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Informe de las actividades de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres 2008-2009.

PRÓLOGO DE WILLEM WIJNSTEKERS, SECRETARIO GENERAL DE LA CITES

Lo que me ha sorprendido siempre en la CITES es su capacidad para adaptarse a los cambios en la forma de pensar de la gente sobre la conservación y las variaciones en las necesidades de conservación de las numerosas especies diferentes que abarca, a las nuevas estructuras del comercio y a muchos otros acontecimientos que se han producido desde que entró en vigor hace casi 35 años. Siempre que se me pregunta sobre los éxitos de la Convención, la respuesta inmediata es: la propia Convención. La CITES es el marco jurídico internacional que habría que inventar hoy si no existiera. Si no fuera por la CITES, numerosas naciones consumidoras de especies silvestres hubieran tomado las medidas más dispares para restringir las importaciones de especies silvestres, y basta con imaginar el caos a que hubieran dado lugar las cuestiones sobre comercio bilateral. La CITES ofrece la plataforma a sus 175 Partes actuales para convenir democráticamente en medidas sobre el comercio aplicables internacionalmente, y ha sido enormemente provechosa y eficiente a este respecto. Por término medio se realizan anualmente 850 000 transacciones en virtud de las disposiciones de la CITES, que determinan prescripciones estándar, condiciones y procedimientos para el comercio internacional en bien de la conservación de unas 5.000 especies animales y 29 000 especies de plantas.

Lo que hasta ahora no se ha abordado suficientemente es cómo puede utilizarse la CITES en relación con el comercio internacional de especies de gran valor económico, como árboles maderables o peces. Sin embargo, la CITES se considera cada vez más un instrumento global para ayudar a regular el comercio internacional de esas especies. Personalmente, estoy convencido de que la CITES puede tener un efecto positivo sobre la conservación de todas las especies objeto de comercio internacional. Sólo cabe esperar que con los éxitos de la CITES disminuyan los recelos y las dudas de quienes intervienen en actividades comerciales de esta índole y tamaño puedan tener respecto a la Convención.