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  • Dra. Constanza Ceruti
    Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
    Universidad Católica de Salta, Argentina
    constanza_ceruti@yahoo.com
 
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PROPUESTAS PARA LA PUESTA EN VALOR DEL SANTUARIO DE ALTURA DEL CERRO PENITENTES, MIRADOR DEL ACONCAGUA (MENDOZA, ARGENTINA)

INTRODUCCIÓN

El cerro Penitentes es una montaña situada en el extremo oeste del territorio argentino, al sur del paso de Uspallata, en la provincia de Mendoza. El cerro se caracteriza por sus precipicios verticales que le otorgan la apariencia de una fortaleza o un castillo. Desde su cima se goza de una excelente vista del monte Aconcagua, el cual con sus 6 959 metros es la máxima altura del continente americano (Figura 1). Pese a la escasa altitud de la cima del cerro Penitentes, de tan sólo 4 356 metros sobre el nivel del mar, la maravillosa vista que ofrece y la llamativa morfología del cerro contribuyeron a que fuera seleccionado para la construcción de un santuario de altura en tiempos de los Incas.

Ahondar en la comprensión de la importancia geográfica del cerro Penitentes y su vinculación con el vecino monte Aconcagua, requiere considerar brevemente ciertos hitos destacados en la historia de la arqueología Inca en la cordillera de Mendoza. El pionero y aficionado a la arqueología de alta montaña, Don Antonio Beorchia Nigris registra en su libro sobre santuarios indígenas de altura que ya en 1897 hay referencias a "murallas de los indios" construidas en las alturas del cerro Penitentes, que aparecen en una publicación sobre el Aconcagua (Beorchia Nigris, 1985). Las ascensiones de los arqueólogos Johan Reinhard y Juan Schobinger durante los años ochenta permitieron confirmar la existencia de un rectángulo ceremonial en la cumbre del cerro Penitentes. A comienzos de los años noventa, Roberto Bárcena efectuó sondeos en el sitio de la cima y obtuvo fechados radiocarbónicos sobre la madera de leña allí depositada. Los trabajos de Schobinger, Bárcena y sus colaboradores se extendieron a diversas tamberías incaicas construidas a lo largo del paso cordillerano de Uspallata, incluyendo las de Tambillos y Ranchillos (Bárcena, 1998).

Figura 1. Monte Aconcagua, Argentina. Foto: Constanza Ceruti
 
Figura 2. Constanza Ceruti en la cima del Aconcagua

De particular importancia a los fines de este trabajo es el pequeño tambo incaico (albergues en las sendas indígenas) en el paraje Confluencia, en la Quebrada de Horcones, el cual queda a mitad de camino entre el Aconcagua y el Penitentes, ofreciendo una vista privilegiada hacia la cima de este último. Dicho tambo, que se encuentra dentro de la jurisdicción del Parque Provincial Aconcagua, habría servido como instalación logística de base para el ascenso que los Incas realizaron hasta la base del contrafuerte Pirámide, donde hace alrededor de quinientos años se llevó a cabo el sacrificio de un niño en el marco de una ceremonia de capacocha. La momia congelada del niño del Aconcagua, de aproximadamente siete años de edad al momento de ser ofrendado, fue descubierta accidentalmente por montañistas en 1985 y puesta a resguardo gracias a la intervención del arqueólogo Juan Schobinger y sus colaboradores (Schobinger, 1995, 1999 y 2001). La capacocha del contrafuerte Pirámide del Aconcagua comparte rasgos típicos de las ceremonias de sacrificios de niños que los Incas realizaron en otras montañas de los Andes peruanos y argentinos, incluyendo el nevado de Chañi y el volcán Llullaillaco (Ceruti, 2001a y 2003a; Reinhard y Ceruti, 2010). El estudio antropológico del Aconcagua se complementó con dos ascensiones a la cima efectuadas por la autora a mediados de los años noventa (Figura 2), las cuales permitieron efectuar observaciones de carácter etno-arqueológico y descartar la existencia de evidencias de incursiones prehispánicas a la cumbre principal del macizo (Ceruti, 1999).

La arqueología de alta montaña ha revelado que los santuarios de altura incaicos de mayor jerarquía - aquellos que albergan enterratorios de víctimas humanas - suelen encontrarse acompañados de "santuarios satélites" con los que se vinculan espacial y visualmente (Ceruti, 2008 y Ceruti, 2010a). En este sentido, es probable que el cerro Penitentes haya funcionado como un santuario satélite del adoratorio emplazado en la base del contrafuerte Pirámide del Aconcagua. Por otra parte, el sitio arqueológico en la cima del cerro Penitentes constituye el santuario de altura incaico de localización más meridional conocido hasta el momento en territorio argentino. Por todo lo expuesto, el presente trabajo intenta formular una propuesta para la gestión y puesta en valor del cerro Penitentes, cuyos lineamientos generales puedan ser adaptados eventualmente para la puesta en valor de otros santuarios de altura en la región andina.

SITUACIÓN GEOGRÁFICA DEL CERRO PENITENTES Y CARACTERISTICAS DE SU ASCENSO

El cerro Penitentes es una elevación que se ubica al sur del monte Aconcagua y a unos 15 kilómetros aproximadamente de la localidad cordillerana de Puente del Inca, en las coordenadas de 39° 52' Latitud Sur y 69° 52' Longitud Oeste, en el Departamento Las Heras de la provincia de Mendoza (Argentina). Este cerro pertenece al sistema orográfico de la cordillera principal, pese a su moderada altitud, de tan sólo 4 356 metros sobre el nivel del mar, según la cartografía del Instituto Geográfico Militar. Está rodeado de cerros y montañas de mayor altura, por los que la cumbre de este cerro constituye un óptimo mirador. El Aconcagua - en su vertiente sur - se observa en toda su magnificencia. Asimismo, se obtienen vistas privilegiadas de las cumbres del Tupungato, Tupungatito, Polleras, Juncal, Gemelos, Santi, Bonitos, Banderita Sur, Tolosa, Dedos y Catedral.

La morfología del cerro Penitentes es atípica. En su vertiente septentrional y sobre sus flancos oriental y occidental, ofrece precipicios de roca sedimentaria de tonalidades rojizas, cortados a pique, que forman un frente macizo y monolítico, imposible de ascender sin medios técnicos de escalada. Por encima de dicho afloramientos rocosos inexpugnables, se eleva una sección de desnivel suave, que se aprecia a la distancia como una forma de cono truncado, sobre la cual se yergue el extenso y abrupto filo de la cumbre (Figura 3).

Figura 3. Cerro Penitentes. Foto: Constanza Ceruti
 

Desde la cima desciende suavemente hacia el sudoeste un larguísimo filo de poca pendiente que vira hacia el sur y conduce hasta la base meridional de la montaña. Dicho filo constituye la ruta de ascenso para quienes utilizan animales como cabalgadura. Hacia el sudoeste, un acarreo de material suelto y considerable pendiente - casi una canaleta que se abre al acabar los farallones rocosos - ofrece una alternativa más rápida como ruta de ascenso a la cima para quienes opten por un ascenso andinístico.

La montaña se encuentra ubicada en las inmediaciones de un famoso centro de esquí que lleva su nombre y es ocasionalmente escalada por andinistas locales. En virtud de su baja altitud, ha sido escenario de marchas y ascensos para entrenamiento por parte de los militares de la Compañía de Cazadores de Puente del Inca. También fue objeto de trabajos topográficos efectuados a mediados del siglo XX.

En el año 1998 la autora de este trabajo tuvo oportunidad de ascender a la cumbre del cerro Penitentes en compañía de un montañista mendocino. Desde la desembocadura de la quebrada se emplearon tres horas y media de marcha ascendente, remontando al cerro Penitentes por el oeste, para alcanzar la base sudoeste del mismo alrededor de las 9:30 horas de la mañana. Desde allí se intentó primeramente el ascenso por el filo meridional, pero al advertirse la tremenda longitud del mismo, se procuró faldear la montaña hasta alcanzar el acarreo que constituye el atajo natural para acceder a la cima. Tras cuatro horas de ascenso por terreno empinado y suelto, se alcanzó la cumbre a las 13:30 horas. La montaña, pese a su escasa altura, ofreció más dificultades que las inicialmente previstas, dado el largo recorrido y el desnivel implicados - casi 1 700 metros de desnivel y aproximadamente 20 kilómetros de marcha desde Puente del Inca. En la cumbre se permaneció durante dos horas efectuando tareas de relevamiento fotográfico, acompañadas de mediciones con posicionador satelital. Posteriormente se emprendió el descenso, el cual significó dos horas hasta la base del acarreo, y cuatro horas más hasta el punto de partida. Se regresó a pie a Puente del Inca pasadas las 21:00 horas, totalizando 40 kilómetros de marcha en una sola jornada. La climatología invernal no aportó mayores inconvenientes al no presentarse nevadas, fuertes vientos ni temperaturas inusualmente bajas.

DESCRIPCION DEL SITIO ARQUEOLOGICO EN LA CUMBRE

Figura 4. Cumbre del cerro Penitentes. Foto: Constanza Ceruti

El santuario del cerro Penitentes se encuentra situado a 4 260 metros sobre el nivel del mar, en las coordenadas de 32° 52' Latitud Sur y 69° 52' Longitud Oeste, según lectura de G.P.S. La cumbre es un extenso y abrupto filo que se abre al noreste como un empinado precipicio (Figura 4). Hacia el sudoeste, desciende suavemente formando una extensísima superficie precumbrera. La cima carece prácticamente de espacios planos, a excepción de un pequeño portezuelo que se forma entre los promontorios de mayor altura situados en los extremos noroeste y sudeste del filo cumbrero.

En el promontorio noroeste, de apenas 10 por 3 metros de superficie desigual, se encuentran colocados un pluviómetro, un hito del Instituto Geográfico Militar y un libro de ascensiones con las firmas de los montañistas. A 65 metros del promontorio noroeste - el de máxima altura - y a 145 metros del promontorio sudeste, el filo forma un pequeño portezuelo de apenas 15 metros de extensión. Sobre dicho portezuelo, que ofrece una superficie algo más llana que la del resto de la cima, se encuentra emplazado el rectángulo ceremonial incaico (Figura 5). A 9,2 metros de distancia en dirección oeste (260 grados con respecto al norte) de la esquina occidental del rectángulo, se observa una estructura semicircular orientada al este, asociada con un pequeño depósito de leña. Este último se sitúa a 7,2 metros y a 270 grados de la esquina del rectángulo adoptada como punto de referencia.

El rectángulo ceremonial está construido mediante dos filas paralelas de piedras alineadas, de tamaño regular. Los muros alcanzan un ancho de medio metro y una altura de tan solo 10 centímetros. Las piedras empleadas, dado su tamaño y su coloración clara, contrastan con las pequeñísimas lajas y piedritas rojizas que conforman la superficie de la cumbre. Las primeras debieron ser transportadas desde alguna distancia, habiendo sido probablemente tomadas del precipicio noreste. Las pequeñas lajas de la superficie, por su parte, fueron utilizadas en el relleno del rectángulo, para convertirlo en una estructura ligeramente sobre-elevada.

El lado noroeste del rectángulo mide 3,7 metros de longitud y se encuentra orientado a 40 grados. El lado sudeste mide 5,5 metros y se orienta a 60 grados. El lado sudoeste alcanza 8,2 metros de longitud y se orienta a 310 grados con respecto al norte. El lado noreste - paralelo al precipicio - se halla derrumbado, por lo que la estructura ha quedado abierta hacia el abrupto desnivel que precede a la caída. En el interior del rectángulo se advirtieron al menos cinco hondonadas o pozos, resultado probable de los sondeos de los arqueólogos que visitaran el sitio con anterioridad. Asimismo, se detectaron en superficie, además de algunos escasos vestigios de leña, abundante carbonilla, astillas de hueso completamente carbonizadas, cenizas, entre otros elementos.

El recinto semicircular posee baja visibilidad, faltando muchas de las piedras que señalan su contorno. Los lados alcanzan un ancho de medio metro y una altura de 20 cm debido a las piedras relativamente grandes empleadas para su construcción. El lado mayor mide 2,7 metros y se orienta a 330 grados. Los lados menores miden 1,8 metros y se encuentran orientados al este (90 grados). En las cercanías del recinto, se identificó otro pequeño depósito de leña, el cual permanecía parcialmente cubierto por nieve.

La arquitectura ceremonial en el cerro Penitentes contribuye a comprobar la filiación imperial del santuario: el rectángulo ceremonial en la cima es semejante a los documentados en otros sitios incaicos de altura de la región de Cuyo (Ceruti, 2003b, 2004, 2009b y 2010b) y en otras zonas de los Andes (Ceruti, 2001b, 2005 y 2009a). La filiación incaica del santuario del cerro Penitentes se sustenta también en la conexión visual existente con el sitio del enterratorio incaico en la base del contrafuerte Pirámide del Aconcagua y con el tambo de Confluencia. En efecto, el sitio del enterratorio en el macizo del Aconcagua puede ser visto desde el recinto semicircular en la cima del cerro Penitentes. Además, los lados mayores del rectángulo apuntan hacia el contrafuerte Pirámide, quedando las ruinas incaicas de la tambería de Confluencia dentro de la misma línea visual. Todo lo expuesto contribuye a sustentar la hipótesis inicialmente planteada de una articulación del sitio en la cima del cerro Penitentes en carácter de santuario satélite del Aconcagua.

Figura 5. Rectángulo ceremonial en la cima del Penitentes. Foto: Constanza Ceruti
 

FUNDAMENTOS PARA LA PUESTA EN VALOR DEL SANTUARIO DE ALTURA DEL CERRO PENITENTES

El santuario del cerro Penitentes es considerado el adoratorio de altura incaico situado más al sur en la vertiente oriental de la cordillera andina. Su proximidad al colosal monte Aconcagua convierte a su cumbre en un privilegiado mirador hacia la montaña más alta de América. El cerro se encuentra ubicado en las inmediaciones de un importante centro de esquí invernal y de una de las principales áreas protegidas dedicadas a la preservación del entorno de alta montaña andina en Sudamérica (Parque Provincial Aconcagua).

El Parque Provincial Aconcagua se encuentra afectado por un creciente número de turistas que lo visitan cada verano, siendo que muchos de ellos no son escaladores profesionales, sino tan sólo caminantes que desean tener una experiencia de inmersión en el entorno de la montaña. Las alternativas que suelen ofrecerse para estos visitantes son las agotadoras marchas de aproximación hasta Plaza Francia y Plaza de Mulas, que lamentablemente contribuyen a saturar la capacidad de carga de dichos campamentos base. La puesta en valor del vecino cerro Penitentes podría contribuir a "descomprimir" esta situación, generando una alternativa para los visitantes que desean acercarse a una montaña andina - e inclusive alcanzar su cima sagrada -, en el marco de una experiencia de hondo contenido cultural, que entrañe menores riesgos y minimice el impacto negativo al medioambiente.

Por otra parte, el montañismo y el turismo de aventura en la cordillera mendocina son actividades casi exclusivamente estivales, quedando la aproximación a la montaña limitada a la práctica del esquí durante la estación invernal. Sin embargo, la ascensión al cerro Penitentes es factible también en invierno (si las condiciones climáticas no lo impiden). El otoño y la primavera serían los momentos ideales para ascensos a este tipo de montañas de menor altitud, siendo éstas las estaciones en que a baqueanos y guías de montaña les resulta más difícil conseguir o mantener su actividad laboral. La puesta en valor del cerro Penitentes podría contribuir a brindar a dar mayor continuidad laboral a los pobladores locales, cuya subsistencia se halla cada vez más dependiente del turismo de altura y vulnerable a sus oscilaciones estacionales.

Entre los centenares de santuarios de altura existentes en los Andes, el Penitentes es uno de los de menor elevación. La altitud moderada del cerro Penitentes, que no supera los 4 500 metros sobre el nivel del mar, determina que la ascensión revista de menos peligrosidad que en el caso de otros sitios de alta montaña. En aquellas cimas que superan la cota de los 5 000 o 6 000 metros existen mayores riesgos de experimentar complicaciones, tales como edemas cerebrales y pulmonares, los cuales pueden resultar potencialmente letales (Ceruti, 2006). Siendo mucho más accesible y seguro, el sitio en la cumbre del cerro Penitentes conserva las características atractivas típicas de los santuarios incaicos de altura, tales como su emplazamiento remoto, las dificultades inherentes a su empinado ascenso y la espectacularidad del emplazamiento, a los que se suma el vasto campo visual que se domina desde la cima (Figura 6).

El cerro Penitentes ofrece algunas dificultades para su ascenso, el cual resulta casi impracticable por las vertientes norte, este y oeste, debido a los paredones de roca sedimentaria que forman amplios precipicios. Existe la posibilidad de ascenderlo por el filo meridional, siendo la ruta tan extensa y desnivelada que en décadas anteriores se la aprovechaba para subir a lomo de mula. La alternativa recomendable para un ascenso andinístico es el acarreo o sayal que desciende en dirección sudoeste. Situarse en la base de dicho acarreo requiere de varias horas de marcha para remontar la quebrada que desciende al sudoeste del cerro Penitentes, desde su desembocadura en el valle del Río Cuevas, bordeando a la montaña por su flanco norte.

Figura 6. Campo visual desde la cima del cerro Penitentes

Estas características determinan que sea factible implementar la custodia del sitio arqueológico en la cumbre de este cerro, tarea difícil sino imposible en otras montañas de mayor altura y diferente conformación geomorfológica. También avalan la conveniencia de que las ascensiones se realicen en compañía de un guía calificado.

Un futuro programa de gestión y puesta en valor del cerro Penitentes debería contemplar el trazado de senderos interpretativos, y la organización de ascensos guiados a la cima y de cabalgatas de aproximación hasta la base del acarreo. El ascenso con animales a la cima debería ser prohibido atendiendo a las necesidades de conservación de las estructuras arqueológicas. Sin embargo, el acercamiento a la base del acarreo a lomo de mula debería ser promovido como una actividad ecológica y sustentable, que aporta al mantenimiento de las tradiciones culturales de los arrieros de la región cuyana. Complementariamente, los pobladores de la zona deberían beneficiarse con oportunidades para capacitarse como custodios del sitio, baqueanos y guías (de montañismo y trekking).

En el cerro Penitentes, dada su curiosa morfología y su ubicación, es probable que existan leyendas que lo vinculen al uso de la cordillera como espacio de tránsito - en relación con arreo de ganado a Chile - o a su ocupación temporal estacional en el marco del pastoreo de animales en altura durante la veranada. Los relatos orales deberían ser documentados como parte del patrimonio intangible asociado con esta montaña.

CONSIDERACIONES GENERALES PARA LA CONSERVACION Y PUESTA EN VALOR DE SITIOS ARQUEOLÓGICOS DE ALTA MONTAÑA

Existen consideraciones generales que deberían tenerse siempre en cuenta para una adecuada preservación del patrimonio cultural en alta montaña. Estas se revisan brevemente, como corolario de esta presentación, con la esperanza de que el caso de estudio del cerro Penitentes sirva de punto de partida para la conservación, gestión y puesta en valor de otras montañas sagradas de los Andes:

A los fines de contribuir a la preservación a largo plazo de los santuarios incaicos de altura, es necesario que sea regulado el uso comercial con fines deportivos o turísticos que se realice en montañas con santuarios de altura por parte de empresas y operadores de turismo. La inclusión de montañas con santuarios incaicos en circuitos de turismo de aventura debería limitarse exclusivamente a aquellas localidades arqueológicas de altura que ya hubiesen sido investigadas científicamente en profundidad, previa realización del correspondiente plan de manejo para adecuar las pautas de utilización turística a las condiciones específicas de cada montaña, garantizando así la preservación a largo plazo del patrimonio arqueológico y arquitectónico en la misma.

La construcción de hoteles y refugios, la apertura de caminos y huellas, las prospecciones mineras y toda obra pública o privada a ejecutarse en las inmediaciones de montañas con santuarios de altura debería ser precedida de estudios ambientales destinados a evaluar tanto un eventual impacto negativo en forma directa sobre el registro arqueológico, como el riesgo de exposición indirecta del patrimonio cultural. Los estudios que contemplen la realización de investigaciones arqueológicas en cumbres de más de 5 000 metros deberían ser llevados a término por especialistas con probada trayectoria y experiencia en arqueología de alta montaña.

Si bien los santuarios de alta montaña emplazados por encima de los 5 000 metros de altitud difícilmente puedan ser convertidos en museos de sitio, en virtud de su inaccesibilidad, se debería promover la implementación de "museos al aire libre", en los que el conocimiento de los pobladores locales y la investigación de los arqueólogos permitan guiar a los visitantes hacia manifestaciones arqueológicas in-situ, a través de senderos interpretativos y caminatas guiadas por los propios lugareños. Dicha estrategia contribuiría a valorizar el registro arqueológico de superficie y a resguardar la información contextual asociada, disminuyendo el daño ocasionado por la recolección asistemática de vestigios.

Una gestión de manejo sustentable de las montañas andinas debería proveer a los pobladores locales de oportunidades para capacitarse en el desempeño laboral como custodios, guías, porteadores o baqueanos. Asimismo, consultando a las comunidades originarias, en particular a sus ancianos, se debería ahondar en la documentación de leyendas y mitos relativos a las montañas en el paisaje, que puedan ser puestos en valor mediante publicaciones especializadas, folletería de áreas protegidas; así como en la ambientación de las exhibiciones museísticas locales y regionales.

CONCLUSIONES

En este artículo se ha abordado, desde la arqueología de alta montaña, el caso de estudio del cerro Penitentes, proponiéndose lineamientos para la gestión y puesta en valor de su patrimonio cultural. En el corolario de este trabajo se han delineado propuestas generales que pueden extenderse a otras montañas sagradas de la cordillera andina, adecuándolas a las condiciones particulares de cada caso.

Los santuarios de altura incaicos revisten una particular importancia patrimonial por ser los sitios ceremoniales a mayor altura sobre la faz de la tierra y capaces de conservar evidencias materiales, que por su inaccesible ubicación, lograron sobrevivir la destrucción cultural que acompañó a la conquista española. Las contribuciones de la arqueología de alta montaña son fundamentales para la conservación, gestión y eventual puesta en valor de los sitios arqueológicos de altura. La intervención del arqueólogo en ámbitos de alta montaña es imprescindible para hacer posible la documentación - y en algunos casos el rescate - de las evidencias arquitectónicas, artefactuales y bio-arqueológicas, que se encuentran cada vez más expuestas a destrucción por saqueo intencional, destrucción por ignorancia e impacto de fenómenos vinculados al calentamiento global. Toda estrategia seria de conservación, gestión y puesta en valor de santuarios de altura andinos debería contemplar el apoyo a los investigadores y científicos para la continuidad en las investigaciones profesionales en arqueología de alta montaña, así como la implementación de estudios de impacto ambiental sobre la cota de 5 000 metros, toda vez que sean necesarios.

El uso comercial de montañas con santuarios incaicos debe ser regulado y se debe promover el activo involucramiento de los pobladores locales y originarios en las actividades de custodia y transferencia a la comunidad. En el esfuerzo conjunto entre investigadores científicos, comunidades locales, operadores turísticos y autoridades gubernamentales descansa el futuro de los santuarios de alta montaña andinos, que son patrimonio de cada provincia, de cada país y de toda la humanidad.

AGRADECIMIENTOS

Al Sr. Rubén Aveiro, quien acompañó a la autora en el ascenso al cerro Penitentes. A los montañistas que acompañaron a la suscripta en sus ascensos a la cima del Aconcagua. A la memoria del Dr. Juan Schobinger.

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