Información
  • PNUMA. 2011. América Latina y el Caribe - Atlas de un ambiente en transformación. División de Evaluación y Alerta Temprana. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Ciudad de Panamá. Panamá. 313 p.
  • Descargar archivo
 
Herramientas

Atlas de un ambiente en transformación. División de Evaluación y Alerta Temprana.

Extraído y editado del prefacio preparado por Emilio Sempris, Director del Centro de agua del Trópico Húmedo para América Latina y el Caribe

América Latina y el Caribe es el hogar de casi un cuarto de los bosques del mundo, de cerca de la mitad de los bosques tropicales del mundo y de ecosistemas marinos de im­portancia global, tales como el segundo arrecife coralino más grande del mundo. Dentro de la deslumbrante variedad de ecosistemas de esta región, se encuentra aproximadamente un tercio de los mamíferos y reptiles del mundo, dos tercios de las aves del mundo y casi la mitad de los anfibios del planeta.

Lo preocupante es que la actividad humana ha resultado en impactos directos e indirectos innegables sobre la biodiversidad de la región. La expansión urbana ocasionada por el crecimiento poblacional, la expansión agrícola, y el desarrollo costero han reducido la extensión original de los ecosistemas naturales, ocasionando consecuencias locales, regionales y globales. La amenaza insidiosa del cambio climático ha contribuido a derretimiento de muchos de los glaciares, los cuales a su vez proveen de agua a muchos habitantes de América del Sur.

Con el espíritu del antiguo proverbio sobre la necesidad de saber donde se ha estado antes de ser capaz de decidir hacia donde se irá, este Atlas presenta – por medio de casos, imágenes, mapas, tablas, gráficas y texto – una ilustración de donde América Latina y el Caribe ha estado y de donde está ahora. Este Atlas relata la historia de cómo la deforestación ha contribuido a la pérdida de la biodiversidad, de cómo estos cambios también han dado lugar a la contaminación del aire y del agua, de cómo han influido en la degradación del suelo, la fragmentación del hábitat, la disminu­ción de especies por la caza excesiva, la introducción de especies invasoras, y gran cantidad de desafíos que enfrentamos juntos.

Considerando esos retos, es promisorio notar que los gobiernos de América Latina y el Caribe están bastante comprometidos con los principales convenios ambientales que emergieron de la Cumbre de la Tierra en 1992, la cual se celebró en esta misma región. Vivimos en una era donde los principales acuerdos multilaterales ambientales, como la Convención sobre la Diversidad Biológica, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático están conver­giendo. El mensaje detrás de esta convergencia y el que está siendo contado en este Atlas es claro: la sobrevivencia de la especie humana depende de nuestra capacidad de resolver el desafío del Siglo XXI de cómo utilizar de manera sostenible los recursos que permiten nuestra sobrevivencia.

La publicación de este Atlas marca la clausura del Año Internacional de la Biodiversidad 2010, en donde las naciones del mundo han buscado alcanzar “una significativa reducción de la tasa actual de la pérdida de biodiversidad, a una escala global, regional y nacional, como contribución a la paliación de la pobreza y en beneficio de toda la vida sobre la tierra.” Mano a mano con este objetivo, el Año Internacional de los Bosques 2011, también presenta a la comunidad global oportunidades para gestionar de forma más sostenible los recursos naturales del mundo. Las inicia­tivas en discusión, en el contexto de los acuerdos ambientales, presentan oportunidades clave para conservar los ecosistemas terrestres y marinos de América Latina y el Caribe.

Aunque este Atlas muestra la cruda realidad de cómo nuestra región ha cambiado durante las últimas décadas, también debemos inspirarnos para descubrir soluciones creativas a los proble­mas del uso de los recursos. En el espíritu de la colaboración, aprovecho esta oportunidad para agradecer a los gobiernos nacionales y a los expertos que participaron en este proceso. Un especial reconocimiento a las organizaciones que conforman el Comité Técnico Asesor Regional en Información Geoespacial y Observación de la Tierra, y particularmente a nuestros socios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo In­ternacional, y de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos. Hagamos una pausa para tomar nota de la labor que todavía hay que hacer, por el bien de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.