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UNESCO. 2012. Patrimonio Mundial y Pueblos indígenas. Patrimonio Mundial N° 62. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), París, Francia. Publishing for Development Ltd. Londres, Reino Unido. 85 p.

 
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Patrimonio mundial y pueblos indígenas. Edición N°62

Esta edición de Patrimonio Mundial se centra en las ya duraderas relaciones entre cierto número de Sitios del Patrimonio Mundial y los pueblos indígenas que los habitan. Por razones históricas, culturales y prácticas, este es un tema complejo y a la vez sensible, pero el hecho de que se hayan convertido en foco de interés, encierra grandes promesas para el futuro. Cuarenta años atrás, quienes elaboraron la Convención sobre la protección del Patrimonio Mundial de la UNESCO, sintieron la necesidad de garantizar protección oficial a los sitios naturales y culturales más excepcionales, incluso aquellos amenazados por las rápidas transformaciones a las que el mundo se veía, y aún se ve sometido.

A través de las siguientes décadas, aún cuando la Organización de las Naciones Unidas bosquejó una serie de conclusiones prácticas a partir de los principios establecidos allá por 1940, al formalizar estas conclusiones en Declaraciones, Resoluciones y Convenciones, se encontró con muchos asuntos que pasaron a primera plana, recibieron reconocimiento formal y fueron integrados en los procesos del Patrimonio Mundial.

Este ha sido el caso reciente respecto a los temas concernientes a los pueblos indígenas del mundo, que gradualmente están consiguiendo reconocimiento, no solo en cuanto a sus derechos, sino también en cuanto al papel que han desempeñado en el control sostenible de los territorios que habitan y a su contribución para asegurar su conservación.

Con el paso de las décadas y conforme las instituciones para el Patrimonio Mundial fueron ganando experiencia en materia de conservación, cada vez se hacía más evidente el hecho de que la protección de los sitios naturales sería más efectiva reconociendo la existencia de los habitantes tradicionales de dichos lugares, dado que, aunque de forma discreta, los habían administrado con gran capacidad, en algunos casos a lo largo de decenas de miles de años. Y, curiosamente, esos mismos pueblos indígenas, en los últimos siglos se habían visto excluidos, por principio, de cualquier decisión sobre la administración de sus propios territorios.

La Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, aprobada en 2007, fue concebida para asegurar que las previsiones del Estatuto de las Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos Humanos eran debidamente aplicadas a los pueblos así designados.

Esta edición proporciona puntos de vista muy útiles en cuanto a las maneras en que los principios de esta Declaración son aplicados a un contexto basado en el Patrimonio Mundial. Por ejemplo, en la región de Laponia, donde el gobierno sueco y los saami, habitantes de las regiones más septentrionales del país, han alcanzado un reciente acuerdo, y también en Sudáfrica, con la población nama en el entorno botánico y cultural de Richtersveld. Un ponderado artículo analiza la situación mundial. Sus autores, Tumu te Heuheu, Merata Kawharu y R. Ariihau Tuheiava, quienes durante años han jugado un papel relevante en la formulación de las ediciones del Patrimonio Mundial, pasan revista la situación actual del mundo, en un texto que sin duda dará que pensar. Igualmente podrá encontrarse una entrevista a Myrna Cunningham, miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas.

En palabras de la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, "El patrimonio mundial es una piedra angular de la paz y el desarrollo sostenible. Es una fuente de identidad y dignidad para las comunidades locales, una fuente de conocimientos y fuerza para compartir. En 2012, al celebrar el 40º aniversario de la Convención sobre la protección del Patrimonio Mundial de la UNESCO, este mensaje es más relevante que nunca."