacto humano sobre el recurso, pero a la vez facilitando el uso público, como el turismo,  la educación y la recreación en concentraciones moderadas (10 a 20 personas por día, en forma simultánea, en un mismo lugar)” (CONAF, 2002). Esta zona presenta un 100% de su superficie un alto grado de naturalidad [9], lo cual concuerda fundamentalmente con las zonas de uso más restrictivas.

En relación al objetivo de la zona histórico-cultural, consistente en “realizar y completar estudios arqueológicos e históricos que permitan potenciar y dar valor a los sitios histórico culturales presentes en la unidad”. Esta zona sólo se puede analizar respecto de la conservación del lugar, debido a que no se han puesto en valor hasta el día de hoy los recursos histórico-culturales que posee el Parque. Por ende, es que se puede decir que esta área cumple bastante bien el aspecto mencionado, debido, a que exhibe principalmente un alto nivel de naturalidad ([9]).

Relación entre las zonas de manejo y el turismo en el Parque

Para analizar la relación entre las zonas de manejo, grado de naturalidad y el turismo en el Parque, se consideró como referencia el contenido del Cuadro 1, según el cual la zona primitiva, mayoritariamente representada por índices de naturalidad del tipo [9] y [10], es especialmente apta para el desarrollo de las actividades de turismo de intereses especiales. En contraste, las zonas de manejo intensivo, extensivo e histórico-cultural, mayoritariamente representadas por índices de naturalidad del tipo [6], [7] y [8], son especialmente aptas para el desarrollo de las actividades de turismo mixto y turismo de sol y playa.

Si se aplica este marco teórico para analizar la relación entre las zonas de manejo, grado de naturalidad y turismo, se puede decir que el turismo de intereses especiales tiene potencialmente una gran superficie disponible dentro del Parque para el desarrollo de las actividades turísticas. Esta corresponde a la zona primitiva, la cual, además, posee un alto nivel de naturalidad.

Por otra parte, las zonas de manejo intensivo, extensivo e histórico-cultural, más proclives al desarrollo de actividades de turismo mixto y turismo de sol y playa, no cuentan con mucha superficie disponible al interior del Parque, y exhiben relativamente altos grados de naturalidad, entre [8] y [9], lo cual es incompatible con el desarrollo de actividades de estos tipos de turismo, las cuales tienden a estar más o menos concentradas en el tiempo y en el espacio.

CONCLUSIONES

Si bien es cierto, la metodología aplicada fue diseñada para evaluar el grado de naturalidad de distintos tipos de áreas geográficas, los resultados generados en el presente trabajo muestran que la misma puede ser utilizada también para relacionar el grado de naturalidad, las zonas de manejo y los tipos de turismo que se pueden desarrollar al interior de áreas protegidas.

A partir de la información generada, se pudo establecer que la zona primitiva resultó ser la más extensa dentro del Parque (3 696 ha, las que representan un 54,1% de la superficie total), por lo que se puede afirmar que existe una gran superficie que se podría destinar al turismo de intereses especiales al interior de esta zona, con las adecuadas regulaciones en el uso de los recursos naturales. 

Por otra parte, las zonas de manejo intensivo, extensivo e histórico-cultural, más proclives al desarrollo de actividades de turismo mixto y turismo de sol y playa, no disponen de mucha superficie disponible al interior del Parque.

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