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Arrecife Mesoamericano

Compartido por México, Belice, Guatemala y Honduras, el Arrecife Mesoamericano constituye, con una extensión de unos mil kilómetros, el segundo sistema coralino más grande e importante del mundo. Alberga diversas especies como la langosta espinosa, el caracol rosado, tortugas blancas, carey y caguamas, cocodrilos, delfines, tiburones ballena y más de 60 especies de corales. Asociados con el sistema arrecifal se encuentran amplias extensiones de humedales costeros, praderas de pastos marinos, lagunas y bosques de manglar.

WWF en México coordina sus actividades con la oficina de WWF en Centroamérica. En México el trabajo se ha concentrado en el área denominada Costa Maya, en el corredor Pulticub - Xcalac, con una superficie de 37,500 hectáreas, en las que se desarrollan proyectos de ecoturismo y pesquerías, concretamente en las poblaciones de Mahahual y Xcalac, frente al arrecife de Banco Chinchorro, ubicado 30 kilómetros mar adentro. La zona cuenta con una importante presencia del grupo indígena Maya.

Localizada en la costa sur del estado de Quintana Roo, el área incluye una importante franja costera, lo que implica una constante transición entre los ecosistemas terrestres y marinos. La interacción costera subraya la necesidad de planificar y ordenar el uso de los recursos, tomando en cuenta aspectos sociales, culturales y económicos para evitar el deterioro ambiental y garantizar que las actividades productivas tengan un impacto ambiental mínimo.

En la actualidad, sus ecosistemas se encuentran en buen estado de conservación y constituyen el capital natural para el desarrollo económico de la región a través de actividades pesqueras, turísticas y recreativas sustentables. El arrecife constituye además una defensa natural contra los huracanes que afectan la costa del Mar Caribe.

El sistema arrecifal está expuesto a diversas amenazas:

· Pérdida del hábitat costero por cambio de uso del suelo y desarrollo costero inadecuado, principalmente causado por la expansión desordenada del turismo y las actividades agrícolas.

· Contaminación del agua por sedimentación, nutrientes, agroquímicos y desechos urbanos, industriales y de embarcaciones.

· Prácticas pesqueras no sustentables que provocan la pérdida de poblaciones de peces con valor comercial, destruyen los arrecifes y causan la captura incidental de fauna de acompañamiento.

· Blanqueamiento coralino y enfermedades del coral que han llevado a la pérdida de extensas áreas de arrecife.

· Tormentas y huracanes, probablemente más frecuentes debido al cambio climático global.